LOS ESQUELETITOS DEL CLOSET DE LOS
FAMOSOS
Cecilia Ruiz de Ríos
EDUARDO VIII DE INGLATERRA Y SU WALLIS, FANS DE HITLER.
Hace poco, uno de mis alumnos de inglés me reclamó agitado que por qué
nunca le había dicho que Thomas Alva Edison sacrificó un montón de animales al momento
de perfeccionar la corriente eléctrica. Todos los famosos guardan esqueletos chicos o
grandes en el closet de su intimidad. Saquemos a bailar algunos.
Para muchos, Mohandas "Mahatma" Gandhi resulta ser casi un
santo. Este padre de la independencia de la India ha inspirado a muchos con su forma no
violenta de protestar, pero pocos saben que fue un marido sopapeador y atorrante cuando
estaba recién casado con su paciente Kasturbai, quien incluso pudo haber anulado el
matrimonio dado que él se rehusaba a cumplir con sus derechos de cama cuando ya estaba
dedicado a pelear contra los ingleses.
El hombre a quien Tagore llamó Alma Grande (Mahatma), como abogado no fue
muy bueno al inicio de su carrera, y como padre en algo debió de haber fallado dado que
su primogénito acabó siendo un alcohólico y además gigoló de viejas ricas. Muchos se
enojaron conmigo cuando en un artículo del Che Guevara, mencioné que su hijo Camilo
hasta la vez recuerda que pocas veces habló con Ernesto, pero la realidad es que el
legendario boinudo como padre fue un aparatoso fracaso, quizás porque nunca estaba en
casa.
El rey inglés Jorge II tampoco fue un padre modelo. Odiaba a su
primogénito Federico llamándole "el mejor embustero, un asno y la más grande
bestia de este mundo en el cual deseamos que ya no estuviera...". Fred, por su parte,
llamó a su progenitor "un obstinado, autoindulgente capataz con un apetito sexual
goloso". Burte, la rolliza primera esposa del temido azote mongol Genghis Khan,
llevaba sobre sí la mácula de no saber si Ogodei, el hijo que Genghis consideraba su
primogénito, de veras fue manufacturado por el temible Genghis o por un rival que la
había secuestrado por unos días.
Aurangzeb, quien al ver a su padre Sha Jehan afligido por la muerte de su
esposa Mumtaz lo había depuesto, fue un monarca mugalo de la India que tenía gusto por
la sangre. No se sabe si fue por ganas de torturar a unos pobres murciélagos hocico azul
-especie ya extinta- que optó por disecar unos cuantos. Hoy en día, los quirópteros
disecados por Aurangzeb en sus ratos libres descansan bajo una campana de vidrio como
reliquias de un tiempo mejor para los murciélagos, y gracias al gusto por la taxidermia
de este rey mugalo los zoólogos pudieron conocer a esta especie hoy desaparecida. Iván
El Terrible de Rusia, quien tuvo 7 esposas y entre ellas mató a una por no ser virgen al
llegar a su lecho, sacrificó a un elefantito que le mandaron de regalo sólo porque el
pobre paquidermo no lograba arrodillarse a sus pies.
Eduardo VI, hijo del cruel monarca inglés Enrique VIII, era tan
malcriado que una vez destrozó con sus manos a un pobre halcón en medio de una pataleta.
Thomas Alva Edison, el "self-made man" a quien le debemos el fonógrafo, el
kinetoscopio y el bombillo incandescente, en su bochinche por ganarle la batalla a George
Westinghouse en cuanto a si la corriente alterna era mejor o peor, sacrificó numerosas
vacas, caballos, conejos, gatos, perros, pericos y otros animales para poner a prueba la
corriente eléctrica. Edison, para colmo, tenía una lengua más viperina que la de una
meretriz de baja estofa, y muchas veces le dijo oprobios a su rival Westinghouse en la
escandalosa pelea que ambos protagonizaron y que sólo puede catalogarse de eléctrica.
Las costumbres sexuales de grandes genios han dado mucho en que hablar, y
el irlandés James Joyce, quien nos deleitó con Ulises, en una ocasión le dijo a su
mujer Nora Barnacle que saliera a acostarse con otro y que luego le contara todo para
saber qué se sentía ser cornudo. Napoleón Bonaparte, por su lado, era aficionado a
patearle los perritos caniches a su esposa Josefina, y además le mandaba incendiarias
cartas pidiéndole que no se bañara para poder gozarla "conservada en su jugo."
El odio de Napo por el baño abarcaba a sus corceles del ejército, de quienes se decía
que se anunciaban con un kilómetro de antelación por ser la caballería más imbañable
de Europa.
Lenin pasó a la historia como un hombre sanguinario, pero también como
un tipo algo mal de la azotea al revolver bajo el mismo techo a su mujer Nadezhda con su
amante Inessa. Stalin, quien heredó el poder al morir Lenin, cargó sobre sí acusaciones
en cuanto a la muerte de su esposa, sobre todo que poco antes del deceso de ésta le
había lanzado una cajetilla de cigarrillos en la cara como todo el patán que era. El zar
Pedro II de Rusia no pudo llegar a gozar de su recién adquirida esposa porque se murió
antes de la noche de bodas, mientras que los reyes Jorge I de Inglaterra y Augusto II El
Fuerte de Polonia prefería consumar sus relaciones adúlteras con su propia familia
(Augusto con una hija bastarda y Jorge con una hermanastra).
Pedro I de Rusia no sólo padeció de sífilis, sino que se divorció de
su primera esposa Eudoxia para casarse con Martha Skavronskaya, una ramera livonia que
antes fue gozada por su allegado el Príncipe Menshikov... y quien ascendería al trono
ruso como Catalina I. Ibrahim el Loco, sultán otomano, acabó en una rabieta con su
harén entero de más de 200 concubinas mandándolas a ahogar. Mary Shelley, madre del
género de terror al haber concebido su famosa novela Frankenstein, primero fue querida
del bardo Percy Bysshe Shelley, hasta que se suicidó la primera esposa del poeta
enterándose que Percy tenía sucursal.
Felipe el Bello, rey de Francia en el siglo XIV, no sólo despojó a los
igualmente perversos Templarios de sus posesiones e hizo quemar al Gran Maestre Jaques de
Molay, sino que vio sin mover un dedo que sus hijas se hacían regias rameras, entre ellas
Ana Isabel "La Loba", casada con el maricón Eduardo II de Inglaterra a quien
esta sensual pero calculadora mujer habría de deponer y mandar a asesinar
introduciéndole hierros calientes por el posterior.
El bello y genial Leonardo Da Vinci pasó aparatoso bochorno cuando le
siguieron juicio en su contra por sodomía en Florencia, anticipándose este juicio al que
le seguirían en Inglaterra al bardo irlandés Oscar Wilde mucho tiempo después. Wilde,
por su parte, murió ahogado de deudas y seguido por tábanos, al igual que Wolfgang
Amadeus Mozart, Carlos Marx y el genio operático Ricardo Wagner, sólo que Wilde
falleció con una copa de champán en mano viviendo más allá de sus ingresos como
siempre.
Las ideas políticas han sido motivo para el rechazo que muchos sienten
por algunos personajes, y entre los adoradores de los nazis estuvieron Eduardo VIII de
Inglaterra y su flaca y libidinosa mujer Wallis Simpson (la cual le costó su corona),
además del piloto gringo Charles Lindbergh, la modista francesa Coco Chanel y hasta el
fabricante de autos Henry Ford, quien recibió una medalla de Hitler.
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