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Martes 12 de Octubre de 1999 En la visión hacia atrás de nuestra agitada vida histórica de cómo se ha conducido la vida política criolla a través de lo sucedido en el presente siglo, se nos presenta en sus variados saltos y maniobras, la doble cara del poder, pues en nuestra vida pública siempre ha aparecido el que gobierna con todos los requisitos formales cumplidos, situado en la cúspide formal, orgánica y jurídica del Estado, haciendo un papel de representante del Poder Ejecutivo y satisfaciendo así, lo que de nosotros ha esperado en ese momento político el país amigo de turno de la comunidad internacional, para continuar aportando su apoyo al gobierno de los Nicaragüenses. Sin embargo ha existido una realidad distinta a esa forma simplista y tradicional, la otra cara representada por el que manda, casi siempre ha sido un militar o un caudillo, quien a través del poder de las armas, bajo un régimen de fuerza y de represión, ha mantenido el verdadero mando y control, llegando a representar el verdadero poder y es quien por encima de las leyes y voluntad popular ha impuesto su propio deseo y conveniencia en compañía y beneficio de su propio grupo, creando así un pode tribal y centralizado, donde las grandes decisiones dependían del hombre fuerte y no del Presidente de la República o de la clara aplicación de las leyes, siendo el período revolucionario sandinista el ejemplo más claro y típico de que la vanguardia formada por los comandantes, era por si sola origen y fuentes de derecho y de poder. En el siguiente período a la vanguardia sandinista, que inició nuestro período democrático, reflejo también esa realidad de la doble cara de poder, pues la forma y protocolo de representación del Poder Ejecutivo estuvo siempre ocupada por la Presidente Chamorro, quien a manera de monarca o reina a la nica, se encargaba de la imagen pública nacional e internacional, dejando las grandes decisiones a su yerno en calidad de Ministro de la Presidencia, quien disponía a su mejor y leal saber y entender sin responsabilidad popular alguna de las responsabilidades y beneficios del Poder Ejecutivo, con marcado estilo rural conservador y manteniendo en sus manos por delegación de su suegra con complicadas alianzas y mano de hierro las riendas del poder. Es indudable que con estos visibles hechos políticos recientes estamos aprendiendo a corregir y mejorar nuestra democracia, pues hoy creemos que en los tiempos que corren gobernar también significa guiar, dirigir, componer, arreglar, conducir, administrar, en cambio mandar en la forma tradicional es cuando el superior caudillo o jefe militar le ordena al inferior, se dispone sin consultar, se establece, decreta o actúa sin razones para hacerlo y nadie lo obliga a explicar sus actos y estamos conscientes que en el mundo moderno que promueve la democracia como sistema, únicamente se permite de esa manera en los cuarteles ciertas iglesias, donde la autoridad es vertical y la obediencia absoluta e irreflexiva es la base y condición para pertenecer y beneficiarse de ese cuerpo social. Es cierto que nuestra democracia aun muy joven y vulnerable da pequeños pasos en lo cual visiblemente estamos avanzando para encontrar una democracia propia que funcione, donde se beneficie a la inmensa mayoría de los nicaragüenses, donde todos lógicamente pensamos que el gobierno actúa conforme a razones, a planes y proyectos creados en minuciosa armonía con la ley y donde se ha probado a través de la absoluta libertad de prensa ofrecida, a pesar de las crisis de ruido y de papel que rutinariamente los enemigos de la democracia presentan, que la conciencia ciudadana no puede ser sometida a un programa militarizado de orden, ni a un control por hambre y necesidad de su comportamiento y mucho menos volver a la época de miedo y persecución que vivimos en los años ochenta, que tanto ha marcado por sus tristes consecuencias la suerte de miles de Nicaragüenses. Nuestro pueblo con la pérdida
del miedo hacia la represión sandinista, el largo período
de estabilización de la presidente Chamorro y los resultados de
la ultima elección, ha aprendido a conocer el valor y responsabilidad
de su voto, teniendo ahora muy claro el significado de su libertad en la
escogencia de sus dirigentes municipales, legislativos y nacionales, con
la idea muy clara que su decisión para el próximo período
electoral no corresponde a una hipoteca de su criterio, sino a una opción
por la continuidad del cambio en la que se va a escoger por la suma de
votos al grupo o partido que mayor cantidad de obras haya realizado en
beneficio de las grandes mayorías y presente entre sus candidatos
a las personas más transparentes con suficiente capacidad técnica,
para darle solución a nuestros grandes problemas herencia de un
oscuro pasado.
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