PROBLEMAS DE SALUD EN EL VARON

El Cáncer de próstata

  • El cáncer de próstata es extremadamente frecuente, aun cuando su causa exacta sea desconocida.

Prostata.jpg (15523 bytes)Cuando se examina al microscopio el tejido prostático obtenido tras una intervención quirúrgica o en una autopsia, se encuentra cáncer en el 50 por ciento de los hombres mayores de 70 años y prácticamente en todos los mayores de 90.

La mayoría de estos cánceres nunca presenta síntomas porque crecen muy lentamente; sin embargo, algunos cánceres de próstata sí crecen de forma más agresiva y se extienden por todo el cuerpo. Aun cuando menos del 3 por ciento de los hombres que padecen esta enfermedad mueren a causa de ella, en muchos países, el cáncer de próstata es aún la segunda causa de muertes más frecuente entre los varones.

Síntomas

En general, el cáncer de próstata crece lentamente y no presenta síntomas, a menos que se encuentre en estado avanzado. A veces los síntomas parecen similares a los de la hiperplasia benigna de próstata, incluyendo la dificultad para orinar y la necesidad de hacerlo con frecuencia. Estos síntomas aparecen porque el cáncer bloquea parcialmente el flujo por la uretra. Más adelante, el cáncer de próstata puede provocar orina con sangre o una repentina retención urinaria.

En algunos casos, el cáncer de próstata no se diagnostica hasta que se extiende (metástasis) hasta el hueso (típicamente la pelvis, las costillas y las vértebras) o los riñones, produciendo insuficiencia renal.

El cáncer de hueso tiende a ser doloroso y puede debilitarlo hasta el punto de causar fracturas. Una vez que el cáncer se ha extendido, es frecuente que la persona tenga anemia. El cáncer de próstata también puede extenderse hasta el cerebro, provocando ataques epilépticos, confusión y otros síntomas mentales o neurológicos.

Diagnóstico

Dado que el cáncer de próstata es tan común, muchos médicos lo buscan intencionadamente con el fin de poder establecer un diagnóstico en las primeras fases, cuando aún puede curarse.

El mejor modo de buscarlo es hacer un examen rectal con el dedo y un análisis de sangre una vez al año. Durante el examen rectal, el médico palpa la próstata. Si la persona tiene cáncer, el médico suele percibir un nódulo. El análisis de sangre mide el valor de antígeno específico prostático (AEP), una sustancia cuya concentración se eleva habitualmente en las personas que presentan cáncer de próstata, pero que también puede aparecer en altas cantidades (aunque, en general, en menor proporción) en pacientes con hiperplasia benigna de próstata. Esta prueba no alcanza a descubrir un tercio de los cánceres de próstata (falso resultado negativo) y en alrededor del 60 por ciento de las veces indica cáncer cuando en realidad no lo hay (falso resultado positivo).

A pesar de que el examen aumenta las probabilidades de detectar el cáncer en sus primeras fases, también puede suponer realizar costosas e innecesarias pruebas diagnósticas y establecer un tratamiento sobre la base de un resultado falso positivo. Algunas organizaciones recomiendan realizar una determinación de AEP cada año para detectar la presencia de cáncer, mientras que otras no lo incluyen como una prueba de detección sistemática.

Si el médico percibe un nódulo, puede examinar más detenidamente la próstata con una ecografía, un examen que utiliza ondas sonoras. Si este examen revela la presencia de un nódulo sospechoso, el médico generalmente obtiene varias muestras de tejido de la próstata. La persona recibe sólo un anestésico local antes de la intervención y no se requiere hospitalización.

Las muestras de tejido son examinadas al microscopio y pueden efectuarse en ellas ciertas pruebas bioquímica. Estas pruebas ayudan a determinar si el cáncer es de tipo agresivo, que tiene probabilidades de extenderse con rapidez, o bien si es de tipo corriente, que tiende a crecer y a extenderse lentamente. También indican hasta qué punto se ha extendido el cáncer dentro de la glándula. Los tumores óseos metastásicos pueden ser detectados con radiografías o bien mediante una gammagrafía de los huesos.

Existen dos parámetros que ayudan al médico a determinar el curso posible del cáncer y el mejor tratamiento.

Hasta dónde se ha extendido. Si el cáncer está confinado a una parte pequeña de la glándula de la próstata, en general, pasarán muchos años antes de que se extienda a las áreas que rodean la glándula y después al hueso y a otras partes del cuerpo.

El grado de malignidad de las células. Las células del cáncer de próstata que se ven más distorsionadas al examinarlas al microscopio tienden a crecer y a extenderse con mayor rapidez.

Tratamiento

El tratamiento puede afectar gravemente a la forma de vida de la persona. La cirugía mayor, la radioterapia y los fármacos contra el cáncer de próstata suelen producir impotencia y pueden provocar incontinencia. El tratamiento proporciona menos ventajas a los hombres de más de 70 años que a los más jóvenes, ya que los de mayor edad tienen más probabilidades de morir debido a otras causas. Muchos hombres enfermos de cáncer de próstata, en especial los de mayor edad con un cáncer en su fase inicial, deciden que es mejor esperar y observar.

Cuando un sujeto y su médico deciden que es necesario seguir un tratamiento, el tipo de terapia dependerá del alcance de la enfermedad. Por lo general, el cáncer confinado a la próstata puede curarse extirpando la próstata quirúrgicamente o bien con radioterapia.

En los hombres sexualmente activos que padecen ciertos tipos de cáncer, puede optarse por un procedimiento quirúrgico llamado prostatectomía radical de preservación de la potencia. Este procedimiento, que preserva ciertos nervios, mantiene la potencia sexual en alrededor del 75 por ciento de los pacientes.

Menos del 5 por ciento presenta incontinencia. Sin embargo, el procedimiento tiene menos probabilidades de curar la enfermedad en los tipos de cáncer más agresivos y no tiene ningún sentido efectuarlo en los casos en los que el cáncer se ha extendido más allá de la próstata.

La radioterapia puede ser utilizada para tratar el cáncer confinado a la próstata. También se trata de una opción válida cuando el cáncer ha invadido los tejidos que rodean la próstata pero no se ha extendido hasta órganos más distantes. La radiación se aplica con un aparato de emisión externa o bien mediante implantes radiactivos que se insertan en la próstata.

El cáncer de próstata metastásico avanzado no se cura, pero los síntomas pueden aliviarse. Como muchos cánceres de próstata dependen de los valores de testosterona que tenga la persona, los tratamientos que bloquean los efectos de esta hormona pueden reducir el crecimiento de los tumores.

Aproximadamente el 80 por ciento de los hombres que padecen cáncer de próstata presenta una respuesta positiva al tratamiento que bloquea dichos efectos.

Una forma de bloquearlos es tomar ciertos medicamentos, como el leuprolide. Sin embargo, este tratamiento provoca cambios significativos en el organismo, incluyendo reducción de la libido, impotencia y crecimiento de las mamas (ginecomastia).

Además, en casi un tercio de los hombres con enfermedad avanzada, el cáncer resiste a dicho tratamiento al cabo de un año.

La extirpación de ambos testículos (orquiectomía bilateral) reduce notablemente los valores de testosterona, pero los efectos físicos y psicológicos hacen que este procedimiento resulte inaceptable para algunos hombres.

Sin embargo, es eficaz, no necesita tratamientos repetitivos, es menos costoso que la terapia con medicamentos y no requiere siquiera un día completo de hospitalización.

El cáncer de hueso, que provoca dolor y que no responde a otros tratamientos, puede ser tratado con radioterapia o con fármacos que puedan reducir los tumores, como el mestranol.

(Autorizado Manual Merck).


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Ed.   45- del 13 al 26  de Marzo de . 2000

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