EL
ZANGANO MAS REGIO DE LA HISTORIA: LUIS XV
Cecilia Ruiz de Ríos
En un país de hombres libidinosos,
a como es Nicaragua, la figura de un rey francés podría ser casi como santo patrono de
nuestro donjuanes: Luis XV. Este monarca de la Casa de Borbón, bisnieto del famosísimo y
cachondísimo Luis XIV, pasa a la historia como uno de los soberanos cuyo impulso sexual
ha desatado un sinnúmero de leyendas.
Luis vino al mundo un 15 de febrero
de 1710, hijo de una pareja que no se había casado por amor. El heredero al trono era su
padre, pero cometió la barbaridad de morirse estando Luis chiquito, y cuando este
muchachito bonito y sonrosado tenía apenas edad para escribir su propio nombre, el gran
Luis XIV estiró la pata.
Dado que era solo un niño, el tío
abuelo de Luisito, el hermosísimo y erudito pero zanganísimo Felipe de Borbón, Duque de
Orléans, pasó a ser regente para mientras el chico crecía, pero también este adorado
tío abuelo que siempre lo respetó mucho habría de morirse prematuramente un 2 de
diciembre de 1723, cuando Luisito apenas tenía trece años. La regencia fue asumida por
Andrés Hércules Fleury, y cuando la corona pasó a la testa de Luisito, sus ministros ya
tenían rato de estar haciendo diablos de zacate con el erario francés. Las apariciones
en público de Luis siendo un rey-niño lo traumatizaron, dejándole un temor a las
muchedumbres. Además, nunca aprendió a gobernar.
Luisito, quien era un hombre
guapísimo, se negó a casarse con una princesa española y prefirió hacerlo con María
Leszcinska, hija del depuesto rey polaco Estanislao II. Sin embargo, no la amaba. Luis, un
hombre libidinoso que solía ipsarse desde los 10 años de edad, aprovechó al máximo el
inicialmente núbil y bonito cuerpo de María para pasar retozando en la cama tanto como
pudo.
Ahí puso en práctica las
enseñanzas sexuales que le impartió entre suspiros Madame de Falaris, una sensual noble
que había sido amante de su tío abuelo Felipe. Mría le dio 10 hijos a Luis, siete de
los cuales lograron superar la peligrosa etapa de la infancia en tiempos en que la
mortalidad infantil era galopante. María se asustaba ante la voracidad sexual de su
marido y se quejaba de que pasaba la vida siendo llevada a la cama para cumplir como
esposa, o para parir, o para pasar sus últimos meses de panza.
Marí y Luis continuaron casados
hasta que ella murió agotada en 1768, pero desde 1738 no compartían el lecho. María,
tras haber sufrido un aborto espontáneo, le había cerrado la puerta de su alcoba en las
narices a su regio marido, y Luisito ya para entonces tenía los ojos y las manos puestos
n otros lados. Luis para entonces ya tenía de querida a Madame de Mailly, una de las
cinco hermanas De Nesle.
Luego Luis se enamoró de Madame de
Vintimille, hermana de Mailly, y la dejó hasta quelo involucrara a él la Guerra de
Sucesión de Austria que se diera entre 1740 y 1748. Luis se aburrió de Vintimille, y
ella murió al parirle un chavalo al rey. Luis sería el causante de la muerte de otra de
las hermanas De Nesle, la bella Madame de Chateauroux. Luis la había mandado a llamar en
pleno frío de madrugada, y la impetuoso amante, ansiosa de complacerlo en todo, murió de
pulmonía. La menor de las hermanas De Nesle distrajo al rey por un rato, sólo para verse
descartada por éste cuando la casó con un duque. Solo la benjamina de las hermanas
logró capearse de las insinuaciones de Luis, cuando el esposo de ella opuso resistencia.
Luis habría de perder su corazón
al conocer en 1745 a Jeanne Poisson, una encantadora, bella y linajuda mujer que ya estaba
muy casada...y a quien una adivina le había vaticinado que reinaría en el corazón de un
monarca. La reina incluso dijo que si su Luis debía tener amante oficial, ésta debía
ser Jeanne. El marido aceptó a regañadientes separarse de Jeanne, y al entrar esta mujer
a la cama del rey, posteriormente logró mandar en el erario y los secretos de estado.
El pueblo la odiaba por su afición
al lujo, pero Luis la llamaba "la mujer más deliciosa de Francia". Le creó el
título de Marquesa de Pompadour para que rimara con amour. Jeanne le preparaba platos
afrodisíacos al rey, pero confesaba ser "fría por naturalez." En 1751, con la
salud minada, Madame de Pompadour no siguió compartiendoel lecho de Luis, pero logró
conservar intacto el favor y el amor del zángano soberano. La Pompadour siguió siendo su
gran amiga y confidente hasta que ella murió en 1764, diez años antes de la muerte del
propio rey. La alcoba de ella estaba comunicada con la del rey por una escalinata. Luis
entonces recurrió a meretrices para seguir refocilándose.
Fue así que nació el Parc Aux
Cerfs-Parque de los Ciervos- en el cual habían nobles dedicados tiempo completo a comprar
jovencitas lindas, tanto campesinas como linajudas, para que perdieran la virginidad con
el rey y luego fueran sus chicas de placer. Esto era una especie de burdel creado solo
para gusto del rey, y muchas de las niñas (algunas hasta de 10 y once años) no sabían
que el elegante hombre maduro que las visitaba era el monarca, sino que creían que era
algún rico mercader.
Las chicas eran educadas por las
prostitutas más curtidas para aprender los mil y un secretos de la sensualidad perfecta,
y muchas veces algunos nobles empobrecidos vendían a sus hijas aún a sabiendas que iban
a una vida de pecado. Una de ellas, Luisa O´Morphi, de quien se dice fue un regalo del
famoso libertino Giovanni Jacobo Casanova, llegó a parirle dos hijos a Luis pero éste la
descartó cuando hizo una pregunta demasiado curiosa sobre Madame de Pompadour. Luis
entonces la casó con un noble menor.
En 1768 Luis adquirió su última
querida importante, la sensual Condesa Du Barry, de quien se decía que era hija de una
prostituta y un monje a quien había hecho caer en pecado. La Du Barry se las pegaba al
rey con jóvenes cortesanos, y Luis se hacía el de la vista gorda (¡obesa, diría yo!)
Pero la conservaba junto a él pues la gloriosa juventud y las artes amatorias de la
condesita le hacían olvidar que ya era un viejo.
Luis murió de una galopante viruela
en brazos de su querida un 10 de mayo de 1774, y aunque dicen las malas lenguas, con la
mía a la cabeza, que estiró la pata mientras trataba de consumar el acto sexual adornado
por múltiples pústulas y una fiebre que poco tenía que ver con su ardor sexual, no hay
prueba alguna que el rey más zángano de Francia haya fallecido estando -a como decía el
chismoso ex colaborador de los nazis Francois Mitterand cuando se reía de la historia
colorida de su país- "enchufado y girando como una licuadora."
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