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Viernes 13 de Agosto 1999 Conferencia leída en el Palacio Nacional de la Cultura en conmemoración del primer aniversario de la muerte de Carlos Martínez Rivas Ultima de dos partes
En este sentido hay que destacar la calidad de poeta que fue CMR: un verdadero maestro que daba una lección de claridad en cada poema que escribía, que escribía basado en la realidad real y otra, en la realidad de otros mundos que no están en las nubes sino en el nuestro: en nuestro mundo de experiencias limitadas y concretas, de sensaciones y sentimientos finitos y contingentes como la esencia humana. Un maestro para quien la cultura (la suma de realizaciones artísticas y simbólicas del hombre a través del tiempo) tenía un sentido profundamente vital. No para contemplarla como si fuera algo etéreo o situado en un nicho, sino para vivirla y socializarla, pregonarla y predicarla con toda su carga crítica, disolvente, heterodoxa y subversiva. ¿Qué poeta sin esa claridad ética y estética, sin ese arrojo impugnatorio, sin ese desafío a los mitos consagrados, podía haber escrito el "Beso para la mujer de Lot": ejemplo magistral de de-construcción del mito bíblico desde una perspectiva moderna y postmoderna? Esta conciencia de saberse poseedor de una ars poética sin concesiones a la ideología o a la temática planificada, lo llevó a sostener y a proclamar cada vez más la identificación de vida y poesía, de persona y escritura, de verdad literaria y verdad vital. Una vez dejado atrás el testimonio conmovedor de La insurrección solitaria, conjunto de poemas en tres secciones que, publicados en 1953, abrieron caminos hacia la claridad reveladora y la precisión verbal, en una época tan urgida de ella CMR se prepara para la redacción de Infierno de cielo y Dos murales USA, éste último publicado, junto con "Los testigos oculares", en 1964, en la revista "Cuadernos hispanoamericanos". Después la publicación de poemas aislados y el anuncio de libros que nunca saldrán: libros-mitos, libros leyendas: Carmina figuranta, Allegro Irato, Antropologías, Calcoholmanías, tantos otros. Una poética de formas breves, ceñidas a la esencia misma de la palabra y a la visión de expresión ósea, sobria, desértica, en donde desolación y privacidad son los mismo y dicen lo mismo: "Ni me voy ni me quedo
El testimonio de un individuo sin transición, un poeta que se autorretrata en el retrato de Baudelaire, ese "Ecce homo" que nos habla tan claro al oído, que nos revela las razones del hombre -el poeta- abatido por el Tedio y la vacuidad del "mundo plástico, supermodelado y vacío": "el voluntario de la quiebra
de la voluntad
Para terminar estas breves reflexiones sobre el espíritu y la obra de CMR, es necesario destacar el hecho que desde los años 70, dejada atrás ya la experiencia atártica que lo hizo concebir y ejecutar texto que a mi juicio es el más acabado, ambicioso y perfecto de toda su obra, cuya temática y procedimientos explicaré en una futura conferencia o ensayo, es necesario destacan, repito, que la poética fue adquiriendo, a medida que aumentaba su sabiduría y su experiencia, un tono y una intención didáctica, sin caer en la frialdad o la rigidez característica de los poetas neoclásicos que introdujeron siguiendo a las clásicos ese tipo de intención en el oficio literario. Es evidente que nuestro CMR es un poeta de estirpe romántica, por ética y estética, por su rebelión y rechazo del mundo moderno y por su acendrado individualismo y, por supuesto, por su experimentación permanente en el versolibrismo, pero también hay que añadir que su progresivo alejamiento del ensimismado Yo romántico tradicional lo fue introduciendo cada vez más en la concepción del acto poético como acto pedagógico, en la ejecución del poema como una lección, como una materia expuesta para ser explicada. Poetizar como sinónimos de educar, revelar, ejercitar, o amonestar. Poetizar para transmitir la verdad profunda, lo que está oculto bajo la maraña de la mentira oficial, la retórica mimética o la moda. Así, como dramático
ejemplo, y para terminar, su famosa antielegía en la muerte de la
poetisa argentina Alejandra Pizarnik, enviada al poeta nicaragüense
Francisco Valle:
I
Deje que escriban otros su
obituario.
Y los que no lo fueron ni
cruzaron palabra con ella,
II
No vale la pena. ¿Cómo los intimistas
malolientes, traperos
Nunca.
Yo sé algo de ellos.
III
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