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La gran apostura del conquistador macedonio Alejandro Magno ya es legendaria. Desde chiquito, tenía colochitos rubios como de Niño Dios y unos ojos celestitos como agua de montaña. No es de extrañarse entonces que tanto hombres como mujeres hayan perdido sus corazones por él-desde las princesas Roxana y Stateira que fueron sus esposas-hasta el bailarincito eunuco persa Bagoas a quien Alejandro chineaba en público.Ni la pavorosa difteria logró desfigurarlo en su prematura muerte, y los que escribieron testimonios sobre su deceso afirmaban que parecía un angel dormido. Otro hombre hermosísimo fue el gran general galo Vercingétorix, quien a los 17 años de edad ostentaba una cabellera rubia sol que le llegaba abajo de las nalgas, un cuerpo de Tarzán y un rostro de niño travieso. Al rendirse tras haberle dado camorra a Julio César, la belleza de Vercingétorix le jugó una mala pasada y el enamorado romano se lo llevó cautivo a Roma, donde lo tuvo cautivo en esperanzas que el muchacho le diera el sí. Cuando el auvernio no sucumbió ante los ardorosos piropoes de Julio César, éste lo mató y le cortó las trenzas para conservarlas en su alcoba. William Wallace, gran caudillo que luchaba por la independencia escocesa a fines del siglo XIII e inicios del siglo XIV, fue otro hombre muy gallardo, y medía casi 6 pies de estatura en contradicción a la imagen imbañable y patanga que le dio el chaparro de Mel Gibson. Las mujeres lindas han visto su belleza utilizada hasta para fines políticos, y Leonor de Aquitania jamás hubiera sido sucesivamente reina de Francia y luego de Inglaterra si sus dos maridos no se hubieran prendado de su gran hermosura. Y como hijo de tigre sale rayado, el homosexual rey inglés Ricardo Corazón de León salió guapísimo como Leonor, su madre. Otro hijo de Leonor, el aberrado Juan Sin Tierra, habría de caer en las redes de la belleza de Isabela de Angulema, una espléndida e intrigante mujer por quien abandonó a su primera esposa(la fea Hadwisa) para protagonizar un matrimonio de hiel y miel con Isabella. Una vez que Juan Sin Tierra murió, Isabella, aún bella a pesar de tanto parto y sufrimiento, logró casarse de nuevo con un ex amante llamado Hugo. Por cierto que Isabella gracias a su hermosura logró arrebatarle a este tal Hugo a su mismita hija Juana, con quien el galán estaba comprometido. Del Renacimiento italiano, la figura de Lucrecia Borgia escala por las gradas de la historia envuelta en leyendas de su líbido exagerada y de su afición a usar venenos. Hija del degenerado papa Alejandro VI, la belleza de Lucrecia fue deslumbrante, y su padre la utilizó como cebo para pescar peces gordos en redes matrimoniales, para su ventaja. Tras haber gozado íntimamente a su hija durante una orgía enmascarada, Alejandro VI la casó en terceras nupcias con el bellísimo Alfonso, y el amor fue a primera vista. Teodora, nacida en el año 500 después de Cristo, fue una preciosa meretriz que logró capturar la atención del emperador bizantino Justiniano, quien quedó tan deslumbrado por su pinta y destreza en el lecho que la hizo su esposa para adorarla de por vida. De la antigua Grecia, la leyenda de Aspasia, una cortesana que fue amante de grandotes de su tiempo, nos llega como la de una mujer tan perfecta que los escultores se peleaban por plasmarla en mármol. La linda rusita Roxelana gracias a su rostro de querube logró desplazar a Mahi Debran Gulbehar, primera mujer del sultán otomano Solimán el Magnífico, pero esto solo fue para desgracia del imperio. A como era de bella, era de intrigante, y tras asesinarle al heredero Mustafa(habido con Gulbehar), Roxelana(llamada Khurrem en turco) sembró de cizaña el harén de Solimán. Margot de Valois, hija del racista rey francés Enrique de Valois y su intrigante y espantosa esposa Catalina de Médicis, salió bella porque Dios es grande(dado que ambos progenitores suyos eran más feos que un susto en ayunas), y a lo largo de su agitada vida amorosa su exquisitez como mujer le atrajo muchos amantes. Otra mujer exquisita del siglo XVI fue la francesa Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois,no solo fue hermosísima, sino que supo preservar su belleza intacta hasta casi los 60 años en un rarísimo caso de eterna juventud. Con razón el rey Enrique II de Valois se moría por ella, y como su querida le dio incontables privilegios. En España, la reina Isabel de Portugal-consorte de Carlos I-fue considerada en su tiempo como la mujer más bellas del mundo, mientras que en el siglo XIX, Sissy emperatriz de Austro-Hungría, era vista como una muñeca viviente. Hombres exquisitos de la raza indígena indudablemente fueron Atahualpa, hijo de Huayna Capác del imperio inca y Tecumseh, de los Shawnees norteamericanos. Atahualpa tenía cejas espesas, un perfil apolíneo, tez como la canela y una inteligencia que dejaba pasmado de asombro al conquistador Pizarro, quien acabó asesinándole. Tecumseh, quien soñaba con una confederación de naciones indígenas que impidiera la rapiña del europeo, medía 6 pies de estatura, tenía mejor silueta que Dolph Lundgren y poseía una cabellera azabache espesa como marco perfecto de un rostro lindísimo. En Sudamérica, la bravura y la fuerza de Caupolicán de los araucanos fue materia de leyenda, junto con su rostro de chiquillo ingenuo y musculatura de Charles Atlas. Lástima
que el hombre que Darío inmortalizó con robusto ronco de
árbol al hombro de un campeón murió empalado a manos
de los españoles..!
En
el campo de la ciencia, fueron bellísimos ejemplares del macho humano
Leonardo Da Vinci-con ojos cielo y cabello como oro- y el frondoso Dmitri
Mendeleiev, el ruso que parió la tabla periódica de elementos
químicos. Paul Langevin, científico judío francés,
era tan hermoso que María Curie, tras enviudar de su adorado Pedro
con quien compartió un premio Nóbel, se lanzó a sus
brazos en una tórrida aventura en la cual no importó que
el exquisito Paul ya fuera casado y padre de varios chicos.
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