LAS
MONARCAS MAS INOLVIDABLES DE AFRICA
Cecilia Ruiz de Ríos
Hace poco, mi compadre el
hermosísimo negro Juan Daniel Harrington me protestó en cuanto a la ausencia de
africanos notables en mi columna histórica. La historia de Africa es muy poco conocida
quizás por graves fallas en los mismos textos y programas que nos dan en primaria,
secundaria y aún en las universidades.
Hoy, 8 de marzo, en que los machos
de la especie nos conceden oficialmente un único día a las mujeres, recordaremos que
muchas féminas africanas fueron ejemplares seres humanos, muy superiores en inteligencia
e integridad a muchos hombres.
De la turbulenta historia del Africa
nos llega la imagen de una negra esbelta, ágil como una gacela y astuta como un zorro:
Mtombazi, reina de los zulúes a mediados del siglo XV. Recordemos que muchas tribus
africanas fueron víctimas de los pleitos entre etnias y grupos, sobre todo por la
posesión de las tierras, y Mtombazi arriba al trono en un momento para unificar criterios
y marchar en contra de invasores. Mtombazi fue una gran guerrera, y reza la leyenda que en
una ocasión se fue a la guerra estando embarazada de quien posteriormente sería el
fundador de la casa real zulú en la cual muchos años más tarde nacería Shaka.
La supuesta ancestra del valiente
rey etíope Menelek II -uno de los estadistas de mayor calibre de este siglo- fue nada
menos que la seductora y legendaria Makeda, reina de Saba, a quien situamos unos 960 años
antes del debut de Cristo en este mundo. La leyenda narra que ella le dio al rey judío
Salomón 120 talentos de oro, un gran almácigo de especias y piedras preciosas de todos
los colores. Esto fue durante el viaje que la hermosísima Makeda hizo al reino judío.
Una vez ahí, Salomón, quien era
guapo, poderoso y faldero a más no poder, se prendó de la espléndida reina a tal punto
que logró llevársela al lecho en la última noche antes que Makeda regresara a Saba.
Makeda se fue pipona de Salomón, dando a luz posteriormente a un hijo que por supuesto -a
como sucede con todos los espurios- era la vivita fotocopia de Salomón. Salomón, cuando
se percató que su hijito era idéntico a él lo rebautizó como David.
Muchas mujeres quedaron catalogadas
como excelsas reinas del continente negro. Nzingha, reina amazona de Matamba, en el Africa
Occidental, pasa a la historia como una soberana angolana que fue astuta diplomática y
aún mejor líder militar, aunque esto último le caiga como balde de agua helada a los
machos de la especie.
Cuando los asquerosos esclavistas
portugueses atacaron al ejército de una legión que comandaba su hermano, Nzingha (quien
nació en 1582 y falleció en 1663), fue enviada a negociar la paz. Ella cumplió esta
misión con gran tacto, a pesar que andaba de luto por la muerte de su hijo.
Luego ella formaría su propia
armada contra los portugueses y les daría guerra por casi treinta años como soberbia
comandante militar. Un momento único en la sangrienta historia colonial del Africa se dio
cuando Nzingha alió su nación con fuerzas holandesas, siendo esta la primera alianza
afro-europea contra otro opresor europeo. A pesar de que Nzingha se vio forzada a partir
al exilio, esta preciosa negra siguió siendo adorada por sus súbditos.
En Egipto, dos mujeres llevan la
distinción de haber sido grandes mandamases. La primera de ellas es Hatshepsut, allá por
1503 antes de Cristo. Ella subió al poder cuando su papá Thotmes se vio aquejado por
parálisis galopante.
El nombró a Hatshepsut principal
asesora y heredera al trono, lo cual le cayó gordísimo a varios rivales machos, quienes
urdieron todo tipo de tramas para deponerla. Hatshepsut fue una reina progresista que
edificó numerosos templos y pirámides, y durante 33 años su popularidad no menguó. A
menudo los machistas la han representado con barba y peluca como si fuera hombre, pero
Hatshepsut fue una encantadora y femenina señora que tuvo abundantes admiradores.
La otra gran reina de Egipto es
indudablemente la seductora y famosísima Cleopatra VII, nacida en el año 69 antes de
Cristo y muerta 39 años después. Fue la primera estadista egipcia que se dignó a
aprender el idioma del populacho, y era de una erudición pavorosa.
A los 17 añitos ya estaba sentada
en el trono, y siendo adolescente logró cautivar la pasión del zanganete y poderoso
romano Julio César, a quien le parió un hijo, Cesarión. Cleopatra se preocupaba por el
bienestar de su pueblo, y rescató valiosos tomos de obras para la célebre Biblioteca de
Alejandría, sin embargo no le quedó más remedio que suicidarse después que ella y su
segundo amante, el borracho Marco Antonio, mordieron el polvo de la derrota en la battala
de Actium.
La reina Tiye, a quien ubicamos
alrededor de 1415 antes de Cristo en Egipto, fue una curvilínea y sagaz nubia que
encantó tanto al faraón que ella cambió el curso de la historia. Amenhotep III, el
joven soberano egipcio, se enamoró tan violentamente de la gracia, intelecto y dulzura de
Tiye que aunque ella había nacido en una familia común, la hizo su Real Consorte.
Públicamente expresaba él su
ternura y consideración por su idolatrada mujer, dándole riquezas y hasta llegando a
tomar su consejo en asuntos de estado. Tiye en ningún momento perdió su humildad, y su
amor por los niños, los desposeídos y animales, llegó a ser legendario. Nefertari fue
otra gran monarca de Egipto cuyos orígenes estaban en Nubia. La encontramos como una gema
histórica entre 1292 y 1225 antes de Cristo, y se le recuerda como la monarca que se
casó en aras de la paz.
Al matrimoniarse con el rey Ramsés
II de Egipto lo hizo inicialmente como una maniobra política, pero esta pareja llegó a
protagonizar uno de los amores más tiernos en incandescentes de la historia. 100 años de
paz entre Nubia y Egipto resultaron de la boda de estos soberanos. Aún hoy, un gran
monumento está en pie en honor de Nefertari. Fue el templo que Ramsés construyó por Abu
Simbel como una forma más de honrar a la venerada esposa que ella fue, y como una forma
más de celebrar a la paz.
Nandi fue una de las reinas más
adoradas de Africa. Soberana de la tribu Zulú, nació en 1778 y murió en 1826, siendo la
madre de nada menos que del gran monarca y militar unificador de la nación zulú, Shaka.
Nandi, quien era una muñeca de
hermosa, era también sagaz y como madre fue el mejor ejemplo que tuvo el gran Shaka, a
quien se le recuerda como poeta, compositor, gran líder militar y rey que unificó a su
pueblo. Shaka era todo un prodigio debido a la sabia educación que le impartió su mamá,
y toda su vida veneró a Nandi, a tal punto que cuando murió ella, Shaka pasó llorando
de corrido todo un mes. Hasta la vez, cuando hoy en día un zulú quieren elogiar a una
mujer por su belleza, intelecto y valentía, se usa el nombre de esta reina.
Y no podemos cerrar este artículo
sin recordar a Ranavalona III, última reina de Madagascar que se vio obligada a irse a un
exilio dorado a París cuando los franceses llegaron a deschincacar la soberanía de la
frondosa isla de Madagascar. Cabe aclarar que hubo tres reinas con este nombre, y fue la
primera de ellas la que permitió que misioneros cristianos llegaran a la isla, por lo
cual se ganó la animadversión de grupos animistas. Ranavalona III por su parte marchó
con lágrimas en los ojos a París, donde los franceses la mantuvieron en una especie de
cárcel lujosa, a fines del siglo pasado, expuesta a la mofa del populacho que la llamaba
la "reina mona fea."
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