Comunistas acusan a sandinistas de
traicionar la revolución proletaria.
Por Roberto Zelaya Blanco
Cayó en mis manos un ejemplar del órgano oficial del Partido Comunista
de Nicaragua, "Avance" y quienes me lo entregaron, procedieron a preguntarme si
me encontraba viviendo en Nicaragua. Cuando les respondí que estaba radicado en los
Estados Unidos de América y andaba visitando a mis familiares y amigos, intercambiamos
impresiones acerca de la situación de los inmigrantes nicaragüenses que residen en dicho
país y de la forma en que van superando poco a poco una serie de problemas,
principalmente los del carácter legal de su residencia. Una de las preguntas que me
formularon es si se tienen noticias de la lucha que libran los comunistas en Nicaragua,
tanto contra el sandinismo como contra el Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
Les respondí que teníamos la percepción que la perestroika, el glasnot,
el derrumbe del Muro de Berlín y la desaparición del bloque soviético, habían
terminado para siempre con el grupúsculo que se hace llamar partido comunista de
Nicaragua, afectado también por el descrédito de sus socios sandinistas. Me sorprendió
la forma airada en que me respondieron los tres camaradas que andaban vendiendo
"Avance", recalcándome que ellos no tenían nada que ver con los sandinistas,
porque estos eran una pandilla de sinvergüenzas y criminales, los que traicionaron el
movimiento revolucionario mundial y que desde un comienzo estuvieron aliados con los
sectores más reaccionarios del gran capital nicaragüense, convirtiéndose a la larga en
opresores y explotadores de nuevo cuño.
Me quedé meditando sobre lo expuesto por los mencionados camaradas y
recordé, entonces, lo que sostienen los neo-marxistas, como Regis Debray, y lo que me
tocó observar y escuchar en las ergástulas de la Dirección Nacional de la Seguridad del
Estado Sandinista, durante el segundo semestre de 1979. Para comenzar, Debray afirma
tomando como modelo las revoluciones argelina y cubana-, que a la hora del triunfo,
los jefes militares del movimiento revolucionario desplazan a la dirigencia tradicional
del partido comunista, convirtiéndose de esta manera en dirigentes políticos y que si
esta situación no es aceptada por los viejos ñángaras, terminan estos en la cárcel o
en el paredón.
Están los ejemplos de la vieja dirigencia del Partido Socialista Popular
de Cuba, los que de inmediato reconocieron a Fidel Castro como el máximo dirigente
político y militar de la revolución, aceptando de buen grado su desplazamiento los
Carlos Rafael Rodríguez, Blas Roca, Lázaro Peña, Joaquín Ordoqui, etc. Asimismo, en
Argelia, los viejos comunistas, Ferhat Abbas y Ahmed Ben Bella, fueron desplazados por el
dirigente militar, Huari Boumedienne, tomando el primero la ruta del exilio y terminando
el segundo en la cárcel. Esto mismo se manifestó en Nicaragua, cuando los sandinistas,
contando con el apoyo del terrorismo internacional y la ayuda brindada por falsos
campeones de la democracia representativa latinoamericana, se apoderaron del poder,
procurando consolidar un proyecto totalitario de corte castro-comunista.
Siempre he sostenido que la llamada revolución popular sandinista,
calificada de proletaria, se caracteriza por carecer, precisamente, de proletarios en sus
órganos de dirección, integrados por vagos y personas de extracción capitalista. Desde
los primeros meses de ese supuesto poder popular de obreros y campesinos, un buen número
de dirigentes comunistas fueron encarcelados y recluidos en las ergástulas de la
Seguridad del Estado. Recuerdo a los hermanos Chester y Winston Wallace Simpson,
directores y editores del periódico "El Pueblo"; Alejandro Solórzano, del
SCAAS; Armando Ñurinda Ramírez; Tomás Pravia Reyes ("Colocho") y otros más
de las Milicias Populares Antisomocistas (MILPAS), acusados de ultraizquierdistas y
trotskistas, los que con su aventurerismo e infantilismo ponían en grave peligro la
institucionalización del proyecto revolucionario sandinista. La mayor parte aceptó la
dictadura colegiada de los sandinistas y los que se negaron, comparecieron ante uno de los
tristemente célebres Tribunales Especiales de Justicia, acusados de genocidas guardias
somocistas, paramilitares y agentes solapados del imperialismo yanqui, siendo condenados
también a 30 años de prisión.
Es de desear que esta pugna entre sandinistas y comunistas si es
verdadera-, se profundice y salgan a relucir toda la cadena interminable de crímenes de
guerra y de lesa humanidad y robos en que incurrieron los sandinistas y sus asociados
comunistas durante el período 1979-1990. Esto contribuirá a clarificar la historia de
Nicaragua, ubicando en su legítimo lugar a tanto falso revolucionario. Ojalá coadyuven
en este esfuerzo los llamados disidentes sandinistas.
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