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Hace unos años tuve un moreno y bigotudo jefe que mientras me palmeaba la espalda llamándome hermana en engolada voz, me atrasaba por enésima vez mi pago. No era la primera vez que la palabra hermano se veía desvirtuada, y a lo largo de la historia, muchos personajes trataron a sus hermanos de forma mucho menos que hermanable. Desde los albores de la historia, las relaciones entre algunos hermanos no pueden calificarse de otra forma que de conflictivas. Comenzando por la Biblia, libro de cabecera de los cristianos, Caín y Abel vivían en tira de encoges hasta que Caín decidió ponerle punto final a sus reyertas mandando a Abel en misión exploratoria a ver si era verdad lo del "más allá". Posteriormente, el imperio romano se basa en la leyenda de dos gemelitos llamados Rómulo y Remo, quienes supuestamente fueron amamantados por una loba y luego llegaron a fundar Roma, pero la historia no fue con final feliz y uno mató al otro para quedarse con el poder, a como sucediera tantos siglos después con el monarca sueco que hizo encarcelar y luego lograr que apareciera muerto su hermanito del alma. Las rivalidades entre el dorado y homosexual rey inglés Ricardo Corazón de León y su feo y traicionero hermano Juan Sin Tierra datan desde la infancia de ambos. Mientras Ricardito andaba haciendo el bulto, el cuadro y el ridículo en las Cruzadas, matando a niños sarracenos y padeciendo de taquicardia amorosa cada vez que el sultán Saladino lo miraba de reojo, dejaba el trono vacío de la sufrida Inglaterra y Juancito urdía mil y una tramas para poderse quedar con el mandado. Cuando Ricardo por fin murió engangrenado a causa de un saetazo, Juancito se hizo al trono antes que el diablo lo supiera, pero no sin antes mandar a castrar y matar al hijo mayor de otro hermano suyo, Geoffrey. Enrique III de Francia, hijo del pavoso Enrique II de Valois, llegó al trono después que sus hermanos Francisco II y Carlos IX fueran devorados por la muerte (aunque no por mano suya), y se le recuerdo como un homosexual pleitisto que en una ocasión sumergió la honra de su propia hermana Margot en el fango, al gritarle obscenidades y hacerla arrastrar en medio de una fiesta. Posteriormente la tuvo encarcelada en Usson y quién sabe qué más hubiera hecho en contra suya si él mismo no hubiera sido asesinado. Durante el Renacimiento italiano, poco faltó para que dos hijos del libidinoso Rodrigo Borgia -más conocido como el Papa Alejandro VI- se fueran a los puños por reyertas familiares. César Borgia se dio a la tarea de recetarle viudez a su hermosa y sexy hermana Lucrecia cuando optó por asesinarle a su segundo marido. El pobre hombre estorbaba los propósitos de César, y nada mejor que quitárselo de en medio sin tomar en cuenta que Lucrecia le tenía una pizcacha de afecto a su consorte. Alejandro VI también tuvo mano en el asesinato de un turco llamado Djem por parte de su hermano Bayaceto II, hijo del temible Mohammed II El Conquistador. Recordemos que este sultán fue el hombre que acabó con el imperio bizantino al atacar y conquistar Constantinopla un 29 de mayo de 1453. Mohammed II en su código de leyes especificaba que el heredero al trono de Osman debería ser ungido como sultán después de haber eliminado a sus propios hermanos para evitar que estos fueran aprovechados por disidentes y crearan rivalidades que desencadenaran una guerra civil. Cuando Bayaceto II sube al trono, su hermano Djem sale como alma que lleva el diablo hacia Francia, donde fue enviado por los caballeros del Hospital de Rodas. Tras muchos encierros y peripecias fue a caer en manos del Papa Alejandro VI, quien recibía anualmente de manos de Bayaceto II cuarenta mil ducados por evitar que Djem regresara a Turquía. Djem pasó en lujoso cautiverio 3 años antes que Bayaceto II enviara una suma más grande para garantizar que Alejandro VI acabara con él, envenenándole la comida. Este papa recibió 300 mil ducados por consumar este fratricidio. Cuando el hijo de Bayaceto II, Selim, llegó al trono, ya habían asesinado a su hermano mayor Mustafá como parte de un complot urdido por Besma -consorte de Bayaceto II- y él mismo había dado la orden que mataran empalado en una espada a su medio hermano, el gordiflón y pederasta Ahmed. Las matanzas entre hermanos mancharon también la historia de la India, y cuando el emperador mugalo Shah Jehan -el que construyó el Taj Mahal como tumba para su adorada esposa Mumtaz Mahal-, vio su salud deteriorada, su propio hijo Aurangzeb lo depuso. El pequeño problema era que Aurangzeb tenía varios hermanos, pero esto fue resuelto decapitándolos uno por uno hasta que pudo quedarse con el trono. Leonor, hermana del rey inglés Enrique III, fue otra personalidad que no fue muy hermanable. Dado que estaba casada con el aguerrido Simón de Montfort, se puso del lado de su marido cuando éste optó por alborotar a los nobles ingleses en contra del atribulado soberano. Enrique III lloró a mares al saber que la influencia de su hermana incluso había sido crucial para que su sobrino el heredero, el futuro monarca Eduardo I Pataslargas, se sumara a la rebelión de Montfort en contra de su propio progenitor. La muerte de Shaka Zulu -gran guerrero y unificador de los zulúes -un 24 de septiembre fue producto de rivalidades entre hermanos. Shaka había mantenido sometidos a sus hermanos mientras fue rey, pero a la menor oportunidad estos urdieron una trama para poderlo asesinar acuchillándole por la espalda. En América, en medio de los dolorosos estertores de la conquista a manos de los cheles españoles habría de darse un asesinato entre hermanos que sacudió a la opinión pública de aquel entonces. Huayna Capác, monarca inca, al morir dejó su imperio dividido entre sus hijos Huáscar y el bello y brillante Atahualpa. Atahualpa, sediento de poder, hizo que apresaran a su hermano y posteriormente le trajeron la cabeza del mismo. Atahualpa entonces convirtió el cráneo de Huáscar en un botijo para beber, y solía tomar sus jugos y bebidas de esta macabra pieza delante de todo mundo. Pizarro, quien a estas alturas de la historia ya andaba dando guerra por el Perú cometiendo toda suerte de crueldades en nombre del rey y la religión, se manifestó pavorosamente horrorizado ante la actitud "poco hermanable" de Atahualpa y tras haberlo apresado, lo hizo ejecutar. Luis XIV de Francia desde chico supo que estaba destinado a la corona, y su hermano menor Philippe siempre estuvo tras su sombra. Ana de Austria, la madre de ambos, marcó con preferencias al futuro Rey Sol y hasta fomentó que Philippe siguiera sus incipientes gustos homosexuales para que no fuera amenaza para Luis. Una vez en el trono, Luis XIV siempre mantuvo a su amariposado hermano a mecate corto, humillándolo en público en numerosas ocasiones. Alfonso
de Braganza era un rey bastante anormal, y en Portugal abundan anécdotas
sobre su perversidad, su falta de aseo, su locura criminal y su incapacidad
para gobernar. Cuando lo casaron con una francesita llamada Mademoiselle
de Nemours, no cambió de costumbres y siguió haciendo barbaridades
y asesinando gentes en las noches. Su hermano Pedro comenzó un romance
con su francesa cuñada, y entre ambos urdieron la trama que lo remitió
tras las rejas, despojándole del trono lusitano.
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