¡No
disparen! ¡Soy más útil vivo que muerto!
Roberto Zelaya Blanco
El coronel ex-G.N., Hugo J. Torres
Yañes, ejemplar ex-prisionero político de jornada completa, brindó recientemente
interesantes declaraciones a un medio local sobre la estructura interna y accionar de dos
departamentos de la desaparecida Guardia Nacional de Nicaragua: la Oficina de Seguridad
Nacional (OSN) y el Servicio Anti-Comunista (SAC). De sus disertaciones se desprende que
carecían del grado de sofisticación y cantidad de personal que les atribuyó la
propaganda sandinista, amplificada a nivel mundial por el aparato político-ideológico
del terrorismo internacional.
Los dos servicios -OSN y SAC-,
fueron presentados como algo superior y más efectivo que la unión de la CIA y de la KGB.
Fueron completamente superados por sus equivalentes del Ministerio del Interior
Sandinista. Nunca podrán compararse los informantes ad honorem utilizados por la OSN y el
SAC con el gigantesco servicio de autovigilancia colectiva CDS y vigilantes
revolucionarios-, implantados por Tomás Borge Martínez y Lenin Cerna Juárez, a través
de los cuales cada quien vigilaba a sus vecinos y compañeros de trabajo, siendo a su vez
vigilado por éstos.
Carlos Fonseca Amador se enfrentó
-por vez primera en su vida-, con patrullas militares de la Guardia Nacional de Nicaragua
el 6 de noviembre de 1977. Torres Yañes insinúa que fueron alertadas de la presencia del
Comandante en Jefe del Frente Sandinista en la zona norte del país, debido a las
declaraciones rendidas por Tomás Borge Martínez ante los interrogadores de la OSN, ya
que guardaba prisión por el asesinato de un oficial, y por pretender implantar un
régimen totalitario de corte castro-comunista en Nicaragua, destruyendo una sociedad
fundada en los valores éticos y morales de la cultura occidental.
El ex-comunista guatemalteco, Carlos
Manuel Pellecer, escribió un libro, "Utiles después de muertos", donde relata
que los mismos comunistas cubanos denunciban a los miembros de la policía secreta -de la
época de Batista-, las casas de seguridad en que estaban escondidos los miembros del
Directorio Revolucionario, a fin de que fueran eliminados y no tener que compartir el
poder con ellos a la hora del triunfo, utilizando sus sepelios para acciones de masas, por
lo que eran más útiles muertos que vivos. Pero los comunistas, cuando se enfrentan con
las patrullas militares y policiales del régimen que pretenden destruir, proceden a la
inversa, considerando que son más útiles vivos que muertos. Pero, ¿útiles a quién?
¿Para los servicios de inteligencia del régimen de turno? ¿Para el respectivo
movimiento revolucionario? ¿O para ambos?
¡No disparen! ¡Soy más útil vivo
que muerto!, es una frase que comenzó a cobrar notoriedad cuando tropas de élite del
ejército boliviano capturaron al Ché Guevara, en Ñancahuazu. Después la adoptaron
todos los falsos revolucionarios que pese a la irracionalidad de todas sus convicciones,
carecían del espíritu de sacrificio de los nihilistas. Naturalemente que el tiempo y los
imponderables de la fortuna les brindaban la oportunidad de recuperar la libertad, sea a
través de un secuestro y el intercambio de prisioneros, una amnistía dictada por
presiones internacionales o la posibilidad del triunfo de la revolución. Pero muchas
veces, el quedar vivo, significaba pagar un precio. Siempre que ocurrían este tipo de
captura, a las pocas horas los servicios de seguridad del régimen de turno procedía al
desmantelamiento y captura de las redes urbanas de antisociales.
Después que Tomás Borge Martínez
fulmina de certeros balazos en la Colonia Centroamérica al teniente G.N., Elías Sequeira
Connolly, huyendo llega hasta la Farmacia "Minerva", donde encañona a los que
estaban dentro de un carro, demandando la entrega de las llaves. Pasa en ese momento una
patrulla de la Jefatura del Tránsito al mando del teniente G.N., Santos Obregón, el que
lo conmina a entregarse, comenzando entonces la cancioncita: ¡Soy Tomás Borge Martínez!
¡Soy Tomás Borge Martínez! ¡No disparen! ¡Soy más útil vivo que muerto! Dicho
oficial me relató que cuando llegaba a las dependencias del tránsito --ubicadas en el
Estadio Nacional--, recibió la orden de trasladarlo a la Central de Policía y luego a la
Loma de Tiscapa, donde no lo conocía ninguno de los agentes de servicio en ese momento.
El 6 de Noviembre de 1977, el
entonces capitán G.N., José Enrique Munguía Berríos, tenía bajo su mando tres
patrullas en la zona norte del país, dos bajo oficiales subalternos y la otra bajo su
mando directo. A eso de las 3:00 p.m., de ese día, se les acercó un campesino,
denunciando que tres individuos armados con fusiles parecidos a los de ellos, lo
encañonaron y le quitaron las "compritas" hechas en un caserío, indicándoles
la dirección que siguieron. Inmediatamente, Munguía Berríos estudió el mapa de la zona
y por el equipo de radio ordenó al teniente G.N., Manuel Cisneros, dirigirse a la
casa-hacienda de una propiedad del señor Matías López, situada a unos 150 metros de la
confluencia de los Ríos Zinica y Piedra. Esta patrulla la integraban el mencionado
oficial y tres soldados regulares. Cuando llegaron al lugar señalado, los reforzaron
varios jueces de mesta. Uno de éstos era José Roberto Montenegro ("El Chele").
Como los militares estaban cansados,
encomendaron a los jueces de mesta mantenerse vigilantes. Cuando detectaron que se
aproximaban los tres individuos armados que esperaban, les dieron el alto. Estos
dispararon, por lo que José Roberto Montenegro les respondió con una ráfaga generosa
del fusil ametralladora Browning, escuchándose las voces de una persona que se quejaba y
gritaba: ¡Soy Carlos Fonseca Amador! ¡No sigan disparando! ¡Soy más útil vivo que
muerto! Los militares y los jueces de mesta esperaron que amaneciera y entonces se
acercaron a reconocer al herido, el que había perdido mucha sangre. Por el equipo de
radio informaron que estaban dos muertos y un herido que decía ser Carlos Fonseca Amador.
Cuando llegó el helicóptero -a eso de las 9:00 A.M., del 7 de noviembre de 1977-, ya
había fallecido Carlos Fonseca Amador.
Unos seis meses antes de este
enfrentamiento, una patrulla de la Guardia Nacional de Nicaragua pernoctó en la
casa-hacienda del señor Matías López. A uno de los soldados se le escapó un tiro de su
fusil Garand, dando muerte a uno de sus compañeros, de nombre, Marcos Martínez Zapata,
el que fue enterrado en un terreno adyacente. Esta operación fue narrada por un campesino
a los sandinistas, sospechándose que lo exhumaron y presentaron como los restos del
Comandante en Jefe de la Revolución Popular Sandinista, Carlos Fonseca Amador, dando la
impresión que se operó un reciclaje. Martínez Zapata fue genocida guardia somocista
cuando estaba vivo y después de muerto, la máxima figura de una revolución popular
anti-imperialista, con la característica que lejos de disminuir la dependencia
estructural de los países altamente desarrollados, más bien la profundizaron.
¿Por qué le molestó la alusión
de Torres Yañes a Tomás Borge Martínez? Entre febrero de 1987 y marzo de 1989, fui
compañero de celda del entonces mayor ex-G.N., José Enrique Munguía Berríos. No puedo
precisar la fecha, pero en ese intervalo de tiempo llegó un domingo por la tarde, el
entonces todopoderoso ministro del Interior Sandinista a la Cárcel "Modelo", de
Tipitapa. Ordenó que sacaran de la celda a Munguía Berríos, regresando éste poco antes
del amanecer del nuevo día, relatando que Borge Martínez lo condujo a su complejo de
casas de Bello Horizonte, donde le leyó unas páginas de su libro sobre Carlos Fonseca
Amador, proponiéndole que avalara lo siguiente: que fue la CIA la que informó a Somoza
de la presencia de Fonseca Amador en la zona norte de Nicaragua y que cuando lo
encontraron vivo y bastante desangrado, lo habían ultimado por órdenes de Somoza, con lo
que se eliminarían todas las sospechas que recaían sobre él, ofreciéndole la libertad
condicional si firmaba tal declaración ante un abogado y notario público. Munguía
Berrios -con gran entereza-, se negó a secundar tales patrañas y regresó nuevamente a
la Cárcel "Modelo". Todas estas sorpresas presenta la moderna historia de
Nicaragua.
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