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Viernes 29 de Octubre de 1999
En otro orden de cosas, pensemos que en Costa Rica viven alrededor de un millón de nicaragüenses que, a través del tiempo han atravesado, por las razones que sean, estas fronteras soberanas, con o sin autorización del gobierno costarricense: guerra civil, Huracán Mitch, necesidades económicas, etc. y aquí, con las limitaciones económicas y de servicios de un país tercermundista, se les ha recibido. No se puede negar los esfuerzos de los gobiernos de turno que se han visto en la necesidad de estirar la cobija en el orden de la salud, de la educación, del trabajo, de los seguros, de la legalización de su residencia, etc... con tal de no dejar en la intemperie a esos desdichados que no encontraron allá, lo que aquí tienen. Este debe ser un gesto humano, de un buen vecino que debería agradecerse y no exigirse, (así se entrevé de algunas declaraciones oficiales), pues Costa Rica no tiene la obligación de hacer esto y sin embargo lo hace, a pesar de que con ello limita las necesidades de los suyos. Y la prensa nicaragüense,
algunos políticos e incluso Monseñor Obando y Bravo, el pastor
de la Iglesia Católica en lugar de reconocer este gesto y llamar
a la cordura y a la comprensión de su pueblo, lo exaltan y lo llaman
a la protesta y todo porque Costa Rica, haciendo uso de un derecho, utiliza
las aguas del Río San Juan para que sus policías se trasladen
a sus puestos de vigilancia en la frontera y porque las autoridades nacionales
desalojaron a precaristas nacionales y micaragüeses del precario Carpio
II.
¿Es el Río
San Juan la excusa de una controversia o existen otros resentimientos históricos?
a) Los costarricenses con sus estereotipos de superioridad ven con menosprecio a los nicaragüenses, haciendo mofa por su forma de hablar y actuar. Este comportamiento se ha heredado de padres a hijos y ha engendrado a lo largo de la historia, una cultura de rechazo contra los vecinos del norte. b) La idiosincrasia de los nicaragüenses se caracteriza por su rebeldía e intolerancia a las diferencias y reacciona con violencia: arma o puños para zanjar sus disputas. Los costarricenses son gritones pero no van al pleito con la misma facilidad con que lo hacen los vecinos. Los sistemas políticos diferentes de los dos países, sin duda ha marcado a lo largo de la historia de estos pueblos, una línea de comportamiento de domesticación y acomodamiento como decía don Pepe Figueres, en el caso de los ticos y de reacción violenta en el caso de los nicaragüenses. c) Por mucho tiempo Costa
Rica se consideró una cajita de cristal, ejemplo de democracia,
civilidad y buenas costumbres, donde todo lo feo que existía: crímenes
alevosos, robos, secuestros y otros, provenía de afuera. En fin,
se tejió por un lado, un le buc emissaire o chivo expiatorio en
torno a lo no nacional y por otro lado, un paradigma de confianza, de autoestima,
de orgullo de pertenencia y hasta de fanatismo en la propia identidad nacional.
El etnocentrismo como fenómeno sociológico, se produce manifestándose
en una cultura de rechazo o de subestima en los otros, cosa que los nicaragüenses
resisten y guardan como una espinita que ahora sale a flote en momentos
como el Río San Juan y La Carpio II. Mañana serán
otros problemas.
Para terminar quisiera hacer ver que este planteamiento no está dirigido a: 1) Desconocer la importancia de la soberanía de los Estados Nacionales, sino más bien, a señalar las serias limitaciones que ésta tiene en estos momentos del siglo XX, cuando el sistema capitalista en su era globalizada, ha desdibujado los límites de las fronteras, comprometiendo el status del Estado Nación. Las influencias extraterritoriales como dice Immanuel Wallerstein ha hecho declinar la pureza de la soberanía del Estado Nacional, tanto en el plano económico como en el político, ideológico y cultural y que las relaciones entre los Estados están más allá de lo nacional. 2) Desconocer el derecho que tienen los inmigrantes legales de acogerse a los beneficios del sistema nacional ni a desconocer el respeto a los Derechos Humanos, sino más bien a significar que al interior de un Estado existen leyes que norman el comportamiento de los ciudadanos y que todos los que en ese Estado habitan, están en la obligación de acatar. *Sociólogo, político,
profesor de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad
Nacional de Costa Rica.
(ECO).-El Ayuntamiento del Puerto de Santa María declaró 3 días de luto oficial por el fallecimiento del célebre poeta que nació en esta localidad en Cádiz, Andalucía, al sur de España, hace 96 años: Rafael Alberti. Alberti murió en la madrugada como consecuencia de un paro cardiaco en su domicilio del Puerto de Santa María y con él se va el último sobreviviente de la brillante Generación del 27. Sus restos serán incinerados en el cementerio de Chiclana de la Frontera y sus cenizas serán esparcidas, como era su voluntad, en la Bahía de Cádiz. El autor de “La arboleda perdida”, “Marinero en tierra”, “Entre el clavel y la espada” y “La amante” por citar algunas obras y que recibió en vida el Premio Cervantes de Literatura, deja un vacío en la literatura universal. Los reyes de España en su telegrama reflejan gran tristeza por esta pérdida, ya que Alberti a lo largo de su vida desgranó una obra llena de amor. El Ayuntamiento del Puerto de Santa María puso a disposición de los ciudadanos un libro abierto frente a un busto de Alberti, para que todo el que quiera pueda rendirle un último homenaje. Los periódicos en ediciones extraordinarias sacaron a primera hora de la mañana de ayer, ediciones especiales para reflejar en sus portadas la muerte de Alberti.
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