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"La Prensa" del pasado domingo 10, página 4-A, presenta una elegante foto de nuestro actual embajador en Washington, Dr. Francisco Aguirre Sacasa, junto al general ex-EPS Manuel Salvatierra y el presidente de la Junta Interamericana de Defensa, general John Thomas, de los Estados Unidos. En illo témpore, como solía decir nuestro don Gratus Halftermayer, el mismo cargo que ahora ha asumido Salvatiera estuvo desempeñado por el difunto Coronel ex GN Enrique Bermúdez, jefe militar supremo de la contrarrevolución anti-sandinista de los años 80. Cuando el FSLN asumió el poder en 1979, el ejército sandinista fué lanzado al ostracismo por parte de la Junta Interamericana. Y en los años de la guerra que los sandinistas llamaron de agresión y los contras de liberación, de haberse encontrado frente a frente Bermúdez con Salvatierra, hombres de armas los dos, uno u otro habría usado la suya contra "el enemigo". Y cualquiera de ellos que hubiera caído habría pasado a la categoría de mártir y de asesino el sobreviviente, conforme fuera la lógica de los confrontados. Don William Grisby, a quien considero uno de los más ilustrados comentaristas radiales del presente, acusó de traidor a Humberto Ortega por haber impuesto una Medalla no recuerdo por qué a un oficial norteamericano. Y con ese cognomento se ha quedado para siempre el otrora aplaudido estratega de la victoria antisomocista. A William, según se me dice, nadie le quita de la cabeza que Humberto fue el instigador del atentado sufrido por "La Primerisima" hará unos diez años. La moraleja, definida como lección o enseñanza moral que contiene una historia, un cuento o una fábula, que trato de extraer de la foto y la recepción referidas antes, es que hay que vivir para ver y hasta para tratar de comprender los cambiantes giros que toman las cosas y las gentes con el correr de la vida. Y no hablo aquí de cuestión de principios o dogmas, sino de hechos, la mayoría de los cuales se producen a pesar o por encima de nosotros mismos, de los ideales que se sustenten o de los sueños e ilusiones que se forjen. Quizá sea por esto que se admite que solamente Dios es Todopoderoso, a pesar que desde Lutero (1483-1546) venimos viendo o sabiendo que ninguna religión se ha dividido en tantos ismos como la que Cristo estableció sobre la tierra. La recepción de Aguirre Sacasa a Salvatierra ha tenido efecto en un tiempo paralelo a la publicación de "Adios Muchachos", polémica obra de don Sergio Ramírez Mercado dada a conocer nada menos que nueve años después de la derrota electoral que sufriera junto con su carnal don Daniel Ortega, con quien compartiera el poder desde 1979 hasta 1990 y por eso mismo igualmente responsable de los "tropeles y tropelías" que durante ese doloroso período de nuestra historia reciente padecieron el país y la mayoría de los nicaragüenses. Si es verdad que la justicia tardíamente aplicada deja de serlo, a los arrepentimientos en política les ocurre -o debiera ocurrirles- lo mismo. Con la derrota de Daniel y Sergio, Nicaragua entró a una auténtica etapa renovadora, guste o disguste a quienes antinacionalmente se oponen a ella. Las voces de la antiviolencia han inflamado sus pulmones. La Cultura de la Paz gana terreno y adherentes día tras día. La negación de la Libertad de Expresión que lanzó al exilio a más de 120 periodistas y puso bozal de hierro a quienes nos resistimos a abandonar la Patria. La cacería contra los jóvenes a quienes conscientemente se mandaba a la muerte (el Servicio Militar Obligatorio se impuso entre el 21 y el 23 de septiembre de 1979 cuando ni siquiera asomaban los conatos de la contrarrevolución), la estúpida creencia de que la sobrevivencia del sector privado dependía del telefonazo de un comandante (release el "Documento de las 72 Horas"), la Ley de los Ausentes y otras tantas tropelías más, son solo ahora capítulos negros de un pasado que no volverá, parafraseando a José Coronel Urtecho. No obstante, asistimos a un protagonismo desfasado de flamantes y reconocidos sustentadores y promotores de las bárbaras disposiciones que adoptó el Consejo de Estado (1980-1990), algunos de los cuales suscribieron la denominada Constitución sandinista de 1987, en la que la arbitrariedad se convertía en ley de implacable ejecución, para los cuales el tiempo se detuvo en aquellos años, sólo que presentándose ahora como "defensores del pueblo", "abanderados de la honestidad", "redentores arrepentidos de sus propias culpas", soñando el sueño imposible de un retorno a curules, embajadas, etc, espúreos objetivos para los cuales se han impuesto, como método, el descrédito contínuo, permanente, irresponsable y destructor de este proceso renovador a través de todos los medios que le son posibles. Se dice también que hay quienes piensan que ponerse viejo es un fenómeno desagradable, sin juzgar que es peor no llegar a serlo, puesto que esta limitación de edad y experiencias es la que permite o ha permitido a los demagogos de todos los tiempos, engañar a las gentes, distraer su atención a los problemas vitales del país y ensañar la conciencia pública con desinformaciones, calumnias e irrespeto a la buena fe de los compatriotas anónimos, envenenando sus almas y frustrando malintencionadamente sus esperanzas. ¿Cómo definir o mejor dicho confirmar esta patología de la demagogia que se está imponiendo en el país? Sencillamente leyendo los diarios, u oyendo algunas emisoras específicamente dedicadas al descrédito de lo que se hace para recuperar las bienandanzas que en otros tiempos tuvimos y de cuya pérdida son responsables no pocos de los actuales detractores, enquistados ahora en medios de comunicación, desvirtuando el bien social que es la base fundamental del buen periodismo.
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