A
algunos ortodoxos podrá parecerles un sacrilegio, pero guardando
las proporciones, las circunstancias y las gestas de cada quien, creo que
en el momento supremo tuvo no más valentía sino mayor conciencia
de su muerte inminente y mayor decisión el general Zeledón
que el General de Hombres Libres.
En efecto, mientras Sandino dijo seguramente con un tono de reproche y amargura instantes previos a la descarga de fusilería "mis políticos me embrocaron", Zeledón estaba plenamente consciente de su muerte el día anterior, y ello se refleja nítidamente en la carta que el 3 de Octubre dirige a su esposa por medio de su suegro, donde estoica y resueltemente le expresa: "Carecemos de todo: víveres, armas y municiones, rodeados de bocas de fuego como estamos y miles de hombres listos al asalto, sería locura esperar otra cosa que la muerte, porque yo y los patriotas que me siguen, de corazón, no entendemos de pactos y menos aún, de rendiciones, puesto que defendemos la dignidad y la soberanía de Nicaragua: somos la República y su libertad que hasta el último momento de nuestras vidas mantendremos..." "Tu papá agotó
los razonamientos que su cariño y su claro talento le sugirieron.
Me habló del deber que tengo de conservar mi vida para proteger
la tuya y la de nuestros hijos, esos pedazos de mi corazón para
quienes quiero legar una Nicaragua libre y soberana; pero no pudimos entendernos
porque mientras él pensaba en la familia yo pensaba en la patria,
es decir, LA MADRE de todos los nicaragüenses. Y como él insistiera
le dije al despedirnos que, desde que lancé el grito de rebelión
contra los invasores y contra quienes los trajeron, no pensé más
en mí familia, sólo pensé en mi causa y mi bandera,
pues es deber de todos luchar hasta la muerte por la libertad y la soberanía
del país.
"No me hago ilusiones desde que empuñé el fusil antes y al rechazar las humillantes ofertas de oro y de honores que se me hicieron, firmé mi sentencia de muerte, pero si tal sucede, moriré tranquilo porque cada gota de mi sangre derramada en defensa de mi Patria y su libertad, dará vida a cien nicaragüenses que, como yo, protestan a balazos del atropello y la traición de que es actualmente víctima nuestra hermosa pero infortunada Nicaragua que ha procreado un partido conservador compuesto de traidores..." "Si muero...moriré en mi lugar por mi Patria, por su honor, por su soberanía mancillada y por el noble partido Liberal en cuyas doctrinas me nutrí..." "Y como rechazada la oferta de Chamorro no queda otro camino que arreglar el asunto por medio de las armas, dejo al destino la terminación de ésta que escribo con el alma, mandándote con ella, para tí y nuestros angelitos todo el amor de que es capaz quien POR AMOR A LA PATRIA está dispuesto a sacrificarse y a sacrificarte a tí y a nuestros hijos..." Por supuesto que este detalle no quita un ápice a la grandeza y a la gloriosa epopeya de Sandino, pero ciertamente tuvieron dos modos diferentes de morir: el uno, vilmente asesinado, y el otro en encarnizado combate, aunque los amigos conservadores hayan inventado episodios tan truculentos como falsos sobre la muerte del héroe del Coyotepe y La Barranca. No fue por casualidad, entonces, que ese gran amigo de Nicaragua y formidable publicista de la gesta de Sandino, Don Gregorio Selser, llamara justamente a Zeledón el Pre-Sandino. Para concluir, queden para nuestros lectores estas hermosas palabras que el eximio unionista centroamericano Don Salvador Mendieta, dedica al fulgurante antecesor de Sandino: "¡Héroe, grande
y abnegado, héroe que fuiste a la muerte, convencido de la inutilidad
inmediata de tu gran sacrificio, pero seguro de que tu sangre fecundaría
el ingrato suelo de hoy para convertirlo mañana en prolífica
tierra de promisión para los hombres dignos y altivos!."
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