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Jueves 15 de Julio 1999 Franz Galich
"El coste de esta violencia supera el 12.1 por ciento del Producto Interno Bruto de la región. Equivale a unos 168 millones dólares al año." "Equivale a unos 25 kosovos, sordos, que no aparecen en los medios de comunicación y que ocurren, la mayoría, en las zonas marginales de las ciudades". ¿Qué decir ante esta brutal realidad?, peor aún: ¡Qué hacer! La ciencia, ya está visto, no puede hacer mucho, casi nada. La filosofía se enreda cada día más en galimatías de los fines de la historia y las ideología, pero no del dinero. A la economía no le interesa más que crecer, sin importarle la fuente de ese crecimiento. Las religiones tratan de dar consuelo pero el estómago no entiende de consuelos. En fin, como dijera alguna vez un filósofo (Cioran?), al ser entrevistado en la televisión francesa, posiblemente derrotado ante el cúmulo de imbecilidad que hemos sido capaces de generar: "No hay nada nuevo que decir". Y cuando eso sucede será que tampoco hay nada nuevo qué hacer? Quiere decir eso que estamos condenados al exilio eterno como diría Camus, o al infierno elegante, pero al fin infierno, como diría Sartre? Mucho me temo que sí. Veamos de dónde viene todo esto. Los filósofos más pesimistas le atribuyen al ser humano la raíz del mal, la mala levadura. Los economistas-filósofos, como Marx, piensan que el mal está en la ambición de un grupo de poderosos por acumular riqueza, sin embargo pensaba que la naturaleza humana no era así, que el triunfo del bien sobre el mal se impondrá algún día. Pensamiento obviamente de ondas raíces religiosas, aunque el alemán haya combatido implacablemente al fariseísmo y el filisteísmo del cristianismo, como su compatriota, muchas veces mal interpretado y más mal comprendido, Nietzsche. Hay pues, filósofos, de pensamiento puro y casi contemplativo mientras otros lo son de pensamiento y acción. Esa misma dicotomía funciona para todos los seres humanos: el contemplativo y el de acción. El contemplativo es más escaso, ya que el estado de contemplación requiere mucho poder y profundidad mental (debe entenderse que no estoy equiparando contemplación con pereza), el de acción abunda escandalosamente. Su finalidad en la vida es acumular. La del contemplativo es comprender la esencia nuestra, es decir, nuestra finalidad. Pero sucede que en el torbellino del tener, se descubre que no hay suficiente para todos, es decir, no se pueden llenar todos los bolsillos con la cantidad que cada uno imagina necesitar. De allí se origna la violencia, de la ambición a poseer más que el otro. Porque Dios no lo quería tanto como a su hermano fue que Caín mató a Abel, es decir por no tener más amor de Dios. Problema de cantidad. Los Estados Unidos desde un principio quieron más y ahora quieren más. La eurocomunidad también. Los japoneses también, los chinos (de las dos Chinas) también, nuestros vecinos también, nosotros mismos también y cuando alguien nos lo impide, nace el odio, el rencor y la violencia. Pero entiéndaseme: no estoy diciendo que nos quedemos de brazos cruzados ante el abuso del vecino, sea hombre o mujer, pelón o peludo, blanco o negro, gringo o europeo. No. Trato de llegar a la raíz, de ser radical, a sabiendas que no he de lograrlo. Es lícito, justo, bueno o malo que un individuo quiera tener más y más cada día?, o una nación? Creo que no. El problema es cuando se hace a costas de los demás. La felicidad y bonanza de muchos países de Europa y principalmente los Estados Unidos, navega sobre ríos de lágrimas, sudor y sangre nuestras, y de Africa y varios países asiáticos. Es cosa de historia, no de política barata. Será entonces que realmente, verdaderamente, haya países que les interese ayudar a otros. Cómo es posible que no se haya podido acabar con el hambre en el mundo, mientras en Estados Unidos cerca del 70% de su población padecen de obesidad? Y por allí han de andar los europeos. ¡Claro!, consumen el 80% de lo que se produce en el mundo, en bienes y servicios, mientras el resto debe conformarse con el restante 20%. Entonces, qué hace un jefe de familia que tras mucho sacrificio aún conserva el núcleo familiar, para satisfacer las necesidades básicas de los suyos? Qué hace el político que no sabe si su carrera política termina con el período para el que fue electo (legalmente, supongamos) y qué hacen los varones jóvenes excluidos cuando mirán que hay otros jóvenes que tiene cosas que ellos no poseen, como tenis de marca, por ejemplo. Y la joven mujer qué tiene hacer para poder tener ropa bonita o estudio o qué comer, o alimentar a su vástago, que tal vez no deseó pero que debe mantenerlo? Y los pueblos que son humillados constantemente por otros más podeorosos? Nada. Simplemente se hacen delincuentes, con todas sus consecuencias, y prostitutas las mujeres, con todas sus consecuencias también, y de allí nace el odio, la otra fuente de la violencia. La idea de otra vida mejor es bonita pero no soluciona absolutamente nada, porque tarde o temprano la gente descubre el timo, igual cosa sucede con los políticos. Pero lo peor de todo esto es cuando el hermano se convierte en verdugo, en lobo del hombre. El jefe lo contrata para que todos los días le dé dos patadas a alguien y viene él, de servil, le da cuatro, dos más de su cosecha, para ganarse el favor del jefe. Hay gobiernos que han sido así, y cuando eso sucede, se acumula odio. América Latina y Centroamérica, son regiones de odio, mucho odio, y será para menos, la raíces de este odio son muy profundas, y lejos de evitar que sigan desarrollándose, más bien se les abona. Son muy buenos agricultores estos modernos farmers. Mientras, unos 200 millones
de latinoamericanos saldrán mañana a las calles a disputarle
el sueldo y el bocado a una cantidad menor pero que al igual que ellos,
tiene necesidad y estarán dispuestos a defenderlo a costa de cualquier
precio, incluso matar. Otros lo harán simplemente porque quieren
tener más, pero igualmente estarán dispuesto a todo para
conseguirlo incluso matar.
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