PENSANDO EN NICARAGUA
Ignacio Briones Torres  
Lunes 11 de Octubre 1999
"PAPA CHEPE"*
(Al estilo de "Bolsa de Recuerdos" de Joaquín Absalón Pastora. Con su venia)
I
La primera vez que intercambié palabras conn el General José Somoza fue un 27 de mayo en el Rincón Español. Ese día toda la guardiería como yo solía referirme a la GN en las celebraciones del "Día del Ejército" de ese tiempo, oficialmente denominada Guardia Nacional de Nicaragua, llegué al ya para entonces famoso restaurante de Julio Tirado en busca de una paella valenciana que era mi plato favorito. Anticipé mi llegada a la de mi familia para que mis hijas estudiantes del Colegio Teresiano no tuvieran que esperar mucho tiempo, ya que solo disponían de una hora para compartir el almuerzo con sus padres. La mamá se hacía cargo de irlas a recoger en el centro estudiantil y luego regresarlas.
En mis primeros dos pasos al entrar al local me topé con José Somoza, trajeado de gala como se acostumbraba en esa ocasión "de gran trascendencia nacional" según los uniformados.

A su alrededor habían por lo menos doscientos oficiales.

Lo primero que se me ocurrió preguntarle fué qué hacían allí tantos GN.

--Ya sabemos que no nos querés, me dijo, pero si no te gusta estar en un mismo lugar con nosotros, podés perfectamente bien irte a otra parte.

--El problema es que donde uno vaya se encuentra con ustedes, le repliqué. Me puso una de sus manos en el hombro y me invitó a un trago "tacon alto" de whisky. Y se lo acepté.

II
Varios años después el día que su hermano Luis tomó posesión, primero de mayo de 1957, mientras el dinasta decía su discurso oficial empezó a circular la noticia de que tropas hondureñas habían invadido nuestro territorio. Si no me equivoco la guarnición de Mokorón estaba defendida por el papá de Carlos García, zar de nuestro deporte rey.

Con Sidar Cisneros Leiva y otros colegas radiofónicos nos trasladamos a Radio Mundial y empezamos nuestra guerra de palabras contra los abusivos militares de Honduras. Y convocamos al pueblo para respaldar al gobierno de transición que se iniciaba. En Casa Presidencial, se nos dijo, nos estaban oyendo y se nos sugería que alentáramos a la población para que se integraran a la GN en calidad de voluntarios.

III
Con Agustín Fuentes Sequeira, entonces hábil conductor de una motocicleta de la que no se despegaba nunca, nos fuímos a un batallón ubicado en la parte posterior del Casino Militar. Allí se nos dijo que a la mañana siguiente se comenzarían a enrolar a los voluntarios. Cumpliendo esa orientación en las primeras horas del 2 llegué al Batallón con Manuel Díaz y Sotelo.

--Mirá hermano, me dijo, cuánto tanques tienen estos jodidos, y nosotros andamos creyendo que los podemos botar con manifestaciones.

Un oficial llamado Agustín Peralta me llamó para decirme: --A vos te podemos enrolar, pero a este otro no. Hiciste mal en traerlo. Y no se nos enroló porque yo dije que no podía permitir que se discriminara de defender la Patria a Manuel.

En esa discusión estábamos cuando llegó José Somoza, sereno, amistoso.

-- La Guardia que vos no querés, me dijo, estate seguro que sabrá responder al atropello a nuestra soberanía que han cometido los "catrachos". Y me informó que se acababa de enrolar a Julio Talavera Torres como "Corresponsal de Guerra". Lo uniformaron y Julio, quien trabajaba en FLECHA fué a ofrecer sus servicios a LA PRENSA que destacó una foto del colega en su primera página.

IV
Pasado aquel incidente, el tigre Gustavo Medina, Capitán GN, fué nombrado administrador del Casino Militar e inició una política de las mejores relaciones posibles con los periodistas. Por lo menos una vez por semana nos invitaba a algún evento y en uno de éstos volví a encontrarme con José Somoza. Se sentó en nuestra mesa y nos contó pasajes de su vida. De sus relaciones fraternales con los Somoza Debayle y del cariño especial que le tenía su padre, de lo que éramos testigos la mayoría de la población.

En eso llegaron unos dirigentes sindicales con Jorge Jaime a la cabeza. Fue a éste a quien oí por primera vez decirle "Papa Chepe" a José Somoza, al tiempo que se deshacía en elogios para él. El papachepazo se debía a que José Somoza se había convertido en el paño de lágrimas de los sindicalistas afectos al régimen. No había problema que él no les resolviera, decía Jaime.
Don José nos contó entonces lo que él llamó "El Cuento del Gato". --Los Somoza, nos dijo, gobernamos teniendo presente ese cuento. ¿Cuál era éste?

Una vez, refirió, un hombre encontró en su cuarto un gato. Cerró puertas y ventanas para que no se le escapara y dispuso matarlo. El gato entonces se le lanzó al hombre y le arrancó la yugular de un solo arañazo". A nosotros no nos pueden botar, comentó, porque no le cerramos ni las puertas ni las ventanas a la oposición. Les dejamos siempre una salida.

V
Llegamos al funesto terremoto del 23 de diciembre de 1972. Los colombianos anunciaron que donarían una colonia y así fue en efecto. Jorge Jaime le dijo a "Papa Chepe" que la viuda del periodista Guillermo Arce estaba necesitando de una de las viviendas de la colonia donada por los colombianos. Y José Somoza, inmediatamente ordenó que le adjudicaran la vivienda a la solicitante "aunque su marido comentó, siempre nos atacó". La solicitante es la mamá de Bayardo Arce y según me dicen todavía reside en la casa adjudicada.

VI
Nombrado Viceministro de Planificación Urbana, Iván Osorio Peters empezó a derribar con una inmensa bola de hierro las casas que en su opinión no podían ser reparadas después del sismo.
Una mañana colocó la bola frente a la Catedral y se disponía a derribarla. Fausto Zelaya, presidente del BAVINIC llamó telefónicamente a "Papa Chepe" y le dijo que Osorio estaba cometiendo una barbaridad al querer derribar el templo más venerado por los managuas.

"Papa Chepe" entonces ordenó a Osorio que "respetara el templo sagrado". Y así se salvó la Catedral, hoy en proceso de restauración final.

VII
La última vez que ví y hablé con José Somoza fue en Miami, la tarde que llevaron a esa ciudad los restos de Enrique Bermúdez. Fue una plática larga, a la sombra de uno de los árboles que rodean la Iglesia cuyo nombre lamentó no recordar.

Vestido elegantemente de civil, muy caballeroso en sus modales, me refirió el infortunio del exilio. Sus palabras no podían ocultar la nostalgia por la tierra nativa.

Y me dijo algo que quizás algunos no me lo van a creer:

--Varias veces le dije a Tacho que no cometiera el error del hombre aquél del cuento del gato. Por no hacerme caso, nos jodimos!

* En ese entonces lucía muy saludable. Tiempo después sufrió un derrame cerebral que lo ha mantenido postrado. Su estado es irreversible. La semana pasada se corrió la noticia de que había muerto. En realidad lo que ocurrió es que entró en un estado de coma terminal, ante ese hecho le dedicamos estas anotaciones.

  


 
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