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Es fácil ver a este personaje impulsando con ternura el cochecito de su tierna niña por las aceras de Colonial Los Robles donde reside, traerle personalmente un vaso de agua a quien lo entrevista y dispensar un gran rato de su ocupado tiempo para aceptar esta conversación. Sus amigos señalan que es una gran persona, profundo y realmente interesado en encontrar respuestas estructurales para los temas de desarrollo en Nicaragua. En su familia de cinco mujeres se confiesa una minoría dialogante. Con una apariencia que recuerda al Don Quijote que conocemos de esta obra maestra de Cervantes, vasco, abogado, exvocero de la Cancillería española en tiempos de Felipe González, un diplomático de carrera que en cualquier momento puede regresar a su puesto, si así lo desea, Carmelo Angulo, se ha convertido desde su llegada a Nicaragua como Representante de Naciones Unidas en una figura conocida para el pueblo de Nicaragua porque habla sin tapujos y se expresa directamente. Hablamos como primer tema de sus bigotes. Me responde que ya no se acuerda de cuándo no los tuvo.“Y ahora no sabría qué hacer sin ellos”, explica, pues han estado con él desde que pudo usarlos y actualmente tanto su madre como su señora y sus hijas, le advierten que no ose quitárselos.”Ninguna de las mujeres de mi vida me pidió hacerlo”, dice. Angulo sirvió para el gobierno de España en Mauritania, en Canadá, en Tunez y su primera asignación en China le permitió conocer una civilización tan extraordinariamente diferente que lo dejó marcado aún más que a otros de sus compañeros por cuanto Angulo se preocupó por aprender el idioma y comunicarse en él para conocer algunas de las costumbres y pensamientos del pueblo chino . “Cuando uno está en China piensa que está en otro planeta, el lenguaje corporal es otra cosa. Ellos se reían de mí y yo disfruté inmensamente”, comenta Angulo. Carmelo Angulo fue Embajador de España en Bolivia donde conoció a Ana María, su actual esposa-una mujer catalogada como muy interesante por su personalidad y trabajo de comunidad como alcaldesa de un pueblo boliviano- y luego en Colombia para integrarse después a Naciones Unidas y llegar a Nicaragua en su actual cargo de representante. -Es usted optimista?
-¿Y ese optimismo
lo lleva algunas veces a desafiar el peligro?
-¿Cuánto
aprende usted de sus errores?
-Entonces no le cuesta retractarse. -Para nada. -¿Qué lee
para la espiritualidad?
-¿Cuánto
de la experiencia de la transición española le sirve a usted
para comprender lo que sucede en Nicaragua?
-Desde Naciones Unidas nunca hemos intentado un enfrentamiento con el Ejecutivo, primero porque no es nuestro rol, partimos de una neutralidad que es activa en el sentido que Naciones Unidas tiene un mandato, unas convenciones y unos tratados que han sido apoyados por los estados y el rol es empujar estos acuerdos. Posiblemente nosotros hace tres años utilizábamos un lenguaje que todavía no había sido asumido y se veía como un ataque y tengo que ser crítico porque a veces uno no mide la palabra, no mide el verbo adecuadamente. Yo creo que tenemos que ser inmensamente respetuosos con las señales, los signos y los valores de un país y a veces uno no acierta a comunicar las cosas para que sean comprensibles, pero yo puedo decir que yo me siento comprendido, escuchado, no necesariamente hay que compartir las opiniones, pero nuestro esfuerzo es poner encima de la mesa, ideas, sugerencias, orientaciones, recordar que los países se han ido comprometiendo que hay unos plazos que cumplir. Lo que pretendemos es que haya un debate en torno a esas propuestas. Pero no es para nada una intromisión, no es una ingerencia, es un acompañamiento en este proceso de cambio y de crecimiento. Es difícil tal vez ver este papel de Naciones Unidas. Jamás hemos entrado en polémicas públicas, ni nunca hemos descalificado a nadie. Aunque lo hicieran con nosotros. -¿Cuántas
veces su lógica se contrapone con su apasionamiento?
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