Roberto Zelaya Blanco
El día 9 de enero de 1978, en horas de la
mañana, el comandante de la policía Nacional, Coronel Dimas Alesio Gutiérrez,
encomendó al Jefe de Investigación de Managua, Capitán Róger Vega, procediera -al día
siguiente-, a la captura de un individuo de estatura media, recio y de barba, que provisto
de dos valijas llenas de dinero, se apostaba en la esquina de los "coyotes" del
Centro Comercial de Ciudad Jardín, para investigar denuncias sobre lavado de dinero en
Nicaragua. Esta persona fue detenida antes de las 9:00 A.M. del 10 de enero de 1978,
resultando ser el Señor Silvio Vega Zúñiga.
Conducido a la presencia del Coronel Dimas Alesio Gutiérrez, procedió
éste a someterlo a un interrogatorio técnico. Primeramente declaró que el dinero lo
suministraba Silvio Peña Rivas. Después agregó que éste se lo entregaban unos cubanos
de Plasmaféresis, entre los cuales se encontraba Pedro Ramos Quirós. Cuando le
manifestaron que estaba sometido a vigilancia desde hacía días y que conocían todas sus
actividades hasta el momento de su captura, agregó que entonces no podían involucrarlo
en el asunto de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, porque ellos -Silvio Peña Rivas, Harold
Cedeño y él-, habían sido contratados para asesinar a Monseñor Miguel Obando y Bravo,
Don Alfredo Pellas y el banquero, Doctor Eduardo Montealegre Callejas, para iniciar el
proceso de desestabilización política del régimen de Somoza Debayle, y que nunca les
mencionaron el nombre del director-propietario del diario "La Prensa".
Inmediatamente después de rendir esta declaración, Vega Zúñiga fue
conducido a presencia del General Somoza Debayle, el que ya estaba escuchando el relato de
Peña Rivas, detenido por agentes de la ONS. Esto fue relatado por el Capitán Vega, a
mediados de diciembre de 1980, en una celda infame de los sótanos de "El
Coyotepe", conocida como "El Caracol", donde descargaban todo el polvo y
arena que ingresaba en el antiguo campamento de los Boy Scouts, donde nos encontrábamos
encerrados 9 prisioneros políticos, trasladados a ese lugar después de una permanencia
en la "Lubianka Sandinista" o Seguridad del Estado.
Estoy seguro que Josef Mengele, "El Angel de la Muerte", hubiera
investigado el efecto que tenía el polvo y la arena en las vías respiratorias de los
prisioneros, caso de haber tenido a su disposición "El Caracol" de "El
Coyotepe".
Los arreglos que hizo el general Somoza Debayle con Peña Rivas, Vega
Zúñiga, Harold Cedeño, Domingo Acevedo Chavarría y Juan Ramón Acevedo Medina, para
que éstos confesaran ser los autores materiales del asesinato del Doctor Pedro Joaquín
Chamorro Cardenal, en una maniobra desesperada que salvara su imagen personal y la de su
régimen ante la comunidad nacional e internacional, son de sobra conocidos. Pero fracasó
en sus intentos de librarse de la "lógica del crimen". El axioma lógico,
"nadie puede proceder contra sus propios intereses", no surtió efectos frente a
la bien orquestada campaña de prensa de sus enemigos y la de los falsos amigos. Siempre
consideró que el periodista asesinado era su mejor relacionista público a nivel
internacional, porque le bastaba mostrar su periódico a los delegados de la SIP, para que
éstos quedaran satisfechos.
Hace varios años, el Licenciado Roberto Argüello Osorio, comentarista de
temas nacionales e internacionales, publicó en varios medios hispanos de los Estados
Unidos, la transcripción de una entrevista que hiciera en Nicaragua a Doña Margarita
Cardenal viuda de Chamorro, la que con mucha lucidez mental y amplio dominio del tema
declaró que en el "asesinato de su hijo, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, no había
participado ningún miembro de la familia Somoza, ningún integrante de la Guardia
Nacional de Nicaragua, ningún dirigente del Partido Liberal Nacionalista, esperando que
su nuera -Violeta Barrios de Chamorro-, la que tenía en su poder los resultados de varias
investigaciones independientes, revelara toda la verdad al respecto, descorriendo el velo
del misterio que se ha tenido sobre dicho asesinato".
El 30 de julio de 1983, Tomás Borge Martínez, Ministro del Interior,
acompañado del esbirro sandinista, Raúl Cordón Morice, Director del Sistema
Penitenciario Sandinista; de sus numerosos guardaespaldas, de Gioconda Belli y Marisol
Castillo Bellido, subieron a la planta alta de la Galería No. 3 de la Cárcel
"Modelo", de Tipitapa, dirigiéndose a la celda No. 11, acupada por el
ex-coronel somocista, Bernardino Larios Montiel; Juan Ignacio Arias Alvarez, conocido como
"El Químico", por ser el que manejaba los laboratorios de la policía y
realizaba las pruebas balísticas: Oscar Bayardo Traña Cajina, Silvio Peña Rivas y
Roberto Zelaya Blanco.
Borge Martínez manifestó a Peña Rivas que lo miraba muy bien conservado
y gozando de buena salud, dando la impresión que todavía no lo había afectado la
cárcel, recibiendo como respuesta que eso se debía a que nunca le gustó desvelarse ni
amanecer en burdeles o jugando el dinero ajeno. Esto sacó de sus casillas al otrora
poderoso Ministro del Interior, el que replicó diciendo, "más te valiera ser coime,
tahur o chulo, porque si éstos son detenidos, salen al poco tiempo de la cárcel, pero
vos cumplirás tus 30 años de prisión día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo
a segundo". Nuevamente respondió Peña Rivas, "no cumpliré tal condena,
saldré antes de los 30 años". Fue entonces que el único fundador sobreviviente del
Frente Sandinista, histérico y descompuesto, le gritó a Peña Rivas: "podría
ordenar que mis guardaespaldas te fusilen en estos momentos por insolente, por faltarle el
respeto debido a un Comandante de la Revolución, pero no lo hago porque entonces la
única prueba que tenemos en nuestras manos de que fue Somoza quien te pagó para asesinar
a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, desaparece y entonces nos cae todo el clavo a
nosotros. Por eso es que te conservamos vivo, porque sos la única garantía de que no
fuimos nosotros quienes mandamos asesinar a Pedro Joaquín. Somoza nos hizo el mejor
regalo al dejarte vivito y coleando".
Agentes de la OSN que investigaron el asesinato del Doctor Chamorro
Cardenal y que fueron condenados a 30 años de prisión en los infames Tribunales
Especiales de Justicia, conversaban que ellos profundizaron sobre ese asunto y llegaron a
conclusiones claras al respecto, apareciendo involucrados agentes de servicios de
inteligencia de los sandinistas y que cuando presentaron el informe final y definitivo al
General Somoza Debayle, éste se sorprendió de la magnitud de la conspiración
internacional contra su gobierno y el pueblo nicaragüense, prefiriendo continuar con el
arreglo concertado con Peña Rivas y sus asociados, convirtiéndose -por falta de entereza
y visión política en esos momentos-, en encubridor de quienes estaban desestabilizando
el régimen que él encabezaba.
El brillante ensayo publicado en "Bolsa de Noticias" por el
experimentado periodista, Ignacio Briones Torres, señala que quienes financiaron la lucha
contra Somoza eran los países social demócratas de la Europa Occidental, y que el
designado para llevar tal designio hasta sus últimas consecuencias, fue Carlos Andrés
Pérez, en su doble carácter de Presidente de Venezuela y Vice-Presidente de la
Internacional Socialista. Los comunistas se dedicaron a mandar voluntarios y colaborar con
guerra psicológica, para respaldar a los sandinistas a la hora del triunfo y lograr que
éstos desplazaran o subordinaran a sus planes a los asociados capitalistas y sacerdotes
comprometidos con la Teología de la Liberación.
Esto explica las razones por las cuales aparecieron los pistoleros
venezolanos, posiblemente enviados por Carlos Andrés Pérez.
Briones Torres se refiere también a la información publicada por el
diario "La Prensa", de Managua, Nicaragua, con fecha del 18 de 1998, referente a
una nueva versión del asesinato, muy parecida de la original "lógica del
crimen", la que excluye a Silvio Peña Rivas e involucra a miembros del Frente
Sandinista, siendo estos Ernesto Castillo Martínez, Carlos Horacio Vega Marenco, Juan
Vidal, Antenor Ferrey, Danilo Aguirre Solís y Gerardo Arce Castaño ("Raúl").
Asimismo, menciona que a mediados de 1998, saldría a luz pública un libro destinado a
esclarecer por completo el asesinato del Doctor Chamorro Cardenal, donde estaría
claramente detallado y pormenorizado el plan sandinista que costó la vida al antiguo
director-propietario de "La Prensa". ¿Qué intereses han influido para que no
se publique dicho libro?
Es inmoral que todavía existan miembros de la familia Chamorro que
continúen afirmando que el Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, fue asesinado por
matones a sueldo del General Anastasio Somoza Debayle, el que en diferentes ocasiones
cuando se alzó en armas, pudo ordenar que lo presentaran como "muerto en
combate". Aquí hay una conspiración del silencio, caracterizada por acuerdos
secretos entre quienes han obtenido jugosos dividendos políticos y económicos por
continuar manteniendo este asunto como "razón de Estado" y los que manejaron
los hilos de la conspiración que costó la vida al mencionado periodista.
Con todos estos aportes, las escaleras y corredores ocultos de la historia
de que nos habla el gran novelista francés, Honorato de Balzac, quedan iluminados por los
acuerdos secretos concertados entre siniestros personajes, permitiendo encontrar
explicaciones lógicas y coherentes a una serie de acontecimientos que parecen absurdos a
primera vista. ¿Dónde están el Che Walter y el Che Manuel? Estos tenían la misión de
procurar eliminar toda sospecha de la participación sandinista en el asesinato de
Chamorro Cardenal. ¿Fueron también eliminados, como otros tantos internacionalistas en
la escuela de formación de cuadros terroristas del Balneario de Casares? El que estuvo a
cargo de la Dirección de Relaciones Internacionales del Frente Sandinista, ha de saber
mucho de estos asuntos. Otro tanto ocurre con el desertor del ejército sandinista y
ex-secretario de Humberto Ortega Saavedra, Róger Miranda Bengoechea. Mientras tanto,
continuar afirmando que Chamorro Cardenal fue asesinado por órdenes de Somoza Debayle,
constituye un crimen político de alta rentabilidad política y económica; en cambio
aceptar la realidad, significa agotar un rico filón de oro de 24 kilates.
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