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Cuando
se examina al microscopio el tejido prostático obtenido tras una intervención
quirúrgica o en una autopsia, se encuentra cáncer en el 50 por ciento de los hombres
mayores de 70 años y prácticamente en todos los mayores de 90.
La mayoría de estos cánceres nunca
presenta síntomas porque crecen muy lentamente; sin embargo, algunos cánceres de
próstata sí crecen de forma más agresiva y se extienden por todo el cuerpo. Aun cuando
menos del 3 por ciento de los hombres que padecen esta enfermedad mueren a causa de ella,
en muchos países, el cáncer de próstata es aún la segunda causa de muertes más
frecuente entre los varones.
Síntomas
En general, el cáncer de próstata
crece lentamente y no presenta síntomas, a menos que se encuentre en estado avanzado. A
veces los síntomas parecen similares a los de la hiperplasia benigna de próstata,
incluyendo la dificultad para orinar y la necesidad de hacerlo con frecuencia. Estos
síntomas aparecen porque el cáncer bloquea parcialmente el flujo por la uretra. Más
adelante, el cáncer de próstata puede provocar orina con sangre o una repentina
retención urinaria.
En algunos casos, el cáncer de
próstata no se diagnostica hasta que se extiende (metástasis) hasta el hueso
(típicamente la pelvis, las costillas y las vértebras) o los riñones, produciendo
insuficiencia renal.
El cáncer de hueso tiende a ser
doloroso y puede debilitarlo hasta el punto de causar fracturas. Una vez que el cáncer se
ha extendido, es frecuente que la persona tenga anemia. El cáncer de próstata también
puede extenderse hasta el cerebro, provocando ataques epilépticos, confusión y otros
síntomas mentales o neurológicos.
Diagnóstico
Dado que el cáncer de próstata es
tan común, muchos médicos lo buscan intencionadamente con el fin de poder establecer un
diagnóstico en las primeras fases, cuando aún puede curarse.
El mejor modo de buscarlo es hacer
un examen rectal con el dedo y un análisis de sangre una vez al año. Durante el examen
rectal, el médico palpa la próstata. Si la persona tiene cáncer, el médico suele
percibir un nódulo. El análisis de sangre mide el valor de antígeno específico
prostático (AEP), una sustancia cuya concentración se eleva habitualmente en las
personas que presentan cáncer de próstata, pero que también puede aparecer en altas
cantidades (aunque, en general, en menor proporción) en pacientes con hiperplasia benigna
de próstata. Esta prueba no alcanza a descubrir un tercio de los cánceres de próstata
(falso resultado negativo) y en alrededor del 60 por ciento de las veces indica cáncer
cuando en realidad no lo hay (falso resultado positivo).
A pesar de que el examen aumenta las
probabilidades de detectar el cáncer en sus primeras fases, también puede suponer
realizar costosas e innecesarias pruebas diagnósticas y establecer un tratamiento sobre
la base de un resultado falso positivo. Algunas organizaciones recomiendan realizar una
determinación de AEP cada año para detectar la presencia de cáncer, mientras que otras
no lo incluyen como una prueba de detección sistemática.
Si el médico percibe un nódulo,
puede examinar más detenidamente la próstata con una ecografía, un examen que utiliza
ondas sonoras. Si este examen revela la presencia de un nódulo sospechoso, el médico
generalmente obtiene varias muestras de tejido de la próstata. La persona recibe sólo un
anestésico local antes de la intervención y no se requiere hospitalización.
Las muestras de tejido son
examinadas al microscopio y pueden efectuarse en ellas ciertas pruebas bioquímica. Estas
pruebas ayudan a determinar si el cáncer es de tipo agresivo, que tiene probabilidades de
extenderse con rapidez, o bien si es de tipo corriente, que tiende a crecer y a extenderse
lentamente. También indican hasta qué punto se ha extendido el cáncer dentro de la
glándula. Los tumores óseos metastásicos pueden ser detectados con radiografías o bien
mediante una gammagrafía de los huesos.
Existen dos parámetros que ayudan
al médico a determinar el curso posible del cáncer y el mejor tratamiento.
Hasta dónde se ha extendido. Si el
cáncer está confinado a una parte pequeña de la glándula de la próstata, en general,
pasarán muchos años antes de que se extienda a las áreas que rodean la glándula y
después al hueso y a otras partes del cuerpo.
El grado de malignidad de las
células. Las células del cáncer de próstata que se ven más distorsionadas al
examinarlas al microscopio tienden a crecer y a extenderse con mayor rapidez.
Tratamiento
El tratamiento puede afectar
gravemente a la forma de vida de la persona. La cirugía mayor, la radioterapia y los
fármacos contra el cáncer de próstata suelen producir impotencia y pueden provocar
incontinencia. El tratamiento proporciona menos ventajas a los hombres de más de 70 años
que a los más jóvenes, ya que los de mayor edad tienen más probabilidades de morir
debido a otras causas. Muchos hombres enfermos de cáncer de próstata, en especial los de
mayor edad con un cáncer en su fase inicial, deciden que es mejor esperar y observar.
Cuando un sujeto y su médico
deciden que es necesario seguir un tratamiento, el tipo de terapia dependerá del alcance
de la enfermedad. Por lo general, el cáncer confinado a la próstata puede curarse
extirpando la próstata quirúrgicamente o bien con radioterapia.
En los hombres sexualmente activos
que padecen ciertos tipos de cáncer, puede optarse por un procedimiento quirúrgico
llamado prostatectomía radical de preservación de la potencia. Este procedimiento, que
preserva ciertos nervios, mantiene la potencia sexual en alrededor del 75 por ciento de
los pacientes.
Menos del 5 por ciento presenta
incontinencia. Sin embargo, el procedimiento tiene menos probabilidades de curar la
enfermedad en los tipos de cáncer más agresivos y no tiene ningún sentido efectuarlo en
los casos en los que el cáncer se ha extendido más allá de la próstata.
La radioterapia puede ser utilizada
para tratar el cáncer confinado a la próstata. También se trata de una opción válida
cuando el cáncer ha invadido los tejidos que rodean la próstata pero no se ha extendido
hasta órganos más distantes. La radiación se aplica con un aparato de emisión externa
o bien mediante implantes radiactivos que se insertan en la próstata.
El cáncer de próstata metastásico
avanzado no se cura, pero los síntomas pueden aliviarse. Como muchos cánceres de
próstata dependen de los valores de testosterona que tenga la persona, los tratamientos
que bloquean los efectos de esta hormona pueden reducir el crecimiento de los tumores.
Aproximadamente el 80 por ciento de
los hombres que padecen cáncer de próstata presenta una respuesta positiva al
tratamiento que bloquea dichos efectos.
Una forma de bloquearlos es tomar
ciertos medicamentos, como el leuprolide. Sin embargo, este tratamiento provoca cambios
significativos en el organismo, incluyendo reducción de la libido, impotencia y
crecimiento de las mamas (ginecomastia).
Además, en casi un tercio de los
hombres con enfermedad avanzada, el cáncer resiste a dicho tratamiento al cabo de un
año.
La extirpación de ambos testículos
(orquiectomía bilateral) reduce notablemente los valores de testosterona, pero los
efectos físicos y psicológicos hacen que este procedimiento resulte inaceptable para
algunos hombres.
Sin embargo, es eficaz, no necesita
tratamientos repetitivos, es menos costoso que la terapia con medicamentos y no requiere
siquiera un día completo de hospitalización.
El cáncer de hueso, que provoca
dolor y que no responde a otros tratamientos, puede ser tratado con radioterapia o con
fármacos que puedan reducir los tumores, como el mestranol.
(Autorizado Manual Merck).
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