Roberto Zelaya Blanco
Quedé esposado a una columna y salieron por
un rato los dos esbirros argentinos.
Regresaron después acompañados del Responsable de la prisión, Róger
Cabezas Gómez y del asesor legal de éste, Doctor Diego Manuel Robles. Este profesional,
vestido de verde olivo y armado con un fusil FAL, acompañado de una de sus amigas, de
nombre Eloísa, mantuvo un lucrativo negocio con su jefe, consistente en poner en libertad
-previo pago de sus respectivos "honorarios"-, las personas detenidas por
chismes de cuarterías. Cabezas Gómez y su asesor me explicaron que si no tenía hábitos
masoquistas, lo más recomendable era que firmara una declaración, donde confesaba ser un
viejo agente al servicio de la CIA; haber participado en las fases de planeación del
asesinato del Doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal; haber transmitido la orden final a
Silvio Peña, tanto de parte de Somoza Debayle y Somoza Portocarrero como de los
residentes de la CIA en Nicaragua.
Les expliqué que todo eso era un tremendo disparate y que no lo creería
nadie, respondiéndome que disponían de procedimientos infalibles para quebrantar la
voluntad de resistencia de cualquier persona. Procedieron entonces a sacar mis brazos que
rodeaban la columna. Nuevamente esposado, pasaron un mecate por las "Hermanitas
Núñez" y me suspendieron un poco. El Che Walter expresó entonces, comienza la
sesión de "máquina" y se iniciaron los golpes en la espalda y abdomen. En los
períodos de descanso afirmaban que la revolución sería "generosa" conmigo, si
firmaba tal declaración, porque Chamorro Cardenal fue eliminado debido a que traicionó a
los revolucionarios sandinistas y a los que manipulados por la embajada de los Estados
Unidos, preparaban el "somocismo sin Somoza".
Mencionaron que el doctor Chamorro Cardenal pertenecía a un grupo de
conspiradores burgueses vinculados con los residentes de la CIA en Nicaragua y que cuando
éstos le confirmaron que su nombre no aparecía en la lista de personas que integrarían
la futura Junta de Gobierno, decidió entrevistarse con varios miembros de la Dirección
Conjunta del Frente Sandinista, lo que se facilitó por las relaciones que mantenía con
los que fueron reporteros de "La Prensa" y figuraban en los órganos supremos de
dirección política y militar de la revolución.
Muertos de risa expresaron que recomendó a los Comandantes Sandinistas
hacer concesiones tácticas, adoptando posturas reformistas para hacerse del poder sin
despertar recelos ni sospechas en el Gobierno de los Estados Unidos, dejando para más
adelante la implementación de su estrategia revolucionaria. Que entonces, los sandinistas
consideraron que Chamorro Cardenal era un provocador enviado por ese grupo de
conspiradores, siendo su verdadera misión saber si el Frente Sandinista estaba dispuesto
a integrarse en un Frente Popular manipulado por los grandes capitalistas y personal de la
Embajada Americana, considerando que se trataba de una trampa para desacreditarlos ante el
movimiento revolucionario mundial, presentándolos como reformistas, oportunistas,
revisionistas y sectarios, por lo que días después, su ejecución fue ordenada por el
Frente Sandinista y también por el grupo de conspiradores burgueses. Entonces, pibe -me
dijeron-, tu confesión es de importancia fundamental para el futuro de la revolución
popular sandinista, porque al firmarla, estarás confirmando que a nosotros se nos
adelantaron los sicarios al servicio de los asociados con el proyecto reformista del
"somocismo sin Somoza".
Entre sesiones de "máquina" y charlas de los torturadores,
llegamos a eso de las 8:00 P.M., cuando llegó un enviado de la Seguridad del Estado,
diciéndoles que me trasladaran a la Sección Operacional de tan siniestro organismo.
Hasta febrero de 1980, conocí el nombre de este esbirro, Norman Lacayo Rener, Fiscal de
Tribunales Populares.
Un poco antes de la media noche de ese 11 de octubre de 1979, me montaron
en una camioneta Blazer, hasta que llegamos a unos potreros en las cercanías del
Aeropuerto Internacional "Las Mercedes", donde me pusieron al lado de tres
grupos de 5 personas cada uno, procediendo a fusilarlos. Sobre mi persona lo hicieron con
balas de fogueo. Los 15 cadáveres fueron echados en la plataforma de un camión y en la
misma camioneta llegamos a las instalaciones de la Seguridad del Estado, a eso de las 2:00
A.M., permaneciendo en recepción.
Hasta las 6:00 A.M. del 12 de octubre, un esbirro de pseudónimo
operativo, "Ernesto", me condujo a uno de los antiguos dormitorios del personal
de la "Oficina de Seguridad Nacional (OSN)", donde estaban como unos 50
detenidos. Entre las personas que me vieron llegar golpeado y en estado desastroso,
recuerdo a Manuel Estrada Almendárez, Humberto Aguilar Chamorro, Rodolfo Guerrero
Barboza, Nicolás López Maltés y otros.
Después de comparecer ante los siniestros instrumentos del terror
rojinegro, los tristemente célebres Tribunales Especiales de Justicia o Tribunales
Populares Sandinistas -2 de febrero de 1980-, donde el Fiscal Específico del Tribunal No.
1 era el esbirro, Norman Lacayo Rener, fui trasladado a la Cárcel "Modelo", de
Tipitapa, lo que ocurrió el 26 de marzo. A finales de abril, trasladaron a Silvio Peña
Rivas y asociados, enterándome que Tomás Borge Martínez los llevó a la Quinta
"Subtiava", Carretera Sur, propiedad del Ingeniero Noel Pallais Debayle,
convertida entonces en un centro de torturas y exterminio de prisioneros políticos, donde
fueron salvajemente torturados por el propio Borge Martínez y su sádico asistente,
Marcel Figueroa. De esta manera los "prepararon" adecuadamente para el show
anunciado por Edén Pastora Gómez, el 29 de julio de 1979.
Pocos meses después de julio de 1979, ocurrió el asesinato de Marcel
Pallais Checa, hijo del Ingeniero Noel Pallais Debayle. Circuló el rumor que había
entrevistado a Silvio Peña Rivas, cuando lo capturaron en un retén situado en el
kilómetro ocho de la carretera sur, en compañía de Harold Cedeño, donde involucraba al
Frente Sandinista en el asesinato del doctor Chamorro Cardenal. Peña Rivas manifestó que
él no fue entrevistado por nadie mientras permaneció detenido en el Centro Cívico
Provisional, lo que fue corroborado por el jefe de la escuadra del lugar en que estuvo
detenido.
Orlando Barrera Molina ("El Indio"), natural de San Juan de
Telpaneca, el que por esas ironías del destino, cayó luego en desgracia, siendo detenido
y acusado de genocida guardia somocista en un Tribunal Popular, donde lo condenaron a 30
años de prisión y estuvo con nosotros en al Cárcel "Modelo", donde se puso
por boca de prisioneros de este tipo que el asesinato de Pallais Checa fue ordenado por el
propio Tomás Borge Martínez, porque lo consideraba un agente de la CIA infiltrado en el
Frente Sandinista, siendo realizado por terroristas salvadoreños del FMLN que se estaban
entrenando en Nicaragua.
Todo indica que los diferentes familiares por consanguinidad y afinidad
del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, estaban al tanto de todos los pasos que daban
los miembros de la Dirección Nacional del Frente Sandinista para borrar cualquier duda
que pudiera existir sobre su participación intelectual y material en el asesinato del
mencionado periodista, a fin de desacreditar para siempre el somocismo y el capitalismo en
Nicaragua, no estando dispuestos a tolerar que alguien se atreviera a involucrarlos, aún
cuando hubieran ordenado su ejecución, lo que comentaban cuando era torturado el Che
Walter, el Che Manuel, Róger Cabezas Gómez y el doctor Diego Manuel Robles.
Continua...
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