Enfermedad
de Peyronie: La enfermedad de Peyronie es un engrosamiento fibroso que
provoca contracturas en el pene y deforma la erección.
La causa de la enfermedad de
Peyronie, que afecta a los varones adultos, es desconocida. El tejido fibroso que forma
las contracturas provoca una curvatura en el pene erecto que puede hacer difícil o
imposible la penetración sexual. La enfermedad puede causar erecciones dolorosas. El
tejido fibroso puede extenderse incluso hacia el tejido eréctil (cuerpos cavernosos),
impidiendo completamente la erección.
La enfermedad de Peyronie puede
curarse por sí sola en el curso de varios meses. Las inyecciones de corticosteroides en
el área afectada pueden ser útiles. En algunos casos, los síntomas pueden aliviarse con
el uso de tratamientos con ultrasonidos. Lo más habitual es que las áreas fibrosas deban
ser extirpadas quirúrgicamente. La cirugía puede curar la enfermedad pero, en algunas
ocasiones, puede provocar una cicatrización mayor que hace que la situación empeore. La
cirugía puede originar también impotencia.
Hiperplasia benigna
de la próstata: La hiperplasia benigna de la próstata es una
formación no cancerosa (benigna) de esta glándula.
La hiperplasia benigna de la
próstata es frecuente en los mayores de 50 años. La causa es desconocida, pero puede
tener que ver con los cambios en los valores hormonales que se producen con el
envejecimiento. La próstata es una glándula que rodea la uretra y, si crece, puede
estrecharla gradualmente.
Con el paso del tiempo, el flujo de
orina puede resultar obstruido. Como resultado, los músculos de la vejiga se vuelven más
gruesos y fuertes para poder empujar la orina hacia fuera. No obstante, cuando un sujeto
con hiperplasia benigna de próstata orina, la vejiga puede no vaciarse por completo. En
consecuencia, la orina se estanca exponiendo a la persona a infecciones y a la formación
de cálculos.
Una obstrucción prolongada puede
dañar los riñones. En un varón con hiperplasia benigna de próstata, los fármacos que
afectan negativamente al flujo de orina, como los antihistamínicos, pueden provocar una
obstrucción.
Síntomas: La hiperplasia benigna de
la próstata presenta los primeros síntomas cuando la próstata agrandada comienza a
obstaculizar el flujo de orina. Al principio, el paciente puede tener dificultades al
comenzar a orinar. También puede sentir que la descarga de orina ha sido incompleta. Como
la vejiga no se vacía por completo en cada micción, tiene que orinar con más
frecuencia, sobre todo por la noche (nicturia) y la necesidad se vuelve cada vez más
imperiosa.
El volumen y la fuerza de flujo de
orina pueden reducirse notablemente, y puede haber goteo al final de la micción.
Finalmente, la vejiga puede llenarse en exceso, provocando incotinencia urinaria.
Algunas pequeñas venas de la uretra
y de la vejiga pueden reventar cuando el paciente se esfuerza por orinar, y ello hace que
aparezca sangre en la orina. La obstrucción completa puede imposibilitar la micción, lo
cual produce una sensación de saciedad y luego un dolor agudo en la parte inferior del
abdomen.
Las infecciones de la vejiga pueden
causar una sensación de quemazón durante la micción y también fiebre. El residuo de la
orina que se devuelve también aumenta la presión sobre los riñones, pero rara vez
produce permanentes lesiones del riñón.
Diagnóstico: El médico que
sospecha un caso de hiperplasia benigna de próstata basándose en los síntomas realiza
una exploración física. Al palpar la próstata durante un examen rectal, el médico
generalmente puede determinar si está agrandada. También buscará nódulos, que pueden
indicar la presencia de cáncer, y comprobará si existe dolor, lo cual puede ser indicio
de infección.
En general se realizan análisis de
sangre que miden la función renal, así como otras pruebas que determinan si una persona
tiene cáncer de próstata. Estos análisis miden las concentraciones de antígeno
específico prostático (AEP). Los resultados muestran valores elevados en un 30 o en un
50 por ciento de los hombres con hiperplasia benigna de próstata. Dicho incremento
significa que debería llevarse a cabo otra evaluación para determinar si la persona
tiene cáncer de próstata, pero no significa que así sea.
En ocasiones, es necesario realizar
más pruebas. El médico puede usar un catéter para medir la cantidad de orina que queda
en la vejiga tras la micción. Sin embargo, lo más común es que el médico haga orinar a
la persona en un urofluómetro (un instrumento que mide el flujo urinario). Un examen con
ultrasonidos (ecografía) puede medir el tamaño de la próstata y ayuda a determinar si
el cáncer es una causa posible.
En raras ocasiones, el médico pasa
un endoscopio (un tubo flexible que permite visualizar) hasta la uretra para determinar si
el flujo de orina está obstaculizado por otra razón que no sea el crecimiento de la
próstata.
Tratamiento:
Los síntomas pueden aliviarse con fármacos alfaadrenérgicos que relajan los músculos
de la salida de la vejiga, como la terazosina y la doxazosina. Para reducir el tamaño de
la próstata y posponer la necesidad de cirugía, pueden administrarse medicamentos como
el finasteride, pero la mejoría de los síntomas puede tardar en producirse hasta 3 meses
o más.
Se requiere un tratamiento adicional
si los síntomas se vuelven insoportables, el conducto urinario se infecta, el riñón
comienza a dejar de funcionar o el flujo de orina resulta completamente obstaculizado. Un
hombre que no puede orinar en absoluto necesita que se le coloque un catéter de Foley
para drenar la vejiga. Cualquier infección se trata con antibióticos.
La cirugía es la opción que más
alivia los síntomas. El procedimiento más frecuente es la resección transuretral de la
próstata, mediante la cual el médico introduce un endoscopio hasta la uretra y elimina
parte de la próstata. Este procedimiento no requiere una incisión quirúrgica y, en
general, se administra un anestésico inyectado en la columna vertebral. Sin embargo, el 5
por ciento de los varones que se someten a esta intervención, o incluso menos, sufren
incontinencia urinaria.
En raras ocasiones, el sujeto sufre
de impotencia, necesita que se le dilate la uretra o requiere otra resección transuretral
en los 3 años siguientes. Otra alternativa es utilizar un endoscopio equipado con un
láser para quemar el tejido prostático, causando menos daño a los nervios y menos
complicaciones. Sin embargo, hasta la fecha no existen estudios sobre las consecuencias de
este procedimiento a largo plazo. Otros tratamientos probados recientemente son el uso de
calor por microondas para reducir el tejido prostático y el uso de un globo para dilatar
la uretra.
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