TITÁNICARAGUANO
Franz Galich
Cuenta la historia que cuando echaron al agua al Titanic, alguien comentó
que a ese barco ni Dios lo podía hundir. El resto es conocido.
En la historia nica ha sucedido algo parecido, solamente que con algunas
variantes. Ciertos grupos hegemónicos pensaron que, una vez en el poder, ya nadie ¡ni
Dios!, los podría hundir. Y uno tras otro, han visto desfilar los cadáveres de los
insensatos frente a la casa del pueblo.
Sólamente el Tayacán-Titanic popular permanece incólume, unas veces
estupefacto, otras descorazonado, con la vista perdida en lontananza, pero con la frente
en alto.
Por momentos, que duran varios años, pareciera que el barco ha perdido la
brújula, que la bruma lo abruma, que no hay capitán que dirija las maniobras para
esquivar los gigantescos témpanos de la indiferencia de los que se han creído
insumergibles, inhundibles. Pero no. ¡Qué va! Simplemente se están oreando en cubierta.
Saben que la tormenta se aproxima, pero que aún está lejos. La calma chicha es la que
precede la tormenta. Sabiduría de los pueblos pescadores de esperanzas.
Mientras el pueblo, sabio y paciente (nadie sabe de dónde les vienen esos
atributos, a no ser del Padre Tiempo), espera, los soberbios juegan con su paciencia,
sabedores de que la sabiduría manda en estos momentos, prudencia. Mientras tanto, ellos,
los insumergibles, temerosos, como el león acorralado, tiran zarpazos y dentelladas en
contra de todo lo que se mueve, (para acumular riqueza que les garantice su egoismo en la
vejez), sin percatarse de que su barco hace agua por todos lados, a babor y a estribor, en
la proa y en la popa, en la eslora toda.
¡Pobres realmente!, no saber leer la historia de la nevegación: no hay
barco que no se hunda sino se refuerza con una buena tripulación, y la única buena
tripulación es el pueblo. ¡Pobres realmente!, pues creen que remendando el casco éste
podrá resisitir las tormentas que le esperan. Si se hundió el Titanic, no se va a hundir
el esquife con pretenciones de portaviones nuclear de republiqueta limosnera tropical.
De una vez por todas, entiendan: si no se posee una buena tripulación,
cualquier nave se va a pique.
Mientras, el pueblo, escudriña el curso de los vientos, para saber de
dónde vendrá la próxima tormenta, que mal que bien, presagia lo que viene.
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