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Viernes 6 de Agosto de 1999 CAROL MUNGUIA Corresponsal
Quizás alguien se habrá acordado de tararearte una de tus canciones favoritas, aquellas que cantaban en tus ratos de melancolía y que comenzaba así: "No porque tus errores me tienen cansado, para mí lo nuestro ya esta terminado, no me pidas...." Fuiste maestro por excelencia, una enseñanza de periodismo que cualquiera debería tener agallas, coraje y tesón para aguantar previo a la lección, toda una explicación de cada equivocación ortográfica y periodística, principalmente seguido de la cultura general y experiencias vividas, en tu memoria fotográfica que te hacías merecedor del autotítulo de sabio, "no doctor, porque doctor es cualquiera". Entre tantas vivencias, lo que más me llamó la atención fue el amor hacia tu querida familia, a tus hijos, hermanos y a los periodistas en general porque en cada quien encontrabas un detalle, una especialidad, algo que te llamaba la atención de cada ser humano, así de repente se te veía en Niquinohomo por los frijolitos de fulanito, en Masaya por el vigorón, en Managua por la leche agria, y en Chinandega por tus nacatamales de La Mora. Y es que a tu edad, llenabas la expectativa de cualquier conversador, platicabas de cualquier tema, porque de todo estabas informado y cuando algo te llamaba la atención, iba la obligatoria llamada de consulta o confirmación de la especie, así fuese quien fuese. Ya consulté con don Enrique Peña Hernández sobre nuestro eterno pleito por la palabra tendente, que decías que era tendencia, pues el experto no dio un empate y aún me falta que investiguemos sobre la fruta guayabilla, como en Chinandega le llaman, pero que para ti era guayaba de fresco y de ahí que cualquier error, una "guayabillada". Estuve en tu querida Bolsa de Noticias, que creció como lo soñaste, al frente de María Elsa, que desde que se dedicó al periodismo económico en la televisión augurabas un buen futuro, y a Xanthis, que me convenzo que es una Emigdia Suárez en potencia, por su capacidad de entrega al trabajo, la dedicación a sus proyectos y tesón para seguir avanzando. Y de Plinio ya no digamos, asumiendo responsabilidades de nuevo patrón, de tu estimada (Mayo), de Emigdio, Guadalupe, Paúl y el sorprendente Jaime Yarrince convertido en todo un profesional de alta capacidad. Que gozoso estuvieras de tantos logros alcanzados por tu familia, de la mano de doña Elsa. Amigo, gracias por tus lecciones, por enseñarme a que todo se logra si hay voluntad, a conquistar un buen lugar donde quiera que te desempeñes, a valerme por mí misma, a hacer de mi carrera algo que disfruto, me deja satisfacciones, muchas recompensas profesionales y autoestima, porque contrariamente a lo que muchos colegas digan, el periodismo es una carrera de mucho sacrificio.
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