EDISON, EL MAGO DE MENLO PARK
Cecilia Ruiz de Ríos
Thomas Alva
Edison, bombillo incandescente que inventó más de 2000 nuevos aditamentos.
Como teacher, la frase favorita que le menciono a mis pupilos cuando se me
ponen amocepados ante la enrevesada gramática inglesa es la del genial gringo Thomas Alva
Edison, quien afirmaba que el genio es 10 por ciento talento y 90 por ciento puro trabajo
y tesón. Edison, quien viene al mundo un 11 de febrero de 1847 en Milan, Ohio, fue el
mejor ejemplo de lo que predicaba.
Cuánto se equivocó el odioso maestro que le dijo a la madre de Thomas
que el niño estaba confuso, no sabía leer (y efectivamente padeció de dislexia) y que
sería ¡un ser de pocas luces! Para suerte de Thomas, su mamá Nancy Elliot había sido
maestra de escuela antes de casarse con Sam Edison, un tesonero hombre-orquesta al que
nada lo desanimaba. Tras pelearse con la administración del colegio, Nancy le dio toda su
formación académica en casa.
Fue su mejor aliada, cómplice incondicional a la hora de armar un
laboratorio en el sótano de la casa, y la que le proporcionó los mejores libros de
ciencia y literatura. Siendo aún un preadolescente, el inquieto Thomas quiso ganarse su
propio dinero y se fue a trabajar de vendeperiódicos en los trenes. Fue a bordo de un
tren que editaba su periódico, El Heraldo. Posteriormente a bordo del mismo vagón de
tren pondría su laboratorio con el permiso de la compañía de trenes, pero este episodio
tuvo un final triste cuando los químicos se derramaron y el laboratorio se incendió.
Thomas se vio defenestrado como "problemático." También de esta fecha data la
sordera que atribuló a este genio.
En una ocasión Thomas casi se accidenta, y el asustado maquinista no tuvo
mejor idea que asirlo de sus enormes orejas paradas de radar. Thomas luego afirmaría que
al ser levantado de las orejas sintió que algo le tronó en la cabeza, y desde entonces
su sentido auditivo fue de mal en peor. Al igual que Beethoven, quien al quedar sordo tuvo
que dejar su vida de pianista para dedicarse a la composición, Thomas conforme se hacía
más sordo se fue adentrando más en la invención y la lectura...para beneficio del
mundo.
Thomas ya de adolescente amó el telégrafo, el cual había sido inventado
por Samuel Morse 9 años antes de que Thomas asomara su privilegiada sesera en este mundo.
A los 16 años, Thomas se fue de telegrafista a Toronto, Canadá, en calidad de asistente.
El debía reportar señal a Toronto cada hora, y encontraba tedioso el procedimiento.
Inventó un aditamento que funcionaba automáticamente, y así podía dormir sin
interrupción, pero cuando su jefe lo pescó roncando como olla de nacatamales casi lo
corren. Thomas tuvo diversos puestos como telegrafista en los Estados Unidos, solía
dormir poco para leer enormes tomos de química, física y otras ciencias. No escatimaba
dinero para adquirir libros, y en un invierno casi se muere de una bronquitis porque
escogió comprar un libro de química carísimo en lugar de un buen abrigo!
Thomas a menudo mejoraba los inventos de otros, como el teléfono de Bell
o el telégrafo de Morse. La máquina de escribir se vio alterada para bien por este
genio, y el primer invento que le produjo 40 mil dólares (suma obesa en aquel entonces)
fue el marcador del mercado bursátil, estrenado en Wall Street. Estos marcadores aún se
usan en la meca del capital. En 1876 lo encontramos en Menlo Park, donde se estableció
para hacer su fábrica de inventos con la ayuda de su progenitor, de quien heredó el
optimismo que siempre le obró maravillas. Con el laboratorio funcionando, Thomas aplicaba
a unas 400 patentes por año a la oficina gringa de patentes, la cual poco antes del
arribo de Thomas hasta estuvo a punto de cerrar...
En ese mismo año a Thomas le tocó entrar en sociedad de negocios con
algunos de los más golosos capitalistas del mundo: J.P. Morgan y los Vanderbilt. Entre
ellos y el genio, se formó la Edison Electric Light Company, la cual comenzó a existir
antes que Thomas pariera el bombillo incandescente. A pesar que la luz eléctrica sería
lo que le daría más de comer y de gritar (por su pleito con George Westinghouse por el
asunto de las corrientes directas o alterna, litigio en el cual Thomas sacó a bailar su
caja de lustrar al mencionar oprobios contra Westinghouse), Thomas consideraba su invento
favorito el fonógrafo. En 1879 la luz eléctrica fue una realidad, cuando Thomas logró
que un bombillo con filamentos de algodón carbonizado fuera la base para la bujía
incandescente.
Thomas como hombre era pésimo marido. Nunca tuvo un vigoroso impulso
sexual, y a los 24 años de edad, apenas un mes de haberse casado con su primera esposa
Mary Stilwell, comentó que su mujer no valía un cinco en cuestión de inteligencia. Mary
habría de darle tres hijos y quejarse amargamente que Thomas apenas se daba cuenta que
ella existía. En 1884, Thomas apenas sintió una pizca de remordimiento cuando Mary se
murió. Dos años más tarde se casaba con Mina Miller, quien le daría tres hijos más.
Thomas no toleraba la pereza en ninguna de sus formas, y eso incluía a su familia. A
duras penas dormía, por lo cual la comprensiva Mina le arregló un colchón en su estudio
para que pudiera dormir siestas de gato.
La curiosidad de Thomas no se limitaba a sus inventos. En una ocasión que
halló un escarabajo muy maloliente, sacó tiempo para escribirle al notable científico
inglés Charles Darwin para reportarle su hallazgo. Thomas como jefe era exigente, pero le
encantaba estimular la imaginación y los avances en sus empleados. Entre sus subalternos
estuvo nada menos que Henry Ford, el fascita pero ingenioso creador del carro modelo T, y
Thomas tuvo como amigo al célebre Harvey Firestone (el papá de los neumáticos que hoy
llevan su nombre), llegando a sembrar plantas de hule con Firestone para tener materia
prima para el negocio de Firestone. Thomas adoraba hablar con los jóvenes, pero cuando se
enteró que los adolescentes aceleraban la velocidad con la cual giraba el cilindro de su
fonógrafo para oír la música a ritmo más veloz, Thomas exigió que sus fonógrafos
llevaran control de velocidad mientras censuraba en gruñidos el atrevimiento de los
chiquillos.
Thomas nunca dejó de trabajar, y a los 84 años estaba tan tozudo y vivaz
como siempre. Murió un 18 de octubre de 1931 mientras una multitud esperaba afuera de su
residencia en Menlo Park para orar por su salud. Durante tres días las luces fueron
apagadas en honor al Mago de Menlo Park tras su sepelio. Tanto Thomas como su viuda Mina
fueron sepultados en la propiedad de ambos.
Para muchos, Edison sigue siendo el perfecto modelo del self-made man que
llegó muy alto gracias a su tesón y sacrificio, y resulta inconcebible que la Academia
Sueca que otorga los Premios Nóbel se lo haya negado por tecnicismos burdos. Para los
amantes de los animales, Thomas es el verdugo de miles de caballos, vacas, conejos, gatos,
ardillas y perros al experimentar su corriente con ellos. Cada vez que le fríen los sesos
a alguien en la silla eléctrica, es probable que se le echen maldiciones a Thomas por
haberla inventado, mientras que los cinéfilos le agradecemos a este hermoso chele el
haber inventado el kinetoscopio. Pero todos, cada vez que prendemos un bombillo...
rendimos silencioso tributo al hombre cuyo "bombillo" genial siempre fue
incandescente.
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