STEVEN WHITE EN LA LITERATURA NORTEAMERICANA
CONTEMPORANEA
Alvaro Urtecho
(Primera de dos parte)
Es sumamente grato para los poetas
nicaragüenses la visita de Steven White, destacado valor de la multifacética poesía
norteamericana contemporánea, ensayista, traductor de poetas hispánicos y brasileños, y
relevante investigador de la literatura y la cultura nicaragüense.
Digo relevante y no exagero, porque Steven White, nacido en Pennslylvania
en 1955 y doctorado en la Universidad de Oregon, es probablemente el hombre de letras que
ha dado a conocer más intensa y apasionadamente nuestra poesía en la lengua de Whitman y
Poe. En 1980, después de un largo período de investigación durante el cual trabó
conocimientos con nuestra nación y con algunos de sus poetas, sumergiéndose en la
realidad de nuestro pueblo y en nuestra desventurada y tragicómica historia política,
publicó una selecta antología de trece poetas nicaragüenses, bajo el sello de la
prestigiosa editorial Unicorn Press, con prólogo de Grace Schulmann. Entrada la década
de los 80, publicó un libro de entrevistas con escritores en la editorial City Light
Books de San Francisco. A comienzos de los 90 publicó La moderna poesía
nicaragüense y sus diálogos con Estados Unidos y Francia, modelo de libro de
ensayos de literatura comparada como pocas veces se ha hecho dentro de la vivaz y
pluralista cultura americana de lengua inglesa. Además, ha traducido libros de Pablo
Antonio Cuadra y Gioconda Belli y siempre sigue con la idea entusiasta de prolongar y
enriquecer su ya célebre antología del 80.
Pero no voy a hablar sobre su ya importante obra de crítico e
investigador, cuyos intereses se prolongan no sólo a la poesía chilena, brasileña,
quechua, la española contemporánea, sino sobre su poesía, poesía que, dicho sea de
paso, no es tan conocida como sí lo son sus trabajos de estudioso y académico.
Sin embargo, con sólo comenzar a leer sus poemas nos damos cuenta de que
estamos frente a un poeta formado en la más seria tradición intelectual de la poesía
anglosajona, es decir: la tradición de la poética meditativa y reflexiva que nos viene
de Wordsworth y se prolonga en Eliot, Wallase Stevens, Robert Lowell y ya acercándonos a
este Tercer Milenio, en un John Ashbery, representante de la llamada Escuela de Nueva
York, y uno de los poetas más degustados por White. Sí: estamos frente a un poeta de
severa tradición intelectual, practicante de un estilo casi siempre ceñido a las formas
estróficas tradicionales, incluyendo a veces el respeto y la subordinación a la
métrica.
Sin embargo, estamos también frente a un poeta de profundas resonancias
interiores, surreales, irracionales, míticas, místicas escatológicas, que se apartan de
la metafísica meditativa y se orientan, por su tono impugnador, audaz y transgresor,
hacia un pensamiento y una poética de la postmodernidad, es decir, hacia una poetica del
Tercer Milenio. Los núcleos y temas centrales de su poesía, tal como lo podemos advertir
desde su primer libro Las constelaciones de la historia o En el país del trueno,
girán en torno a una visión escatológica del mundo, que incluye lo apocalíptico.
Poeta cosmogónico, especialmente sensible a las visiones y
transverberaciones de la creación del cosmos y del mundo, pero también poeta
apocalíptico, consciente del pecado y del vacío de una civilización deshumanizada.
Poesía llena de simbolismo y alegorías místicas, que incluye las de la desgarradora
mística medieval con sus vitrales celestiales, sus juglares, cetrerías sus escenas de
santos macerados y escarnecidos y sus dramáticas danzas de la muerte. No por casualidad,
Steven White se inició en la poesía leyendo a William Blake, demiurgo del cielo y del
infeirno, y al galés Dylan Thomas, poeta de las vísceras y la vida prenatal, tan
estimado por nuestro Carlos Martínez Rivas.
En otras palabras, Steven White se sitúa con pie firme entre dos
tradiciones igualmente importantes y enriquecedoras de la poesía anglosajona: la
vertiente intelectual metafísica y la vertiente visionaria y surreal con sus raíces
fuertemente ancladas en la tradición romántica.
Aunque ha sido un visitante asiduo de los países emergentes, y conoce las
expresiones de la cultura popular y la llamada contracultura del rock y del pop, su
práctica poética difiere radicalemnte de la gran corriente exteriorista y coloquial
representada por un Ginsberg, un Kerouac o un Ferlinguetti, aunque no por eso vamos a
afirmar que es un poeta indiferente a la prosa cotidiana, un fellow de gafas doradas
recluido en los campus del sistema académico de su país, indiferente a la política y
los problemas sociales.
CONTINUA...
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