A MI MANERA 
Por Angela Saballos
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Viernes 15 de Octubre 1999

Carmelo Angulo juega tennis con el Embajador de la Comunidad Europea, pero alguien antes ha dicho que no comen del mismo plato. Angulo expresa que Nicaragua está empobrecido, y hay quien decida que hablar de esta obvia realidad es una ofensa para el país. El responde que es amigo del Embajador de la CE  y que en realidad solamente se refirió a un tema que actualmente es abordado muy naturalmente por el pueblo de Nicaragua. Es que Angulo es hombre que hace noticia aunque no lo desee.

Es fácil ver a este personaje impulsando con ternura el cochecito de su tierna niña por las aceras de Colonial Los Robles donde reside, traerle personalmente un vaso de agua a quien lo entrevista y dispensar un gran rato de su ocupado tiempo para aceptar esta conversación. Sus amigos señalan que es una gran persona, profundo y realmente interesado en encontrar respuestas estructurales para los temas de desarrollo en Nicaragua. En su familia de cinco mujeres se confiesa una minoría dialogante.

Con una apariencia que recuerda al Don Quijote que conocemos de esta obra maestra de Cervantes,  vasco, abogado, exvocero de la Cancillería española en tiempos de Felipe González, un diplomático de carrera que en cualquier momento puede regresar a su puesto, si así lo desea, Carmelo Angulo, se ha convertido desde su llegada a Nicaragua como  Representante de Naciones Unidas en una figura conocida para el pueblo de Nicaragua porque habla sin tapujos y se expresa directamente.

Hablamos como primer tema de sus bigotes.  Me responde que ya no se acuerda de cuándo no los tuvo.“Y ahora no sabría qué hacer sin ellos”, explica, pues han estado con él desde que pudo usarlos y actualmente tanto su madre como su señora y sus hijas, le advierten que no ose quitárselos.”Ninguna de las mujeres de mi vida me pidió hacerlo”, dice.

Angulo sirvió para el gobierno de España en Mauritania, en Canadá, en Tunez y  su primera asignación en China le permitió conocer una civilización tan extraordinariamente diferente que lo dejó marcado aún más que a otros de sus compañeros por  cuanto Angulo se preocupó por aprender el idioma y comunicarse en él para conocer algunas de las costumbres y pensamientos del pueblo chino .

“Cuando uno está en China piensa que está en otro planeta, el lenguaje corporal es otra cosa.  Ellos se reían de mí y yo disfruté inmensamente”, comenta Angulo.

Carmelo Angulo fue Embajador de España en Bolivia donde conoció a Ana María, su actual esposa-una mujer catalogada como muy interesante por su personalidad y trabajo de comunidad como alcaldesa de un pueblo boliviano- y luego en Colombia para integrarse después a Naciones Unidas y llegar a Nicaragua en su actual cargo de representante.

-Es usted optimista?
-Tiendo ver la botella medio llena frente a los que la ven medio vacía. Todos los procesos son difíciles, pero cuando a las cosas se les pone corazón, racionalidad, y coherencia, hay muchas cosas que pasan que antes parecía imposible que ocurrieran.  Entonces, yo creo mucho en lo que llamaría la consistencia que es una suma de factores entre creencias, determinación, capacidad y convencimiento de la gente.

-¿Y ese optimismo lo lleva algunas veces a desafiar el peligro?
-Distinguiría entre peligro y riesgo. El peligro es ajeno a la voluntad de uno, el riesgo es una actitud asumida personalmente.  Creo que una vida sin riesgo no tiene mucho sentido.  El riesgo es personal, es colectivo.  El riesgo me atrae porque atrás del riesgo hay avance, cambio.

-¿Cuánto aprende usted de sus errores?
-Llevo muchos años constantemente revisando lo que hago, autocriticándome, en un proceso de perfeccionamiento interno y aunque me cuesta inicialmente a veces aceptar otras opiniones, las considero valiosas.  He aprendido de la gente, de mis errores, y de los errores de los otros y soy de una cultura del aprendizaje a través de los errores.

-Entonces no le cuesta retractarse.

-Para nada.

-¿Qué lee para la espiritualidad?
-En los últimos veinte años he mezclado literatura tradicional, novela, estudios de desarrollo político y social, soy un gran lector de periódicos y revistas, un gran capturador de noticias a todos los niveles y me gusta estar muy  informado de todos lo que son los avances, las críticas, los eventos. La cultura la he ido organizando primero sobre la calle, de lo que he visto en la calle, que la calle es la principal fuente de mi inspiración y la gente.  Segunda, la lectura de distracción y de aprendizaje a través de la novela, porque la novela es una realidad inventada, pero es realidad en parte.  Hago mucha lectura de artículos de opinión porque lo que más me interesa es la pluralidad de opiniones.  A través de las opiniones, construyo la mía.

-¿Cuánto de la experiencia de la transición española le sirve a usted para comprender   lo que sucede en Nicaragua?
-Soy un hijo de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial. La guerra civil fue terrible, nos dividió a todos los españoles, los nicaragüenses saben bien de lo que hablo.  Cuando las familias se dividen, se polarizan, hay muertos, desaparecidos, exilio.  Pertenezco a la generación del nunca jamás, aquellos que pensaron que un escenario de horror, de división no era para nada deseable en el futuro. Mi generación es generosa y prefirió mirar hacia adelante, porque lo que quedaba atrás no era para nada deseable.  Preferimos construir desde lo que había, alternativas pacíficas, reales.  Trabajamos millones de horas para conseguirlo.  No solamente lo pensamos, y lo soñamos, sino que nos pusimos a trabajar  para que la España que tenemos fuera una realidad.
-Usted es directo, ¿cómo  van los enfrentamientos con el Ejecutivo?.

-Desde Naciones Unidas nunca hemos intentado  un enfrentamiento con el Ejecutivo, primero porque no es nuestro rol, partimos de una neutralidad que es activa en el sentido que Naciones Unidas tiene un mandato, unas convenciones y unos tratados que han sido apoyados por los estados y el rol es empujar estos acuerdos.  Posiblemente nosotros hace tres años utilizábamos un lenguaje que todavía no había sido asumido y se veía como un ataque y tengo que ser crítico porque a veces uno no mide la palabra, no mide el verbo adecuadamente.  

Yo creo que tenemos que ser inmensamente respetuosos con las señales, los signos y los valores de un país y a veces uno no acierta a comunicar las cosas para que sean comprensibles, pero yo puedo decir que yo me siento comprendido, escuchado, no necesariamente hay que compartir las opiniones, pero nuestro esfuerzo es poner encima de la mesa, ideas, sugerencias, orientaciones, recordar que los países se han ido comprometiendo que hay  unos plazos que cumplir. Lo que pretendemos es que haya un debate en torno a esas propuestas.  Pero no es para nada una intromisión, no es una ingerencia, es un acompañamiento en este proceso de cambio y de crecimiento. Es difícil tal vez ver este papel de Naciones Unidas.  Jamás hemos entrado en polémicas públicas, ni nunca hemos descalificado a nadie.  Aunque lo hicieran con nosotros.

-¿Cuántas veces su lógica se contrapone con su apasionamiento?
-Yo he intentado no perder espontaneidad como ser humanmo. Yo he buscado que lo que yo siento, lo que yo pienso y lo que yo hago vaya buscando la coherencia.  Entonces he hecho un proceso humanista de coherencia interna muy grande en los últimos años con lo cual yo me siento bien en mi piel.  Y las cosas que yo hago y digo son producto de un conocimiento interno.

 

 
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