| En el Día Internacional de la
Mujer |
LA
NICARAGUENSE Y SU EVOLUCION CULTURAL Y POLITICA |
(primero de dos
partes) |
| Ignacio Briones Torres |
I
Conjuntamente con los movimientos
pro-independistas de 1811, 1812 y 1813, comienza la mujer nicaragüense a ocupar un lugar
en los asuntos públicos de nuestro país. En aquellos años cruciales aparecen las
olvidadas figuras de doña Josefa Chamorro, doña Gregoria Robleto, doña María Ulloa y
doña Antonia Florencia colaborando con los rebeldes en trance de lucha por tener una
Patria Libre y Soberana.
Actúan ellas, indistintamente, en
Granada, Nandaime, León, El Viejo y otros pueblos de oriente y occidente. Entre todas
integran un grupo de apoyo logístico a los patriotas y corren igual peligro que ellos,
incluso el de la muerte. En las primeras acciones insurrectas su participación no llega a
conocimiento de las represivas autoridades coloniales y todas logran escapar a las
violentas medidas que adoptan las fuerzas peninsulares; pero meses después van a sufrir
los vejámenes de la soldadesca y las arbitrariedades convertidas en ley por el aparato
judicial al servicio del monarca de ultramar.
En Granada, el 21 de abril de 1812
le abren causa a doña Josefa en a los tribunales. Se le acusa de haber proporcionado
víveres a los rebeldes que se iban a alzar en armas ese día. La acusación comprende el
delito de haber asilado también en su casa a varios jefes patriotas y a 200 hombres
combatientes de tropa. En el expediente se hace constar además que la señora Chamorro ha
estado almacenando en su domicilio armas, pólvora y sacos de metralla que los insurgentes
han dado uso contra los soldados del rey la mañana del 31 de mayo. Colocada tras las
rejas los peninsulares la califican de ser una especie de mujer porta-estandarte de la
emancipación, o como diríamos ahora una agitadora contra el orden establecido.
Doña Josefa había encontrado en
Gregoria Robleto y María Ulloa dos excelentes colaboradoras en sus labores conspirativas.
Las dos mencionadas residen en Nandaime en donde organizan una ulterior acción que debía
tener efecto en esas ciudad en mayo de 1813. Su historia refiere que un vecino que se
hacía pasar por enamorado de una de ellas es un agente pro-españolista. Este las delata
ante la oficialidad ibérica y ambas son encarceladas y sentenciadas a guardar prisión
durante un año en una cárcel llamada la Casa Nueva, ubicada en el propio Nandaime.
Antonia Florencia estaba involucrada
en la conspiración libertadora desde antes de 1811. Tanto en León como en El Viejo, su
ciudad natal, se preparan movimientos que sus protagonistas consideran decisivos para el
propósito independentista; pero antes que llegue la fecha señalada Antonia es hecha
prisionera y su detención provoca una indignada e incontrolada reacción que se traduce
en disturbios callejeros y atentados contra la soldadesca de España. El historiador Ayón
la describe como una conspiradora nata que haciéndose pasar como contrabandista trajinaba
por caminos y poblados como agente activa e infatigable de la sublevación.
A estas valientes mujeres
precursoras de las luchas libertadoras de Nicaragua, corresponde también el mérito de
haber sido igualmente las precursoras o mejor dicho el símbolo de las luchas femeninas
que llegarían después, aunque sus nombres no aparecen en ninguno de los informes que
habrían de hacerse hasta que la causa por la que ellas lucharon se coronó con la
Independencia de 1821.
II
Remontándose retrospectivamente en
el tiempo, el Dr. Alejandro Dávila Bolaños ubica la primera oposición al dominio
colonialista en los días iniciales de la conquista. El médico-mártir nos cuenta que las
mujeres de aquellos años protagonizaron la primera y única huelga de úteros que ha
tenido el país y posiblemente América. Las nativas se negaban a parir para no proveer de
más esclavos a los colonialistas, así de sencillo.
III
Andando el tiempo, en 1852, durante
la administración de don Laureano Pineda, surgiría la señorita Josefa Vega, de Granada,
como la primera nicaragüense en obtener un título universitario.
Para aquellas fechas, aún cuando ya
habían transcurrido 31 años de la Independencia y 17 que Nicaragua se había separado de
la República Federal de Centroamérica que integró junto con los otros cuatro países
del Istmo hasta 1838, a las mujeres nicaragüenses no les estaba permitido acceder a las
aulas universitarias y en consecuencia no tenían derecho a aspirar a ningún título
académico en el territorio nacional.
Con el auxilio de su padre, el
prominente político conservador don Fulgencio Vega, quien pasaría a la historia como uno
de los más acérrimos enemigos de William Walker y también por haber decretado a Managua
como capital de la República, la señorita Vega rompió la negativa tradición luchando y
consiguiendo que el Ejecutivo le otorgara un permiso para someterse a examen, el que
rindió en una iglesia granadina, obteniendo el título de profesional en Bellas Artes.
Antecesora de la señorita Vega, la
joven Juana Ubaldo se convirtió en la Primera Dama que habría en el país, cargo que
asumió en razón de ser hija del Jefe de Estado don Manuel Antonio de la Cerda
(1825-1826). Juana fue la única mujer del Siglo XIX en ostentar ese cargo que incluía
atender los negocios del gobierno, a pesar de que las leyes no reconocían ni derechos
civiles ni políticos a las nicaragüenses.
Continúa...
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