TEDDY ROOSEVELT: ECOLOGISTA, VIGOROSO E
INDISPENSABLE
Cecilia Ruiz de Ríos
Un 6 de enero de 1919, Estados Unidos se vistió de luto con la muerte de
uno de los titanes de su historia: Teodoro Roosevelt, el hombre a quien le debemos
muchísimas cosas, entre ellas el Canal de Panamá, el osito de peluche Teddy y el hecho
que el futbol americano no haya sido relegado al olvido gracias a las zurciduras que Teddy
hizo en su reglamento. Y aunque muchos lo han querido presentar como un rudo hombretón
que practicaba la doctrina del Gran Garrote, gobernantes como Teddy son indispensables por
su probidad indiscutible, su visión ecológica y su amor al pueblo.
Teodoro vino al mundo en Nueva York un 29 de octubre de 1858, el segundo
de 4 hijos que tuvo el matrimonio compuesto por un padre filántropo y Martha, una
bellísima sureña que fue la que inspiró a Margaret Mitchell para el personaje de
Scarlett O'Hara en la novela y posterior película "Lo que el viento se llevó".
Martha tenía el don de la palabra, buen humor y chispa intelectual, algo que fue heredado
por el robusto Teddy. A pesar de verse afectado por asma, Teddy nunca se dejó arrinconar
como muñeco de sala y desde chico le gustó ir al gimnasio y participar en toda suerte de
deportes. Le encantaban los pájaros, y muchas veces puso en la refrigeradora animales que
luego rellenaría con sus habilidades precoces de taxidermista. Manifestaba ávidos deseos
de ser ornitólogo o profesional de la ecología, pero cuando se fue a Harvard a estudiar
se metió al equipo de boxeo.
El nocáut que la vida le propinó a Teddy en sus tiempos de estudiantes
fue que cayó rendido a los pies de Alice Hathaway Lee, con quien acabaría casándose
tras su graduación de Harvard. Y aunque en ese entonces los cargos públicos no eran para
los de cuna de plata como Teddy, éste quiso competir con papi en lo único en que el
progenitor había fallado: la política. En 1861 Teddy fue candidato por los republicanos
por Nueva York. Una gran tragedia aguardaba al entusiasta Teddy el 14 de febrero de 1884,
tanto su progenitora Martha como su adorada esposa Alice se murieron de tifoidea en el
mismito día. A teddy le quedaba solamente una hija de su unión, y tras la muerte de su
mujer nunca más quiso hablar de ella. Abandonó la política en Nueva York y se fue a
Dakota del Norte a convertirse en ranchero.
La niña se quedó en Nueva York con una hermana y Teddy al aire libre se
hizo demócrata. Se identificó con los granjeros y la gente obrera sencilla, vestía ropa
de cuero y andaba con su séquito de cowboys. Las cosas iban muy bien en su rancho
Elkhorn, pero en 1886 Teddy regresó al Este. No ganó las elecciones de alcalde de Nueva
York, pero sí el corazón de Edith, una joven práctica y alegre que estaba destinada a
ser su segunda consorte. La carrera de Teddy comenzó a tomar vuelo. Lo pusieron de
comisionado de policía, donde hizo un operativo de limpieza, renovó las técnicas y
combatió a brazo partido el crimen organizado. En 1897 se fue de asistente de la naviera
nombrado por el presidente William McKinley, y le picaban los pies por irse a la guerra
cuando estallaron las hostilidades entre Estados Unidos y España.
En 1898, cuando el Maine había estallado frente a La Habana, el muerto se
lo habían echado a los españoles, y Estados Unidos declaró la guerra abiertamente.
Teddy renunció a su cargo para formar un grupo de caballería compuesto por una extraña
amalgama de chicos bien y rudos vaqueros. El 10 de julio de 1898 al darse la batalla de la
Loma de San Juan, Teddy se cubrió de gloria. Resultó herido por charneles, pero acabó
de héroe. Posteriormente diría que ese fue el mejor día de su vida. Teddy regresó a
casa para ser candidato a gobernador de Nueva York, y desde su nuevo cargo reformó la
política de impuestos, reformó el código laboral, impulsó políticas de
conservacionismo del medio ambiente y todos lo consideraron presidenciable.
Corrió para vicepresidente en fórmula con William McKinley y mostró ser
hábil con la palabra a pesar de su voz chillona de pito de tren. La victoria de su
fórmula lo aterrizó en Washington D.C. y cuando en septiembre de 1901 el presidente
McKinley murió tras un atentado, el "maldito vaquero" (a como lo llamaban sus
enemigos), apareció sentado en el taburete presidencial. A los 42 años, era el
presidente número 26 de la nación, sería el primero en viajar extensamente como parte
de un gran plan de agresiva política exterior, y sería el primer mandatario gringo en
meterse dentro de un submarino. No permitió que el Congreso le hiciera sombra, y se
declaró el sirviente de los intereses del pueblo. Teddy se opuso al monopolio de las
líneas férreas, defendió los beneficios del pueblo y reguló el quehacer de las grandes
empresas a las cuales él consideraba genuinas barracudas con piel de oveja.
Gigantes como la Standard Oil, Tabaco Americano y los trenes se vieron
afectados por su política, y en gestión exterior lo consideraron un hombre peligroso que
hablaba suavemente, pero que andaba siempre el gran garrote como polizonte de occidente.
En 1902 se dio la revolución en Panamá y Teddy apoyó a los rebeldes buscando cómo
sacar su provecho: la construcción del Canal de Panamá, un proyecto en el cual los
franceses habían hecho el bulto, el cuadro y el ridículo. No hubo debate de Congreso
sobre el proyecto, y Teddy juró que el canal se haría aunque él mismo tuviera que ir a
escarbar con sus manos desnudas. Tras haber ganado elecciones por 2 y medio millones de
votos en 1904, Teddy fue personalmente a Panamá.
Durante 10 años se trabajaría a todo motor. El canal costó menos de lo
presupuestado, y al final la factura fue de 380 millones de dólares, aunque Teddy hace
rato se había ido de la Casa Blanca. Teddy defendió como ninguno los derechos del
trabajador, y su Square Deal son reformas que benefician a las grandes mayorías. No
permitió corrupción en su gobierno y promulgó leyes para el uso beneficioso y sensato
de los recursos naturales. Creó el refugio de Isla Pelícano para los pájaros, además
de fomentar la creación de parques nacionales. Fue un verdadero gestor ecológico y en
1905 le tocó ser mediador entre Rusia y Japón en la cacareada Guerra Ruso-Japonesa.
Eso le ganaría el Premio Nóbel de la paz. Aún siendo presidente, se fue
de cacería en Mississippi con unos amigos, quienes creyeron que sería feo que Teddy no
lograra atrapar un oso grizzly. Le amarraron un cholenco espécimen a un árbol, pero
Teddy no lo quiso matar y lo remitió a un zoológico a que envejeciera en paz el pobre
animal. Esta anécdota se reflejó en varias caricaturas en los medios, y un comerciante
de peluches le pidió permiso a Teddy para usar su nombre para su nuevo producto: el osito
Teddy. En 1912 Teddy se vio salvado de la muerte por un grueso manojo de papeles en el
cual estaba su discurso de campaña. La bala dirigida a él en un atentado se desvió ante
el grosor de los papeles del discurso, y Teddy entre risas dijo que "bien paga ser
tapudo.". Teddy vio vencer a Woodrow Wilson para presidente. A los 56 años Teddy se
fue en una expedición al Brasil, buscando un río misterioso, pero en medio de sus
aventuras en el bosque se vio herido pidiendo que lo dejaran morir. Tras su viaje, se fue
a retiro en Sagamore Hill. Hoy el río brasileño que encontró lleva su nombre. El
robusto Teddy murió sordo y con dificultad en la vista a los 60 años de edad, víctima
de insuficiencia cardíaca y lo enterraron en el Memorial Cemetery de Oyster Bay.
|