EL
CIRCULO VICIOSO DEL TRANSPORTE COLECTIVO
Manuel Eugarrios
Hablando en buen romance
podría decirse que son ya fastidiosas -por no mencionar algo más fuerte- las consabidas
exigencias de los transportistas para que el gobierno les autorice un aumento en el precio
del transporte colectivo.
Una primera
consideración de fondo en este momento, es si una población que sufre un agobiante
índice de desempleo y hambre, una balanza comercial deficitaria del orden de los mil
millones de dólares, y que ochocientos mil niños y jóvenes se queden sin acudir a las
aulas por falta de escuelas y maestros, está en capacidad de soportar un nuevo incremento
en el transporte popular.
Frente a ese panorama de
crisis económico-social que enfrenta nuestro pueblo, verdaderamente sería un acto de
surrealismo si las autoridades pertinentes autorizaran el aumento en dicho servicio, sobre
todo en el transporte colectivo urbano.
Y decimos surrealista,
porque aun cuando la situación económica fuese mejor, nunca los aumentos de precios que
se han concedido a los transportistas, se han compadecido con las calidades y condiciones
del servicio que prestan.
Durante varios lustros
-¿o décadas?- los usuarios han visto desarrollarse en ese aspecto un auténtico círculo
vicioso: a cambio de acceder a los cíclicos incrementos las autoridades hacen que los
inefables señores transportistas suscriban convenios y compromisos llenos de cláusulas
para introducir mejoras, como unidades nuevas y modernas, trato decente a los pasajeros,
no sobrepasar la cantidad de pasajeros, cumplir con la Ley de Tránsito y los
estacionamientos establecidos, etc.
Pero antes de estampar
sus garabatos, los avispados y astutos transportistas -¿diríamos cínicos?- ya llevan en
su mente, como siempre, aquella famosa divisa de "¡firmar me harás, pero cumplir
jamás"! que por supuesto les deja una alta rentabilidad.
Y surrealistamente, como
en un tíovivo interminable, después de cada aumento que forzadamente paga al punto la
ciudadanía, vemos de nuevo a los usuarios soportando las calamidades, penurias y
vejaciones de un transporte colectivo no sólo pésimo sino inhumano, a pesar de que
según un diario local la ganancia diaria por bus es de 800 córdobas, libres de polvo y
paja.
Es patético admitir,
entonces, que al parecer desde hace muchos años y por artes que quizás sólo los
adivinos pueden descifrar, los "angelicales" dueños de las rutas de buses de
esta martirizada capital, adquirieron una poderosa patente de corso que les otorga
inmunidad para no cumplir con sus compromisos a favor de los usuarios, y además impunidad
para no responder por las muertes que provocan.
Seguramente enterado de
todo este desastre, es que el Presidente de la República, quizás con un tono de antiguo
reclamo que los periodistas no le captaron, señaló que era posible que su gobierno
autorizara el incremento en el servicio, siempre y cuando los transportistas cumplieran
sus compromisos para con los usuarios.
Por añadidura, esa
aureola de inmunidad que rodea a los transportistas y que tan efectiva les resulta,
también los protege para violar cotidianamente la obsoleta Ley Vial que nos rige y las
normativas de las autoridades de tránsito. ¡Puro papel mojado en las ruedas de los
cafres del volante!
El saldo de ese cuadro
que nos ofrecen los inefables transportistas es sencillamente un servicio de buses más
allá de lo pésimo, una total falta de respeto a la Ley, y por encima de todo -que por
supuesto es lo más grave- un absoluto desprecio hacia la vida de usuarios y peatones
especialmente si son niños y ancianos. Y ya toda la ciudadanía sabe cuáles son los
métodos de los cafres del volante para mandarlos al otro mundo sin siquiera experimentar
el menor remordimiento.
Para colmo de males, los
buseros y sus ayudantes -según lo informan casi a diario los noticieros- prácticamente
se han convertido en utilísimos cómplices de los carteristas y rateros que
"operan" en sus unidades, a los cuales incluso les conceden el privilegio de
bajar con su botín en cualquier lugar, ante el asombro y el temor de sus esquilmados
pasajeros.
Bravo, pues, señores
transportistas, a conseguir otro aumento muy rentable y a continuar por muchos años en
las mismas, en el aquelarre de siempre, que para eso ustedes nacieron en el país de
Jauja!
Es tan monumental el
fraude en este servicio al público que nos resistimos a considerar que entre los
transportistas hayan excepciones, pero por si las moscas les dejamos, como en otras
ocasiones, el beneficio de la duda.
|