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Joaquín Absalón Pastora
Edén Pastora creció influido por la
tragedia derivada del asesinato contra su padre Pánfilo Pastora, suceso que provocó la
dispersión familiar.
Doña Elsie Gómez de Pastora (su madre), viuda acribillada en vida por el
dolor haciendo sacrificios, logró internar a Edén en el Jesuítico Colegio
Centroamérica con lo cual dragó un poco su situación contristada. Posteriormente lo
envío a la Universidad de Guadalajara, en México, donde ya parte de la historia indica
que fortaleció las relaciones que habrían de conducirlo a su destino de guerrillero.
Antes se había celebrado aquella fiesta en la cual se le daba el
recibimiento al general Anastasio Somoza en la casona de mi progenitor, quien adoptó como
protegido suyo al "tristemente célebre" Alesio Gutiérrez, nacido en Terrabona
de donde llegó a Darío en la búsqueda de superiores posibilidades. Fué en ocasión de
la referida transacción que mi padre pidió a Somoza García que le concediera trabajo a
Gutiérrez por ser un muchacho inteligente cuyo porvenir podía ser trabado por las
limitaciones provincianas. Alesio tenía vocación por la música y jugaba con una
"pitoreta" a la cual le extraía armonías propias del temperamento
"chichero". Edén, Alesio y yo pasamos la infancia juntos sin presentir jamás
cuánto de diferente sería el respectivo devenir. Edén y Alesio se inclinaban por darle
movimiento a los "soldaditos" y las marchas militares que estaban de moda,
motivadas por la Segunda Guerra Mundial. Yo me inclinaba por darle forma de micrófono a
un "pote" viejo.
El amamanto pueril tenía puerto. Los destinos estaban ubicados. Alesio
transparentaba jovialidad y picardía. No era predecible que se convirtiera en el
tenebroso modelo de militar que lo implicaba en los vaivenes de la criminología.
Somoza dijo que lo iba a pulir para meterlo a la Banda de la Guardia
Nacional que en ese tiempo estaba en formación. Somoza efectivamente se lo llevó en la
gira y dicen que lo colocó en la "cruz roja" y luego en la orquesta del
Ejército. No "dió bola" como integrante de ese cuerpo armónico y lo mandaron
a la infantería donde prácticamente hizo su vida militar hasta convertirse en Coronel.
Muchos años después tanto Edén como el suscrito, tuvimos oportunidad de
volver a ver a Gutiérrez luciendo ya los atuendos castrenses. De Sargengo brincó a
Coronel. ¿Cómo ocurrió el reencuentro? En el caso de Edén fué así: Andando ya en la
clandestinidad y siendo Alesio la fiera pintada en los medios de la oposición
principalmente, Edén se vió involucrado en un "choque" automovilístico. Era
el perdedor. Por detalles de la casualidad pasaba en ese momento el oficial de infantería
de la guardia Nacional. Se saludaron con la rara emoción de las sorpresas. "Edén,
por un hoyo te veo bien", decíale, y repetía el estribillo haciendo el gesto de
cerrar un ojo. Abordaron el tema del choque y Alesio, siendo culpable Edén, lo dejó
solvente indicándole que era mejor que desapareciera del escenario lo más pronto
posible. Lo dejó libre. Nunca -creo- volvieron a verse, salvo cuando en la distancia cada
uno operaba en trinchera opuesta.
Casi en la misma época, desde que se fue de Ciudad Darío con Somoza
García, yo lo volví a ver en circunstancia distinta a la de Edén: Apuraba
"tragos" con el antiguo amigo Roberto Arana (el chele) a quien conocí en las
vecindades de Radio Mundial, en el histórico e inolvidable Barrio San Sebastián. El
crepúsculo de cada viernes nos daba la orden de olvidar la rutina con la refocilación
del alcohol. Esa vez asistimos a una conocida cantina de mujeres consideradas malas por el
asombro puritano (trabajadora social) les dicen ahora. La mesa vecina estaba siendo
sacudida por un "macho" desorbitado que "abofeteaba" a una mujer.
"El Chele", indignado, se acercó a la mesa protestando contra
la acción del agresor. En el momento de la discusión llegó "la zaranda" a
inspeccionar el lugar y se encontró con el escándalo. La coyuntura fué aprovechada por
los dos para plantearle el caso a los policías, pero éstos injustamente nos involucraron
al decirnos "ustedes también se van" y nos metieron a "la zaranda"
cuyo rumbo era "el hormiguero", cárcel muy conocida. Alesio Gutiérrez era el
Comandante de esa prisión. Pasamos la noche de pie en un galillo lleno de delincuentes.
Lamentábamos las consecuencias de la inoportuna intromisión. Cuando ya eran las seis de
la mañana divisamos a un oficial que lucía bien planchado uniforme con el quepis y los
distintivos de Coronel. El tipo como la mayoría de las gentes del norte no tenía fachada
de criollo, blanco, espigado y de ojos claros. Era Alesio Gutiérrez. Al verme el
reconocimiento fué inmediato "Chalón" qué estás haciendo aquí, qué
hiciste, dónde te has perdido". Le explicamos el incidente y su única reacción
fué decirnos: "Vayanse de aquí inmediatamente". Ya libres nos dedicamos a
comentar con la dulzura de la libertad los sinsabores de aquella lamentable imprudencia.
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