El acné es una enfermedad cutánea crónica del folículo polisebáceo, de
etiología multifactorial y carácter autolimitado, que afecta principalmente las zonas de
la piel con mayor densidad de glándulas sebáceas como la cara, el pecho y la parte
superior de la espalda.
Origina una serie de lesiones que incluyen comedones, pápulas,
pústulas, nódulo-quistes y cicatrices, con predominio de unas y otras dependiendo del
tipo y de la intensidad del acné. Aunque en ocasiones se presenta en el período neonatal
y en la infancia, alcanza su mayor prevalencia en la pubertad y la adolescencia, para
involucionar espontáneamente a lo largo de los años. Es una de las enfermedades
cutáneas más frecuente ya que puede afectar en mayor o menor grado hasta el 80% de la
población.
Se acepta que existe una herencia autosómico dominante con penetrancia
variable sobre la que podrían influir determinados factores ambientales, hormonales,
cosméticos, emocionales e incluso alimenticios.
Aunque en la epidemiología del acné no está demostrado el papel del
factor racial, es más frecuente en individuos de raza caucasiana que en negros
orientales. En relación con el sexo, algunos estudios sugieren una incidencia superior en
varones, en los que, además, se observan las formas de acné más intensas. Por el
contrario, en el sexo femenino las lesiones de acné, aunque se presentan en formas más
leves, pueden persistir durante más años y manifestarse de modo tardío.
La elevada incidencia y prevalencia del acné en la población ha
ocasionado que muchos médicos lo consideren incomprensiblemente como un proceso
fisiológico, propio de una determinada época de la vida, más que un verdadero proceso
patológico de la piel. El problema surge ante determinados tipos de acné de causa
específica y evolución tórpida. Las secuelas inestéticas de los acnés mal
diagnosticados y tratados y, por lo tanto, de secuelas físicas y psicológicas en los
afectados, justifican un diagnóstico preciso del tipo de acné y un tratamiento adecuado
e individualizado para cada paciente. (Continúa en página 8).
El acné vulgar se clasifica dentro de las enfermedades originadas en el
folículo pilosebáceo. Aunque durante años se ha considerado como un proceso patológico
propio de la glándula sebácea, las lesiones se desarrollan en primer lugar en el canal
folicular, afectándose la glándula sebácea de modo secundario. No se conoce el
desencadenante que provoca todas las alteraciones que conducen al acné, aunque es
evidente que se trata de un proceso multifactorial.
Antes de pasar a explicar con más detalles todos estos acontecimientos y
para comprender mejor la patogenia del acné vamos a recordar brevemente la estructura
anatómica de la unidad pilosebácea. Está compuesta por una glándula sebácea
multilobular grande, situada en la dermis media, conectada con un folículo piloso. Las
glándulas de mayor tamaño se localizan en la cara, cuero cabelludo y región
centrotorácica. La secreción de cada lóbulo es de tipo holocrina, es decir, se produce
a través de la ruptura de las células individuales, con un contenido lipídico, que pasa
a través de un conducto sebáceo fino hasta el conducto pilosebáceo.
Este se pude dividir en dos partes: una inferior que supone las cuatro
quintas partes del conducto, denominado acroinfundíbulo, y una parte superior denomiado
infundíbulo. Este conducto está recubierto por un epitelio queratinizante que se
continúa con el epitelio epidérmico. En esta unidad siempre existe un pelo aunque pueda
no ser aparente a la inspección visual.

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Esquema del folículo pilosebáceo |
En líneas generales, las alteraciones básicas que originan la lesión de
acné son tres: 1) Obstrucción del canal pilosebáceo, fundamentalmente de conducto
excretor. 2) Alteración de la producción de sebo tanto cuantitativa como
cualitativamente. 3) Modificación de la flora bacteriana del folículo pilosebáceo.
Todas estas alteraciones básicas van a estar reguladas, directa o
indirectamente por los niveles de andrógenos, de origen gonadal, suprarrenal o producidos
en los tejidos periféricos, y por la respuesta individual de la glándula sebácea de
cada individuo a la estimulación androgénica.
Veamos ahora con detalle cada una de estas alteraciones básicas.
El cambio estructural primario que va a originar la lesión de acné es
una alteración en el patrón de queratinización de la porción inferior del infundíbulo
folicular. Normalmente, las escamas de queratina están pobremente organizadas dentro del
canal folicular.
En la lesión más precoz del acné, el denominado microcomedón, no
visible clínicamente, el material queratinoso se vuelve más denso y cualitativamente
distinto. Estudios cinéticos han demostrado que se produce un incremento del turnover de
las células del canal folicular. Esta hipercornificación parece estar provocada por la
irritación producida por los lípidos contenidos en el sebo sobre las células
canaliculares.
La obstrucción del canal por el tapón de queratina va a producir una
retención del sebo secretado, que progresivamente distiende el canal y la glándula,
provocando la lesión denominada comedón. La hiperqueratosis folicular produce dos tipos
de comedón. El comedón abierto que se caracteriza por un orificio folicular ampliamente
dilatado, por el que asoma el tapón córneo, el cual puede salir al exterior
espontáneamente o con una leve expresión, por lo que esta lesión raramente se inflama.
Por el contrario, la apertura del comedón cerrado a la superficie cutánea es
microscópica, por lo que el material intracanalicular puede drenar hacia la dermis
desarrollando así lesiones inflamatorias (Fig. 2)

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Esquema de proceso de formación de un
comedón (B y C). Ruptura folicular que va a originar una lesión inflamatoria. |
Un requisito imprescindible para que el acné se desarrolle es el
incremento de la actividad de las glándulas sebáceas. Los pacientes que padecen acné
producen más sebo que las personas sanas y se demuestra una relación entre las severidad
del acné y la cantidad del sebo secretado, aunque existen grandes variaciones dentro del
grupo de personas afectadas.
Sin embargo, es evidente, y clínicamente comprobable, que seborrea no es
sinónimo de acné, lo que indica que, aunque el aumento de producción de sebo juega un
papel fundamental en la producción del acné, existen otros factores patogénicos
implicados.
Además del exceso de producción de sebo, se ha comprobado que existen
también alteraciones cualitativas. En el sebo de los pacientes con acné se demuestra una
disminución del ácido linoleico, que podría inducir el proceso de hiperqueratosis
ductal. También se ha comprobado que existe un aumento en la proporción de ácido
escualeno, que favorecería la inflamación, una disminución de algunos ácidos grasos
libres y un aumento de triglicéridos en los lípidos de superficie.
Existen otros factores de tipo fisiológico que influyen sobre el nivel de
secreción sebácea, como la temperatura de la piel, el ciclo menstrual e incluso la hora
del día, pero sin duda la influencia fundamental es de tipo hormonal. La glándula
sebácea es muy sensible a la acción de los andrógenos. La estimulación androgénica en
la pubertad es la encargada de inducir el desarrollo de estas glándulas, aumentando su
tamaño y la producción de sebo. Estos andrógenos se producen en los testículos, las
glándulas adrenales y, en menor medida, en los ovarios.
Dado que los pacientes con acné tienen más seborrea que los sujetos
normales, cabría pensar que presentan una cantidad mayor de andrógenos circulantes. Sin
embargo, excepto en algunos casos, la mayoría de los sujetos con acné no presentan otros
signos de virilización, como hirsutismo o alopecia, y raramente es posible demostrar
niveles elevados de andrógenos en sangre. Se postula que el defecto primario podría ser
intraglandular, en forma de una hiperrespuesta de la glándula sebácea a los andrógenos
circulantes, por un aumento de la conversión de testosterona en
5-alfa-dihidrotestosterona. Múltiples estudios han demostrado otras muchas alteraciones
hormonales en el acné (Tabla II).
DIVERSAS ALTERACIONES DE LOS NIVELES DE ANDROGENOS ENCONTRADOS
EN EL ACNE
. Aumento de la testosterona total en varones y mujeres.
. Aumento de la testosterona plasmática libre en mujeres.
. Aumento de la 4-androstendiona plasmática en mujeres.
. Aumento de la dehidroepiandrostenediona en mujeres.
. Aumento de la dehidroepiandrostenediona-sulfa en hombres mujeres.
. Aumento de los 17-B-hidroxiesteroides libres en mujeres.
. Bloqueo parcial de la 11 o 21-hidroxilasa en mujeres adultas con
acné severo.
Ref: Autor C. Ferrándiz y M.A. Sola, España.
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