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El domingo el periódico no demandaba nada especial, la homilía del Cardenal, el recorrido por hospitales y policía, y de tener suerte uno que otro "buen" accidente por influencias de Baco. 5,400
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--Estoy
cansada de sucesos aunque no tengo nada que ver con los crímenes,
me siento cómplice divulgando tanta bajeza que al fin de cuentas
se reduce a puro sexo. Llano, simple y vulgar sexo.
Inés no contestó y mientras su computadora arrancaba se consoló con la idea que debía hacer cuanto fuese necesario para sentirse feliz en el trabajo, después de todo necesitaba concentrar todas sus fuerzas en su quehacer profesional, porque vida personal prácticamente no tenía. Sin quererlo al igual que la máquina dio una revisión a su disco duro, repasó su vida sentimental: su principal recuerdo romántico venía de un hombre al que nunca había besado, el más desagradable de su último novio y el más simple e insignificante capítulo de su memoria amorosa correspondía a su primer encuentro sexual. De momento un editor con esposa, amante y un hijo, era el prospecto "menos peor" entre una farabunda de universitarios que estaban tras sus huesos. Pensó que ese domingo sería decisivo para rearmar su vida, al final del mismo pediría su renuncia y se marcharía en busca del verdadero amor, o quizá se cambiaría de sección -dejando atrás susexos- o bien, seguiría tras la sangre aceptando el reto de arrancar al editor de sus sueños de los brazos de las dos mujeres de su vida. Una llamada telefónica reveló al Editor en cuestión, que la noticia esperaba en El Crucero. Inés se fué en moto con el fotógrafo, un tipo de mucho talento, pero de poco baño. Sin saber exactamente a qué iban, subieron la sinuosa carretera Sur, el fotógrafo se quejaba de los aconteceres bisbolísticos de la nación, Inés sin escucharlo pensaba que ese día resolvería su vida siguiendo la regla de siempre: al azar. Decidió que los datos que recogiera en su libreta gris revelarían la clave de sus 23 años de existencia. Llegaron al lugar de los hechos, una casona en ruinas en la que vivía un viejo solitario, mismo que había reportado el incidente y que parecía caminar en el aire, gracias a la ilusión óptica generada por la neblina imperante. Los bomberos sacaban de un excusado derruído, dos bultos pestilentes con aspecto más o menos humano. Por varios minutos sólo el viento se atrevió a hablar, hasta que un vómito intenso rompió el silencio y de inmediato la cincuentena de chavalos que rodeaban la escena paquidérmicas. Los gritos resumían la historia: jamaqueos, burumbumbúm, chirrichirri y puf dos cerotes enamorados! Inés guardó silencio, sin necesidad de preguntas vecinos y parientes descifraron el secreto traicionado por las tablas del excusado. Inés no habló. El fotógrafo acompañó su decisión. Volvieron el periódico y el domingo enmudeció hasta que el Editor viéndola a los ojos y respirando su aliento, preguntó --sin aclarar si se refería a su propuesta amorosa o la noticia del día. -
Y qué creés Inés?
La
decisión había sido tomada.
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