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Lunes 16 de Agosto de 1999 En los últimos días
el poderoso partido socialdemócrata de Alemania que lidera el actual
canciller, Gerhard Schroeder, se haya enfrascado en una seria crisis ideológica
interna que amenaza con dañar las bases de la unidad política
del recién triunfante partido en las pasadas elecciones parlamentarias.
En efecto, presionado por las grandes empresas industriales de la energía y los poderosos círculos bancarios, el canciller Schroeder efectivamente tomó medidas restrictivas económicas antipopulares que rompieron el programa de gobierno que el partido socialdemócrata había ofrecido a sus lectores. El contenido de las medidas adoptadas prácticamente lo colocaron en un plano de igualdad con lo realizado por el ex canciller socialcristiano Helmut Kolh, lo que provocó una inmediata reacción del ala izquierda del partido que lo acusa de "ser de izquierda mientras hace una política de centro". Sus críticos en el partido alegan que el "centro de Schoeder" nada tiene que ver con las extensas bases partidarias de la socialdemocracia alemana, las cuales provienen en su mayoría de la clase obrera, los sectores medios y los profesionales. Le acusan que con su política centrista lo que lograría sería la consolidación definitiva en lo social y lo económico de las diferencias entre los ricos y los pobres de la sociedad alemana. Según el ala izquierda del partido, el centro no es una alternativa para contener el aumento de la diferencia social en los individuos, ni tampoco la polarización, al contrario, significa más bien el cese de las posibilidades de los sectores más desfavorecidos de obtener mejores logros sociales, en cambio de alguna manera, viene a proteger los privilegios de los ricos y fortalecer su estatus político como clase de élite de dominación en la sociedad, provocando nuevas confrontaciones sociales por causas originadas por la marginación de los sectores pobres. La izquierda del partido insiste además en afirmar que Gerhard Schroeder pretende con su centrismo introducir el desmoromamiento que ha llevado a la desideologización de los partidos socialistas europeos. Por su parte, la juventud
socialdemócrata, también ha intervenido en el debate y considera
una burla haber votado por un canciller que en nada se diferencia del anterior
socialcristiano Helmut Kolh.
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