PARTE I
"Muchas veces se me presenta al hombre
de hoy como una fortaleza asediada por tierra, mar y aire, con el agravante de tener
encerrados y escondidos dentro de sus propios muros a numerosos enemigos. Las presiones
provienen de todas partes y convergen en el corazón de la fortaleza; no raramente, el
lugar de trabajo es un avispero de intrigas; con frecuencia, el hombre siente a su costado
una despiadada competencia profesional; muchas veces, las relaciones familiares son fuente
de incomprensiones; y con cuanta frecuencia, ¡ay! el santuario del matrimonio se
convierte en un cuadrilatero de combate y dolor; la salud experimenta alternativas
inquietantes; la contaminación ambiental, el congestionamiento del tráfico, las
multitudes hacinadas, las alteraciones atmosféricas, las irradiaciones telúricas, la
granizada invisible de los rayos cósmicos...
El sistema nervioso del pobre hombre recibe este asedio implacable y va debilitándose
golpe a golpe, hasta acabar como un luchador vencido" (I. Larrañaga: Del Sufrimiento
a la Paz. Ed. San Pablo, 13a. Edición; 1997).
En los años 20 del siglo pasado, Walter Cannon; un fisiólogo de la Universidad de
Harvard, realizó la primera descripción de la reacción de animales y personas ante
peligros externos. El descubrió una serie de reacciones que se desencadenan en el sistema
nervioso y endocrino, que preparan al organismo a la defensa y lucha (o huída hacia la
seguridad). Cannon denominó a esa reacción de estrés (que tiene naturaleza doble) como
SINDROME DE LUCHA-O -HUIDA.
Hans Selye, un endocrinólogo canadiense; fue el primero que estudió con medios
científicos modernos los efectos del estrés duradero sobre el organismo. Además de las
reacciones del organismo ante un estresor específico, que son específicas (p. ejemplo
vasoconstricción ante el frío); existe un patrón inespecífico de mecanismos
adaptativos fisiológicos que se presenta con casi todo estresor. Ese patrón fue
designado por Selye como SINDROME DE ADAPTACION GENERAL.
El estrés es un patrón de reacciones específicas e inespecíficas de un organismo
ante acontecimientos (estímulos) que alteran el equilibrio y que dañan o sobrepasan la
capacidad de superarlos. Esos acontecimientos comprenden un amplio espectro de condiciones
externas e internas, que en su globalidad son denominadas como estresores.
Un estresor es un acontecimiento - estímulo que requiere del organismo una reacción
adaptativa. La reacción de estrés comprenden múltiples reacciones que ocurren a
diferentes niveles: fisiológicos, conductuales, emocinales y cognitivos. (Zimbardo Ph.
G.: Psychologie, Ed. Springer. 5. edición-1992).
Sin embargo, existen diferencias individuales: algunas personas viven situaciones
estresantes, una tras otra; sin derrumbarse o colapsarse, mientras que otras con
situaciones menos estresantes caen en excitación. Esto es así porque la inmensa mayoría
de estresores no actúan de manera directa sobre el organismo. El efecto depende de otras
condiciones que en su conjunto se denominan variables moderadoras, que moderan el efecto
de un estresor (valga la redundancia). La valoración cognitiva de un estresor es una de
tales variables moderadoras, y una muy importante. Los recursos disponibles es otro
moderador.
La valoración cognitiva es tan importante, pero comúnmente nosotros creemos que el
estrés es externo a nuestro organismo. El Dr. D. Chopra en su libro Cómo crear salud,
cita a un Dr. D. X. Friedman, quien dice: "El estrés es una acción conjunta del
cuerpo y la mente, que involucra la evaluación de una amenaza, una regulación
instantánea de la reacción.
El mecanismo que lo acciona es la percepción de la amenaza por el individuo, no un
suceso. La percepción es modificada por el temperamento y la experiencia". La
valoración de un determinado estresor y de nuestros recursos disponibles para superarlo
puede ser tan importante para la experiencia consciente, para la elección de estrategias
apropiadas y para el manejo exitoso del estrés; a como lo puede ser el estresor real.
Si interpretamos que un determinado estresor sobre exige nuestra capacidad o potencial,
entonces creamos una profecía que se cumple sola: probablemente digamos: fracasaremos. Y
fracasaremos, aun cuando realmente poseamos los recursos para superar la exigencia.
R. Lazarus ha diferenciado dos niveles de la valoración cognitiva de las exigencias,
de los problemas, etc. En la valoración primaria (primary appraisal) se plantean las
siguientes interrogantes: ¿Qué ocurre? ¿Es bueno para mí, es estresante o
irrelevante?. Si la respuesta es: estresante. Entonces el individuo estima los efectos
potenciales del estresor: ¿Ocurrieron daños?, ¿Ocurrirán daños?, ¿Que medidas o
estrategias deben tomarse?. Si se decide que algo debe hacerse, comienza la valoración
cognitiva secundaria: la persona valora los recursos personales y sociales que tiene a su
disposición para superar la situación, así como las acciones que emprenderá.
La valoración cognitiva continúa mientras se ensayan las reacciones para superar el
estrés. Si la primera reacción es ineficaz y el estrés continúa, entonces se ponen en
marcha otras reacciones. Ineficacia de las reacciones durante largo tiempo conducen al
estrés crónico.
Continúa
| * Centro de Diagnóstico Siglo XXI, Managua, Telefax
2788816. |
| DR. RONALD E. SANCHEZ SEGOVIA |
Especialista en Fisiología Médica (Fisiología
Ocupacional, Fisiología de la Audición y Pulmonar)*
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