HACIA UN NUEVO MILENIO
Róger Guevara Mena
Mucho se nos ha hablado a los nicaragüenses, del fin del siglo veinte y
el comienzo del veintiuno, así como el inicio del nuevo tercer milenio de la era
cristiana, al cual de una u otra forma como pedazo de Occidente nuestra Nación forma
parte, pues compartimos con el resto de ese mundo además de la geografía en el centro de
América, un conjunto de valores y principios de vida, heredados de una fe común, que ha
venido marcando desde el principio de nuestra historia como pueblo no solamente la vida
moral y religiosa desde hace más de quinientos años, sino que con sus mecanismos de
organización social y estructuras políticas nacidas y desarrolladas en Europa, ha
impuesto por su aceptación en nuestra sociedad mestiza, elementos básicos de convivencia
que hemos adoptados como propios, que Nos sirven de guía y referencia en nuestro diario
comportamiento nacional e internacional.
Es cierto que nuestra historia nacional desde antes de la Independencia
del Reino Español, ha estado marcada por revueltas e insurrecciones, donde no solamente
han caído bajo el cuchillo y fuego de los traidores y dictaduras personales o familiares,
políticos, juristas y militares, sino que también al igual que en otras naciones
latinoamericanas, obispos y misioneros, cuya cuota de parcipación estaba por encima de la
tolerancia reducida que permitían los criollos en el poder y que luego los herederos de
los caciques y encomenderos, despiadadamente se peleaban con las armas en la mano el
control de su parcela territorial, como costumbre repetida y previsible hasta fechas muy
recientes, visible también en parte de nuestros grupos políticos dirigentes, cuyas
mascaras hoy mucho más sofisticadas, escondieron brutales procedimientos de represión y
chantaje social detrás de su encendido y patriotero discurso, con la misma ambición de
poder, vanidad y dinero de otros tiempos, a cambio del engaño y miseria de las grandes
mayorías
Sin embargo nuestro pueblo en el curso de los últimos decenios, ha
aprendido a descubrir la verdad envuelta en la mentira y se ha dado cuenta que el
mecanismo de la democracia electoral que forma parte de las nuevas practicas de formación
de gobierno, ha hecho conciencia en las personas de las distintas clases sociales, que su
voto vale y que la decisión general es la mejor forma de expresar su aceptación o
rechazo de los programas y proyectos que ofrecen los líderes de partidos políticos, y
cada vez más se benefician del favor popular aquellos partidos que se manifiestan por la
consulta al pueblo sobre aspectos que tocan el interés general, de manera que los
criterios que respaldan el voto y la espera de la oportunidad de hacerlo, está cada vez
más presente en la conciencia individual y social, representando uno de los mayores
logros obtenidos y objetivos a mantener en el siglo que comienza.
Hacia el nuevo melenio, Nación continua en su marcha histórica en un
nuevo capítulo de su vida pública, acumulando en su alforja de viajes todas las
experiencias positivas y negativas que nuestros mayores nos han dejado y a su vez lo que
actualmente, como vicio o virtud nosotros en nuestras obras de actuación individual y
colectiva vamos dejando, sobre lo cual al poner el retrovisor del tiempo no podemos
desconocer lo poco que se ha avanzado en lo humano, aunque si por el transcurso del tiempo
y la situación geográfica, hemos dado saltos en la tecnología, que apenas nos inscriben
en el llamado occidente técnico, pero que no logra cubrir nuestra vergonzosa desnudez y
pobreza humana de guerras civiles, ambiciones personales, odios irreconciliables,
codicias, envidias y difamación que han marcado con sangre de Hermanos desde el inicio de
nuestra vida civil.
El pasado es nuestra común referencia, donde cada uno de nosotros
encuentra su propio antecedente, el presente lo representa el desafío de cada día al que
debemos responder, de acuerdo a nuestros valores y principios heredados y adoptados que
den solución a los múltiples problemas que nos plantea la sobrevivencia y convivencia en
el seno de nuestra comunidad nacional, sin embargo por muy duro y difícil que se nos
presente el acoso económico, político y social de nuestro tiempo, no podemos adoptar
decisiones o actuaciones que hipotequen el futuro de nuestra descendencia y por el
contrario, a pesar de nuestras naturales diferencia debemos encontrar el método en el
cual se respete la identidad de cada uno y se entregue en su oportunidad al relevo de
nuestra generación un País mejor que el que a nosotros nos toco recibir.
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