A MI MANERA
Angela Saballos
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Lunes 2 de Agosto 1999 

Una de esas personas por las cuales uno tiene orgullo ajeno es Aminta Granera.  Aminta Granera, la comisionada y Jefe Nacional de la Policía de Tránsito es un perfecto parámetro de lo que alguna vez significó la posibilidad de la mujer nueva, el hombre nuevo, el nuevo nica que anunciaban que sería el producto viviente tras el proceso revolucionario sandinista. Era lo que se esperaba, pero para muestra un botón. Tal vez será por eso que junto con su prima Eva Sacasa se rumora para futura Jefa Nacional de la Policía Nacional. 

Virgo en el horóscopo occidental y perfeccionista como tal, dragón de agua en el horóscopo chino, Aminta Granera es vanguardista, lúcida, tiene un gran sentido de lo moral, abierta a las ideas, pulcra y trabajadora tenaz. 

Religiosa en sus actitudes, autodefinida como cristiana y revolucionaria, Aminta Granera estudia su cuarta carrera, esta vez Gerencia Empresarial tras graduarse como la mejor alumna en Filosofía, Teología y Sociología. Extremadamente organizada, combina el arduo trabajo de Jefa Nacional de la Policía de Tránsito con sus deberes de estudiante universitaria, esposa y madre. 

En su pulcra oficina en la que despliega a través de fotos, situaciones de su vida personal -casamiento, hijos -Aminta huele a Cabotin de Gres, mientras sonriente espera, con su negro pelo peinado al estilo de paje- preguntas con un semblante abierto y confiado en el que ni una gota de maquillaje oculta alguna línea de expresión. 

Viéndola tan tranquila, tan responsable, nadie diría que fue una niña revoltosa, pero ella se lo atribuye a la educación libre que tuvo a través de su abuelo, Don Pepe Sacasa, a quien se refiere constantemente. Bajo su educación creció. El la instruyó a tener un “alma de discípula”, para que siempre se abriera a aprender lo que otros pudieran enseñarle. Así le dijo cómo abrazarse a los árboles para sentirlos parte de ella, a caminar descalza sobre la hierba y la tierra, a cerrar los ojos para escuchar y distinguir los sonidos del bosque, a pensar que el mal no existía, a ser espontánea y amar la pureza, a conocer que el mar no se ensucia aunque lo alimenten corrientes de lodo. 

Todo esto la llevó con su guitarra y su acordeón a meditar y a escoger una vida en la que la opción por los pobres era lo más importante.  Se convirtió en novicia de religiosa del Colegio La Asunción, estudió para serlo en Guatemala y allá conoció a gente de la guerrilla guatemalteca. A través de ellos descubrió que no sólo como monja podía “transformar el mundo”, y se volvió guerrillera del Frente Sandinista. 

Veinte años después me dice que sigue creyendo en la utopía, y que si en aquel tiempo era todo un bosque el que había que transformar, ahora considera que el trabajo puede realizarse a partir de pequeñas acciones y tener la utopía como el horizonte de su vida, como su meta, como su ideal, “porque me sirve para caminar”.  Aquí, algunas de sus respuestas. 

-Usted se autodefine como cristiana ante todo, pero esto no se contradice con ser Policía? 
-No. No encuentro contradicción. En mi vida he cambiado de hábitos, y como el hábito no hace al monje, siempre te queda el mismo corazón.  Yo no me siento distinta al usar el uniforme de la Policía Nacional de lo que sentía con el uniforme de las monjas de la Asunción. 

Siento que soy la misma Aminta Granera, que tengo las mismas convicciones y que encuentro la felicidad en la misma forma. 

-¿Le angustia la soledad? 
-Al contrario, la necesito. Yo necesito la soledad. Me angustio cuando estoy demasiado abrumada por el trabajo, la gente, y busco la soledad para encontrame con lo mejor de mí y encontrar la respuesta que no encuentro afuera. 

-¿Al despertar qué es lo primero que hace? 
-Dar gracias a Dios por un nuevo día y le pido que me ayude a vivirlo como El quiere. El trabajo en la Policía es muy intenso, pero siempre a mediodía salgo a almorzar con mis hijos. 

-¿Qué piensa del amor? 
-He sembrado y cosechado amor. En mi vida he encontrado compañeras y compañeros que me han dado y a quienes he dado mucho amor. No tuve muchos novios y mi esposo y yo ya llevamos diecinueve años juntos. El es una persona extraordinaria. 

-¿Cómo resiste él que usted esté siempre tan ocupada? 
-Pues el amor, precisamente, Angelita.  Cuando nos conocimos yo ya llevaba esta vida tan agitada y considero que no es cualquier hombre el que hubiera podido resistir el ritmo de trabajo que llevo.  Es un compañero que siempre está presente en las buenas y en las malas, muchas veces sin poderle yo compartir las preocupaciones o problemas, por el tipo de trabajo que desempeño, sin embargo, él lo ha comprendido sin conocerlo. 

-¿Qué es lo fundamental en una relación? 
-El respeto, si no está el respeto como base, la relación no va a prosperar. 

-¿Pone reglas del juego en el trabajo? 
-Sí. No me gusta estar encima, ni sancionar, ni gritar, pero soy muy exigente.  Le digo a la gente que tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos y que no podemos cometer errores si está de por medio la gente, Nicaragua. Pero éstas también son las reglas de la institución. 

-¿Qué le provoca la corrupción? 
-Cuando se han dado los casos, me hace perder la paciencia. Me da también una sensación de impotencia porque sentís que la sociedad en su conjunto está perdiendo una serie de valores, y lo ven como una cosa natural. Siento entonces rabia, impotencia y luego pesar. 

-¿Habría otro espacio en la Policía donde le gustaría ir? 
-Realmente en veinte años nunca he pedido dónde ir, y nunca he dicho no donde me han enviado.  Me sentía absolutamente feliz con la información y el análisis en la Secretaría, y pienso que Tránsito es fascinante sobre todo ahora que estamos trabajando con la sociedad civil de cara a la prevención de accidentes. Si me mandan a otro lado, pues también voy a ser feliz porque la felicidad la lleva una por dentro y depende como te situás ante lo que estás haciendo, más que lo que estás haciendo, lo que te hace feliz. 

-¿Què lee? 
-Ahora las notas técnicas de la Universidad Thomas Moore.  Pero me gusta la poesía, las obras completas de Saint Exupery, los latinoamericanos, la Gioconda Belli me fascina. 

-¿La cualidad suya que más aprecia? 
-La ternura. 

-¿Y el defecto que le disgusta? 
-Soy impaciente y perfeccionista. Tengo mucha rapidez para hacer las cosas  y me desespera cuando me toca trabajar con personas que no llevan el mismo ritmo. 

-¿Qué es lo que le llega más de una persona? 
-Su capacidad de sonreír. 

-¿Cuál es el común denominador de los pensadores que usted admira? 
-Un deseo ardiente de la justicia y deseo ferviente de servir a los demás. 
  
 

 
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