INTERNACIONALES
Monitoreo Paúl Suárez García
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Jueves 28 de Octubre de 1999 
EL DERECHO, LA SOBERANIA Y EL SUMO IMPERIO DE NICARAGUA
(Primera de dos partes)
Arnoldo Rubbio* 
El conflicto por cuestiones limítrofes entre Nicaragua y Costa Rica debe pasar ante todo por el tamiz de una ecuánime y ponderada reflexión inteligente que encuadre con el concepto de sociedad global. 
Pensar en estos tiempos que los Estados son soberanos, independientes autodeterminantes y que ejercen el sumo imperio, como repite incesantemente el gobierno de Nicaragua, es una falacia. Ni en aquellos tiempos del Estado Nación cuando las fronteras se tejían como infranqueables, los Estados se escapaban de la intromisión de otros. El derecho, la soberanía y el sumo imperio de los Estados modernos sólo pueden creerlo aquellos que se quedaron perdidos en la historia. Hace rato quedaron vulnerados por los efectos de la globalización. 

Los Estados modernos han experimentado cambios profundos en la nueva concepción del mundo y en el manejo de sus relaciones internacionales. La globalización nos ha venido desdibujando la pureza e inmaculada concepción de fronteras infranqueables. De hecho nunca han existido, ni en los Estados desarrollo. 

Vivimos en una sociedad global donde lo internacional ha penetrado en los Estados, así como el frío en los huesos, sin que hasta ahora lo hayamos evitado, aún con ejércitos poderosos. Los Estados modernos han perdido su relativa autonomía que antes tenían. Las relaciones interestatales modernas se han extendido más allá de aquel concepto puro de Estado Nación, autodeterminante, soberano y de sumo imperio. Los Estados modernos viven la era de la transnacionalización que se ha expandido vertiginosamente después de la II guerra mundial y los Estados modernos como los europeos por ejemplo, lo han comprendido perfectamente al integrarse en una mancomunidad de intereses comunes, donde cada Estado ha delegado parte de su soberanía para que la administre una autoridad superior en beneficio de todos. 

Como expresión de la gran empresa y como producto de los avances científicos, tecnológicos y en las comunicaciones, la era de la globalización, como sabemos, ha permitido renovar el concepto de economía de mercado y mundializar la oferta de productos. Esto ha hecho que los Estados modernos se abran a las exigencias de la economía mundial y que no puedan sustraerse de la penetración e influencias y de intromisiones foráneas que a diario traspasan las fronteras nacionales, vulnerando así la soberanía nacional.  

Ahora, en estos momentos de apertura a un nuevo milenio, vivimos en la era de la integración; en la que deberíamos pensar los Estados menos desarrollados para buscar soluciones a los enormes problemas que tenemos. Pensar en las armas para dirimir diferencias como lo ha dicho el presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, es vivir desfasado en la historia, sobretodo cuando los gobiernos civilizados ahora se sientan en la mesa para dialogar y saldar diferencias. En estos tiempos el mundo es más competitivo que antes y obliga a los Estados pequeños a integrarse en una sola fuerza para competir con los grandes. Solo así podemos incluir mejor en la toma de grandes decisiones para el bien de nuestros pueblos. 

Las fronteras modernas son para identificar a los pueblos vecinos y no para diferenciarlos 
Después de estas reflexiones y cuando leo en los periódicos que el gobierno de Nicaragua dice que:  

"La soberanía de un Estado se defiende con las armas en la mano" me da tristeza y hasta compasión porque lo dice un dirigente político que aún no ha entendido que el derecho, la soberanía y el sumo imperio que dice defender, no encuadra con los hechos. Primero porque Costa Rica no está invadiendo a Nicaragua ni está obligando a su gobierno a vulnerar su soberanía ni a hacer lo que no pueda, sin que por ello Nicaragua deje de ser Nicaragua y segundo, porque la virginidad de las fronteras características de los Estados Nación, hace tiempo lo perdió Nicaragua. Desde 1847, cuando tropas de Estados Unidos desembarcaron en San Juan del Norte hasta 1981, cuando el gobierno de Estados Unidos intervino para apoyar a la Contra, Nicaragua ha sufrido 19 intervenciones, algunas muy prolongadas, que le han vulnerado su status soberano. Por supuesto, no nos alegramos por ello.  

Al contrario, como centroamericano y ciudadano consciente de la autodeterminación de los pueblos nos duele, más porque dichas intervenciones se hicieron para imponer presidentes y obligar la firma de tratados que en nada beneficiaron al pueblo nicaragüense. Por eso, por el bien de dos naciones que más bien tienen que agradecerse el servicio mutuo que se prestan, el presidente Arnoldo Alemán debería pensar en levantar la bandera de la integración regional, del esfuerzo compartido y de la convivencia pacífica, en lugar de levantar la bandera de las armas, del odio y de históricas rencillas que más bien entorpecen la marcha hacia un siglo nuevo. 

Nicaragua necesita mucho de Costa Rica así como Costa Rica de Nicaragua. Entre las dos naciones hay vínculos históricos de interdependencia y ésta como dice Stanley Hoffman, aunque es una limitante de la soberanía nacional, los Estados, aún los desarrollados, la construyen porque saben que no pueden existir el uno sin el otro. Así que la excusa del Río San Juan no calza para distraer la atención de otros problemas más serios que tienen que ver con la calidad de vida de los habitantes.  

Por lo demás, la navegación por el Río San Juan que reclama Costa Rica inscrito en el Tratado Cañas Jerez, en el Laudo Claveland de 1888 y en la de la Corte Centroamericana de Justicia de 1916, exponen ese derecho costarricense con bastante claridad. 

* Sociólogo político, profesor de la Maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica. 
CONTINUA
 

 
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