PACTAR
PARA NO MORIR
Miguel Argón López
La Revolución Nicaragüense de 1979
fue condenada a muerte antes de su nacimiento, sus adversarios que veían la inminencia de
la victoria, trataron de adulterar la genética ideológica del movimiento en
insurrección, como última oportunidad de ser parte del proceso de cambio. Sergio
Ramírez lo expresó de la siguiente manera (en Aria, 1980), "Yo creo que los yanquis
se dieron cuenta de que la Guardia estaba derrotada cuando comenzaron a presionar para que
la Junta de Gobierno se ampliara con dos miembros más.
Lo único a lo que ellos aspiraban
era salvar una parte de la Guardia Nacional. En ese tiempo se hablaba que hubiera un Jefe
de Estado Mayor de la Guardia Nacional que arreglara el surgimiento de un nuevo ejército
con el FSLN. Nosotros, tácticamente, insistíamos en que era posible. En los últimos
días, Bowdler, nos dijo que qué día queríamos nosotros que Somoza renunciara, porque
tenía en sus manos la renuncia. Entonces nosotros fuimos retrasando la fecha mientras
acabábamos de consolidar nuestras fuerzas. El plan de los Estados Unidos era que fuera
una transición ordenada del poder y que ellos quedaran como los árbitros". Como
consecuencia de esto, la Revolución Nicaragüense creció y se desarrolló en un ambiente
hostil que la llevó al fracaso.
Pero este fracaso no fue sólo el
resultado de hostilidades externas, fue también producto de una miope visión política y
una marcada indiferencia de la historia, factores éstos que actuaron como condiciones
coadyuvantes de las hostilidades externas, catalizando la muerte precoz de la Revolución.
En la segunda mitad de la década de
los ochenta hasta 1989, trabajé en el Ministerio de Salud por cinco años ocupando cargos
de dirección a nivel local y regional. Durante ese período tuve la oportunidad de vivir
y sufrir las consecuencias de esa miopía política, cegada por la ambición de poder, e
infectada de arrogancia, ignorancia, totalitarismo, clientelismo, oportunismo y
corrupción, completamente contradictorio a lo que se predicaba desde los púlpitos
políticos. La miopía nos hizo creer que éramos invencibles.
Yo lo llegué a creer, y conozco a
muchos que lo creyeron también. Y con esa "arrogancia revolucionaria" que lo
dignificaba y justificaba todo, mandamos irresponsablemente a nuestros jóvenes a un
holocausto sin precedentes.
Cuando visité por primera vez
Europa a finales de 1989 y posteriormente los Estados Unidos de América, me di cuenta de
nuestra arrogancia revolucionaria. Recordé los días cuando nos congregábamos en las
plazas para los comicios políticos y las marchas de protesta contra la agresión
norteamericana, convencidos que derrotaríamos al imperialismo y al capitalismo, para
establecer un nuevo orden económico en nuestro país, en el continente y hasta en el
mundo entero. Al mismo tiempo me dije: "¿Contra estos queríamos luchar? ¿A estos
queríamos vencer? Que absurdos y que poco prácticos que fuimos, y juré a mi mismo nunca
más dejarme llevar por las ideas de otros". Desde luego que la experiencia de
Sandino, en su guerra antimperialista, tuvo suceso porque el contexto histórico y
tecnológico era completamente diferente al nuestro. Pero los dogmas nunca ayudaron y eso
fue lo que pasó con nuestra revolución. Los que ostentaron el poder, la ayudaron a
morir.
Alguien podría decir, "que
fácil es señalar los errores después de haberlos cometido", y tiene toda la
razón, pero lo más grave es que todavía los mismos miopes aplicando viejas tácticas
políticas engañando a ciudadanos honestos y patriotas con discursos demagógicos y
argumentos baratos, superficiales e irresponsables.
El FSLN en su empeño por salvar la
revolución colaboró en su muerte a sabiendas de la amenaza constante y de las políticas
impropias que se aplicaron. En esa década nos preocupamos más por luchar contra Goliat y
creyéndonos David -pero la verdad es que era todo lo contrario- en vez de construir
nuestra patria promoviendo un ambiente democrático y de libre mercado.
El FSLN por su falta de visión y
totalitarismo "cupular", está destinado a morir y la historia lo ha demostrado
con la derrota electoral de 1990 y 1996. Y como están conscientes que no ganarán las
próximas elecciones, los vemos obligados a "pactar" con los enemigos de quien
supuestamente ellos representan, única y exclusivamente para legitimarse y perpetuarse en
el poder que dejaron escapar. La cúpula partidaria ya declaró que el FSLN pagará un
precio político muy caro como consecuencia del Pacto. Este pacto les permite la
sobrevivencia política, porque son conscientes que los próximos años se transformarían
en un cadáver político; el pacto representa el único camino para no morir.
Como no será posible para el FSLN
ganar el poder o mantenerse en la vida política con un buen margen de representatividad
por la vías democráticas, lo están haciendo deshonestamente. Lo único que olvidan es
que lo están haciendo contra el pueblo nicaragüense, y lo que es aún más monstruoso,
es que lo están haciendo con los métodos del somocismo. Salvador Martí i Puig señala
en su libro "La Revolución Enredada", como el régimen somocista nunca dudó en
llegar a determinados pactos y alianzas con facciones de la oposición, sin ningún
interés de alterar el sistema político.
En dicho período, se articularon
trece alianzas, doce con el objetivo de obtener mayores cuotas de representación
institucional y sólo una, en 1959, con el objetivo de enfrentarse al régimen somocista.
Según Martí i Puig, "los dos pactos más relevantes entre liberales y
conservadores, fueron el Pacto de los Generales en 1950 y el Pacto de Kupia Kumi en 1972,
en aras de la consecución, por parte de los conservadores, de un tercio y el 40% de la
representación parlamentaria, junto con las prebendas correspondientes. En ese paisaje
entre la represión, la ilegalidad y la cooptación, los partidos políticos permanecieron
pequeños, débiles y divididos".
Aunque el Dr. René Vargas
interprete el pacto PLC y FSLN como una de las faceta culminante de un "ir
cediendo" en su libro "El sandinismo, veinte años después", la verdad es
que ese "ir cediendo" no es más que la búsqueda de oxígeno político, pero
para hacer exactamente lo contrario de lo que el autor recomienda como alternativa para no
morir, y para que al menos sobreviva el sandinismo que la cúpula dice profesar que es un
sandinismo lejos de ser genuino:
"El único rayo de esperanza -
bien pálido y distante, por cierto- es que el propio sandinismo depure a sus dirigentes,
reafirme sus principios y se inicie un cambio de rumbo. No hacerlo no sólo sería un
error, sino un suicidio".
Parece que el FSLN descubrió estos
métodos de sobrevivencia política, copiando las ilegalidades del pasado y haciendo que
la historia se repita. Y como historia no engaña, lo importante es conocerla y aún más
preveerla.
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