QUIENES
QUEBRARON AL SEGURO SOCIAL
Por Manuel Eugarrios
Que
Seguro Social es un desastre financiero nadie parece ignorarlo, pero más importante que
eso es que las actuales generaciones sepan que el régimen dinástico y el gobierno
sandinista son lo que llevaron a la quiebra a esa Institución, que en nombre del Estado y
según el precepto constitucional, debe promover y garantizar la seguridad social de todos
los trabajadores nicaragüenses.
Dentro de esa concepción figura
precisamente una protección fundamental a favor de quienes durante gran parte de su vida
cumplen una jornada laboral: el régimen de invalidez, vejez y muerte, que en conjunto y a
través de distintas vías desemboca en un denominador común: las famosas y nunca bien
ponderadas ni pagadas pensiones.
Según el experto argentino Eduardo
Melinsky, quien acaba de participar aquí en un Foro sobre el tema, ese régimen de
invalidez, vejez y muerte está desfinanciado pues mientras el INSS paga 450 millones de
córdobas anuales a ese tipo de beneficios, apenas recibe 350 millones cargando cada año
con un déficit de 100 millones, lo que conduce a un constante deterioro de esos derechos
hasta llegar a las pensiones mínimas aunque el asegurado se haya jubilado con pensiones
altas.
En suma, y en palabras más
concretas, el experto argentino advierte que en poco tiempo la deuda del INSS con sus
afiliados (cuatro mil millones) será superior a sus reservas, lo que en buen romance
significa que el Seguro Social nica "está técnicamente en quiebra total".
Con diagnósticos actuariales de
este orden, es que se han amparado las autoridades del INSS para decidir la privatización
de las pensiones que reciben los asegurados, bajo el nombre de Sistema de Ahorro de
Pensiones, cuya ley creadora se debate actualmente no solo en las comisiones del
Legislativo, sino en el amplio seno de la opinión pública nacional y entre los
asegurados en particular.
Pero este desastre en la seguridad
social nicaragüense, esta quiebra galopante del INSS, es tan solo el corolario de una
serie de acciones ilícitas y decisiones gubernamentales arbitrarias que se iniciaron en
el régimen dinástico de los Somoza y concluyeron en el gobierno sandinista.
En efecto, a mediados de los años
setenta y perpetrando una verdadera estafa para trabajadores y empleadores, el régimen
somocista comenzó a emitir unos célebres Vales del Tesoro por millones de córdobas
mensuales a favor del INSS en concepto de su cuota como patrono de al menos unos 30 mil
empleados públicos.
Como podía suponerse, tales
documentos no tenían ningún valor negociable en el mercado bursátil del país, pues
todo mundo sabía que se trataba de papeles sin ningún respaldo, cuando el gobierno nunca
pagaba esos benditos Vales del Tesoro.
En crónicas y comentarios de la
época y ya en La Prensa, yo daba a conocer la publicación de los Decretos Ejecutivos de
esos Vales del Tesoro en el diario oficial La Gaceta, y los bauticé como la deuda caribe
del gobierno dinástico con el INSS, que por supuesto jamás honró.
De todo esto se deducía claramente
que el INSS se mantenía de las cotizaciones reales del sector privado (patronos y
obreros), pero en honor a la verdad, debemos decir que en materia de beneficios y a
excepción de las pensiones que en general siempre han sido raquíticas, la atención y
los otros beneficios que recibíamos los asegurado hasta julio de 1979 fueron un verdadero
lujo en comparación a lo que a partir de ese año recibimos.
Aparte de lo anterior, debemos
señalar igualmente que el régimen usaba de caja grande o alcancía sin cerradura al
INSS, con préstamos del rey que tampoco satisfacía nunca, como lo hizo Somoza García
con el Ferrocarril y otras entidades estatales.
Esa fue, por ende, la primera brutal
sangría que sufrió el INSS en el caudal de sus recursos: la deuda caribe y no pagada del
somocismo que como quien dice puso la primera piedra para su debacle actual.
El segundo gran golpe a sus finanzas
--más bien a las finanzas de los asegurados-- lo recibió el INSS de parte del gobierno
sandinista, donde literalmente la cotización se convirtió en un impuesto más para los
trabajadores, ya que los beneficios que antes recibían desaparecieron con la vorágine de
la guerra civil y con la genialísima idea de los Comandantes, del Sistema Unico de Salud
en un país semidestruido.
Pero aparte de ese cuento de la
dirigencia sandinista de que los obreros (intelectuales y manuales) que trabajábamos
debíamos de subvencionar al resto de la sociedad indigente, también se les ocurrió otra
idea de invalidez, vejez y muerte: cargar al INSS 40 mil pensiones de víctimas de guerra,
combatientes históricos y de la alfabetización, pensiones de gracia, etc., que en su
inmensa mayoría eran personas que jamás habían pagado la más mínima cotización al
INSS.
Conceder esas pensiones a las
víctimas de guerra o a sus familiares fue justo y humanitario, no cabe duda, pero fue
absolutamente ilegal y arbitrario cargárselas al INSS en vez de crear un Fondo especial
en las partidas del Poder Ejecutivo para realizar esos pagos.
Veinte años después y ante
semejante desastre económico del Seguro Social, los organismos financieros --aunque lo
nieguen-- como el FMI, el BID y el Banco Mundial, están recomendando --¿o exigiendo?--
la privatización del Sistema de Pensiones a manos de las llamadas Empresas de
Administración de Pensiones, que desde su nombre se parecen a las polémicas y
controversiales Empresas Médicas Previonales.
Mientras tanto, ¿qué opinamos los
asegurados? De momento y en términos generales, algunos pensamos que cualquiera sea la
reforma --que parece inevitable dada la situación agónica del INSS-- al régimen de
pensiones, el caso debe ser profundamente estudiado a fin de ajustarlo a la realidad
actual de Nicaragua y a las legítimas necesidades de los pensionados, y por supuesto
escuchar todas las opiniones que se puedan, pero especialmente a las partes esencialemente
involucradas, es decir, a los asegurados.
Más adelante trataremos de abordar
otros aspectos específicos sobre este importante tema.
|