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Martes 12 Octubre de 1999
Con
una tasa de desempleo cercana al 70%, la lejanía no representa un
obstáculo para el que emigra de Nicaragua.
Su disposición al trabajo es una de las virtudes que el costarricense reconoce en el nicaragüense. Los nicaragüeses ejercen presión sobre los servicios públicos fundamentales del país, como educación, salud y vivienda. Es un hecho: a las familias costarricenses hace tiempo les cuesta mucho conseguir trabajadores nacionales que se ocupen de los servicios domésticos en sus hogares, y hay poquísimos "ticos" dispuestos a realizar labores como la zafra cañera, la recolección del café o la construcción. Son casi exclusivamente manos inmigrantes, especialmente nicaragüenses o "nicas", las que realizan estos trabajos. Así lo reconocen los costarricenses, quienes valoran positivamente el aporte de la fuerza laboral nica a la economía nacional, según revela la más reciente encuesta del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO), de la Universidad Nacional (UNA). Ante la afirmación "los nicaragüenses ayudan a la economía del país", los entrevistados responden favorablemente. El 70% de los encuestados pertenecientes a las clases media y alta se manifiesta de acuerdo. En la clase baja el porcentaje desciende a 54%, pero sigue siendo significativo, tomando en cuenta que representa a más de la mitad de entrevistados. Cuando se trata de calificar el trabajo de estos inmigrantes, la respuesta de los ticos es contundente: más del 70%, sin distingos de clase, está de acuerdo en que "los nicaragüenses son muy buenos trabajadores". Y es que la presencia laboral nica es evidente. Aunque no se tiene un dato exacto sobre cuántos nicaragüenses viven en el país (las estimaciones varían entre 500 mil y un millón), es claro que su presencia en las más diversas labores productivas es notable. La actividad bananera es buen ejemplo de ello. La zona de Sarapiquí, entre otras, se ha convertido en área de atracción para la población inmigrante. Allí, la mano de obra extranjera ha venido a suplir un servicio que ya no presta la sociedad local. En su tesis Migraciones laborales de nicaragüenses a la zona bananea de Sarapiquí, la especialista en relaciones internacionales, Dalia Borge Marín determina que los nicaragüenses desempeñan puestos subalternos en la jerarquía ocupacional. Puestos que los costarricenses ya no quieren por razones de "estatus". Pero la presencia nica trasciende el campo estrictamente agrícola. Ya alcanza la vida cotidiana de Costa Rica. Los servicios domésticos son una muestra. Esta y otras labores que se realizan en las casas y que antes las desempeñaban nacionales, han sido prácticamente sustituidas por mano de obra nicaragüense, tal como lo afirma el sociólogo Jorge Mora Alfaro, rector de la UNA. El nivel educativo de la población tica es, según subraya, una de las razones para que ésta busque reacomodo en otras ocupaciones.
Y en cuestión de derechos,
al costarricense le gustan las reglas claras. Es por eso que la carencia
de una política sobre migraciones se refleja negativamente en la
opinión que expresan hacia los ilegales en general. A juzgar por
la encuesta de IDESPO al tico no le desagrada la presencia del extranjero;
le molesta, que no legalicen su situación y que ello pueda atentar
contra su seguridad y estabilidad, especialmente si la presión hacia
los servicios públicos es mayor.
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