Editores: Dr.
Enrique Sánchez Delgado y Heinz Liechti, M.Sc.
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Dr.
Enrique Sánchez |
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UN
NUEVO PILAR EN EL MANEJO DE LA DIABETES MELLITUS |

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Heinz
Liechti |
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Primero fue la insulina, luego las sulfonilureas,
más recientemente la metformina y ahora las glitazonas. Dos de ellas, metformina y
glitazonas, pueden ser consideradas con justicia como uno de los avances
farmacoterapéuticos más relevantes del fin del siglo XX (años 90's), y no sólo con
relación a la diabetes, sino al contexto global de los factores de riesgo cardiovascular.
La metformina tuvo un renacimiento
brillante al demostrase en el estudio británico de diabetes (UKPDS), ser el único
antidiabético que reduce, no sólo las complicaciones microvasculares de la diabetes,
como también lo hacen la insulina y las sulfonilureas, sino también las macrovasculares,
y lo que es aún más importante, la mortalidad, siendo costo-efectiva, pues por cada
catorce pacientes tratados por diez años, se evita un evento mayor o una muerte.
El advenimiento reciente de las
glitazonas, que son agonistas de los receptores PPAR-gama (receptor activador de la
proliferación de las peroxisomas), significa un nuevo y muy prometedor mecanismo o
enfoque para el manejo de la diabetes y prevención de sus complicaciones. Importantes
grupos de investigadores se están ocupando con este enfoque en todo el mundo.
Las glitazonas van al verdadero
corazón de la diabetes tipo 2, la insulinoresistencia y el síndrome metabólico.
Mejoran la sensibilidad a la
insulina en los tejidos, disminuyen la producción de glucosa hepática, favorecen la
acción de la insulina endógena o exógena (por lo que se pueden usar como monofármacos,
o en combinación con insulina, metformina o sulfonilureas) y actúan favorablemente sobre
los lípidos, al menos sobre los triglicéridos y el colesterol HDL. Si cumplen su
promesa, podrán contribuir a reducir las complicaciones y la mortalidad en la diabetes.
Un factor importante es que, similar a la metformina, mejoren el metabolismo de la glucosa
sin aumentar el INDICE PULSOMASA, es decir, sin producir hiperinsulinemia, estímulo
simpático, aumento del pulso en reposo o aumento significativo del peso corporal.
Es decir, que el INDICE PULSOMASA
(Pulso en reposo por Indice de Masa Corporal dividido entre 1730) del paciente, se
mantenga o mejor aún, que disminuya.
Otra de las promesas de las
glitazonas es que parecen actuar favorablemente en otro de los procesos claves de la
aterosclerosis, a saber, la inflamación de la pared arterial. Desde ya sugerimos hacer
estudios a largo plazo sobre eventos mayores (infartos, mortalidad, etc.), pues el tiempo
es el que dirá la última palabra.
Las glitazonas también favorecen
las diferenciación o maduración de los adipocitos, por lo que podrían ser útiles en
algunos tipos de cáncer (hígado, colon, próstata, mama), en los que estas células de
algún modo están implicadas. De nuevo, falta muchísimo por investigar en estas áreas.
De las glitazonas aprobadas por la
FDA, dos se encuentran en Nicaragua, la troglitazona (Rezulin) y la rosiglitazona
(Avandia, la más reciente). La primera ha producido algunos casos de hepatotoxicidad, por
lo que se recomienda un estricto control de las enzimas hepáticas. La rosiglitazona, el
más potente agonista de los receptores PPAR-gama, no ha resultado hepatotóxico en más
de cuatro mil pacientes estudiados, lo que nos confiere a médicos y pacientes un mayor
margen de seguridad. De todos modos consideramos prudente, si no indispensable, llevar un
control de la función hepática, al menos al inicio, y ser cautelosos con los pacientes
que ya la tienen alterada.
Esperamos que esta brillante
adición al manejo de la pandemia mundial de diabetes, las glitazonas, cumplan la
"regla de oro" y aprueben la "prueba del tiempo", sin olvidar que el
ejercicio y la dieta balanceada siguen siendo el mejor y más económico medio de evitar
la resistencia a la insulina y de mejorar la diabetes y sus complicaciones.
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