| El ingreso de Willie Mays al Salón
de la Fama de Cooperstown en 1979 fue algo obvio...Eso
quedó demostrado con el 95 por ciento de los votos...Desde que el
superastro de sepia guardó sus "herramientas" al finalizar la Serie
Mundial de 1973, expertos y profanos sabían que en su primera nominación,
entraría de cabeza en un aterrizaje espectacular.
Mays, tercero en la lista
de jonroneros de todos los tiempos con 660, registró un porcentaje
de .302 en 22 años de actividad disparando 3.283 hits en 10,881
veces al bate con 1,903 carreras empujadas. Fue un perfeccionista del béisbol:
bateaba como Dios manda; en las colchonetas era un corsario desbocado;
fildeando se hizo famoso por sus apariciones fantasmales y atrapadas inverosimiles;
por brazo fue el equivalente a un rifle bien lubricado; y su agresividad,
hacía del precio de la entrada una ganga.
Ciertamente, obtener a Mays
fue "un loteríazo" para los Gigantes...No porque lo hayan firmado
por la discreta suma de 4,000 dólares, sino por lo casual de su
descubrimiento...Luego, durante casi 20 años, Mays les mantuvo llenas
las tribunas con su deslumbrante accionar.
La historia del béisbol
registra que fue Eddie Montague, un "scout" con 30 años de experiencia,
quién detectó a Mays cuando lo vió jugar en Birmingham,
Alabama.
Lo más curioso del
caso fue que Montague había salido de Nueva York en busca de Alonso
Perry, un jugador de color cuyas hazañas estaban siendo tema de
rokonolas en la Babel de Hierro y Cemento.
Montague, nunca había
oído hablar de Willie Mays, pero cuando lo vió en acción
jugando para los "Barones Negros" de Birmingham, centralizó en él
su atención y por un momento, se olvidó de Perry.
Mays no sabía que
lo estaban observando con binoculares desde las graderías, y esa
tarde bateó como un desesperado, voló en las colchonetas
y mostró la potencia de su brazo defendiendo el campo corto, con
tiros certeros desde el fondo del abanico.
Montague envió inmediatamente
un reporte a Nueva York y al día siguiente recibió la respuesta
de la dirigencia de los Gigantes: "Es un riesgo, pero si usted cree que
vale la pena correrlo, fírmelo".
Todo quedó listo para
una de las grandes gangas del béisbol. Montague habló por
vez primera con Mays, un discreto estudiante de secundaria y formalizaron
una reunión en casa del joven pelotero para conversar con sus padres.
Al día siguiente, por 4,000 dólares, Willie Mays se convertía
en un "Gigante"...Comenzó así una carrera tan emocionante
como brillante, que le permitió a Mays conquistar en dos ocasiones
el titulo de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional.
Su debut en las Grandes Ligas
fue rubricado por un jonrón. Un batazo descomunal que pasó
encima de la barda de viejo Polo Grounds. Se lo conectó nada menos
que al zurdo Warren Spanh en 1950, considerado en ese tiempo, como el mejor
lanzador de las mayores.
Mays alcanzó el estrellato
definitivamente en 1954, cuando bateó para .345, con 41 jonrones
y 110 empujadas...Y en la Serie Mundial frente a los Indios, realizó
la más grande atrapada en la historia de los clásicos. Fue
un batazo de Vic Wertz con el marcador igualado a 2 carreras y dos hombres
circulando en las almohadillas, Larry Doby y Al Rosen.
El impacto de Wertz fue a
lo último del jardin central de Polo Grounds, buscando la verja
situada a 460 pies del plato. Mays corrió una eternidad hacía
atras, dándole la espalda al cuadro, y desplegando un sprint extraordinario,
su esfuerzo supremo, hizo posible lo que parecía imposible.
|