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Grande era la tristeza del monarca cuando en los cuadernos donde anotaba sus récord de cacería tenía que plasmar la palabra NADA..., que quería decir que no había cazado nada ese día, y esa palabra reaparece en sus apuntes aún en días trágicos para su corona o el Estado. Si a esta conducta de rey-NADA agregamos la influencia que sobre él ejercía su esposa, la reina María Antonieta -con la que pasó siete años sin poder consumar el matrimonio-, y el provecho que de su displicencia sacaban sus ministros, comprenderemos cuan de poco provecho podría haber sido para una Francia en transición un rey-NADA dentro de una revolución inevitable.
Por otra parte, la corte de Luis XVI recogía los males de las dos anteriores, la petulancia de Luis XIV (el Rey Sol), absolutista, favorecedor de la nobleza y de la burguesía; y la poltronería de Luis XV, un monarca que se dejaba gobernar de sus queridas (la Pompadour y la Du Barry), y que tras la Guerra de los Siete Años hizo perder a Francia sus colonias. Este rey dejó para la posteridad el dicho: "Después de mi el diluvio", conducta corrupta que ocasionó la indignación de los filósofos y enciclopedistas, como Voltaire y Rosseau, que con sus ideas fueron causa directa de la Revolución Francesa. Taine en su libro "Orígenes de la Francia contemporánea" reconoce que la corte de Versalles en tiempos de LUIS XVI, por sus vanidades y oropeles se asemeja a una corte Oriental: "On dirait une cour d'Orient". Montesquieu, por su parte, define a un noble francés de esa época como "uno que tiene antepasados y que está cargado de deudas y de pensiones". Si imaginemos, pues, a una Francia consumida por la epidemia filosófica del Siglo XVIII, el SIGLO DE LA RAZON, la revolución era inevitable, pues la mentalidad de Versalles era incorregible. Se puede afirmar que aún con su retardo mental, Luis XVI era la figura más noble, mejor intencionada y casi podríamos decir la más inteligente de la corte, pues comprendía la gravedad del asunto y procuraba rodearse de ministros que resolvieran los problemas. El problema principal era hallar el modo de acabar con el enorme déficit económico que habían acumulado los dos monarcas anteriores, este problema envolvía a los otros, como era la reorganización interior, distribución de servicios, reglamentación del comercio... y sobre todo la abolición del feudalismo y de sus ilimitados privilegios. En lo económico el problema de Francia era casi igual al que hoy atraviesan los pueblos del tercer mundo: una deuda externa de enormes dimensiones que se contraponía a los enormes gastos que requería una corte de lujo y enormemente corrupta, y una clase pobre que moría de hambre en los campos y ciudades ante la indiferencia de gobernadores, monarcas y clérigos. Dos ministros de Hacienda, Turgot y Necker trataron de hacer algo, el primero era partidario del libre comercio, sin trabas, y el otro un decidido estatista, partidario de intervenir fijando los precios y regulando la oferta y la demanda. Para Turgot la actividad del estado, en aquellas circunstancias tan difíciles, debían reducirse a fomentar la productividad natural, mejorar los caminos, las sillas de posta y correo, reducir los privilegios y disminuir injusticias. Para pagar a los acreedores y evitar nuevos déficit recomendaba reservar cada año diez millones de libras que, al interés compuesto, se multiplicarían casi en forma mágica, para en un día no lejano quedar solventes. Turgot esperaba que, sin regular el comercio habría ABUNDANCIA NATURAL de harina y granos, sin embargo, como a pesar de la bondad natural del hombre siempre hay monopolizadores y además malas cosechas, tuvo que dejar el puesto a consecuencia de lo que se llamó "la guerra de las harinas". Le sucedió Necker, ginebrino calvinista. Su tratamiento para aquel enfermo grave consistía en combinar las economías de Turgot con emprestitos colosales. Necker era banquero y sabía VENDER MILLONES, colocar emisiones -bonos, como se dice ahora- que se pagarían cuando fuera posible (si se lograban pagar). Necker se mantuvo mas tiempo en el puesto que Turgot, su estrategia no era mala de no haber habido otros problemas políticos y sociales que resolver para Francia, sin embargo, tanto Turgot como Necker comprendían que aquellos paliativos sólo servirían para ganar tiempo, y proponían otros remedios, como el de la división de Francia en provincias con asambleas regionales y municipales, para reducir el absolutismo feudal del Rey centrado en París, medidas que hubieran acabado por producir una completa reorganización del reino. Pero el caos administrativo era galopante, y en 1786 Calonne, ministro que sucedió a Necker comunicó al rey el deplorable estado del tesoro que acumulaba deficit anuales de cien millones de libras, proponiendo como remedio otra mezcolanza de lo que habían planeado Turgoy y Necker. Al ver que el rey dudaba de sus propuestas, Calonne propuso que se consultara a una Asamblea de Notables antes de proceder a hacer reformas. Esos notables, como se comprenderá, fueron escogidos en la cámara real, príncipes de sangre, prelados, nobles, magistrados, presidentes de municipios privilegiados.. y sólo seis personas del brazo polular. Entre esos notables descollaba
Lafayette, con el prestigio de haber participado en la revolución
Norteamericana, algunas de estas personas eran cultas y si por separado
hubierna aprobado las reformas, ya en conjunto se negaron a sacrificar
sus privilegios. Se reunieron el 22 de febrero de 1787 y aunque trabajaron
en comisiones que no llegaron a nada, aunque el ejercicio sirvio para destituir
a Calonne al que acusaron de malversación de fondos.
Se acordo que la representación en esa asamblea sería así: 600 del brazo popular, 300 del clero y 300 de la nobleza. Pese a las protestas de personas pertenecientes al brazo popular, como el abate Sieyés y Mirabeau que consideraba una payasada para ganar tiempo todo aquel accionar, los Estados Generales se reunieron en Versalles el 5 de mayo de 1789, fecha que se considera como la del comienzo de la Revolución Francesa. Considerando su inminente derrota los nobles y el clero querían deliberar por separado, pero el brazo popular manifestó que "desde el momento de la inauguración no había diferencias y que todos eran por igual representantes de la nación". No conformes con esa declaración los representates del brazo popular y algunos nobles y burgueses que se unieron a ellos, se reunieron en un gimnasio de Versalles donde se jugaba pelota y allí juraron no separarse hasta darle una nueva constitución a Francia. No hubo mas remedio que ceder. El 27 de junio el rey autorizó la unión de los tres estados y reconoció el hecho consumado de la existencia de la Asamblea Nacional, que el 9 de julio adoptó el nombre de Asamblea Constituyente. Sin embargo los acontecimientos se precipitaron. El 14 de julio el pueblo impaciente saquearon el Cuartel de los Invalidos y con las armas encontradas en aquel refugio-cuartel-museo, asaltaron la prisión de La Bastilla. Cuentan que el rey al enterarse del hecho dijo asombrado: "¡Pero esto es un motín!" El duque de la Rochefoucauld replicó: "No, Sire, es una revolución". La Constitución al fin quedo finiquitada y el rey la juró acatar con toda su familia. Ese día hubo una gran fiesta civil en el Campoa de Marte. En la Constitución se abolían los títulos y órdenes de nobleza, la venta de cargos públicos, se disolvían los gremios y asociaciones que monopolizaban el comercio. Impedia los votos religiosos, declaraba el matrimonio un contrato civil y poco despues reconocía el divorcio. Aquel documento histórico reconocía que la soberanía residía inalienablemente en la nación, pero ésta podía delegar su ejercicio en el rey y en un cuerpo legislativo, prevaleció la idea de una sola Asamblea unica, despues de discutir si era conveniente tener dos como en Inglaterra y Estados Unidos. Tendría esa asamblea 745 diputados, y Francia, libre de fronteras interiores, estaría integrada en 85 departamentos, la duración de la Asamblea era de dos años y el rey no tenía derecho de disolverla. Claro, hay otras disposiciones que sería muy prolijo ennumerar. Pronto los nuevos y flamantes diputados de la nueva Asamblea entraron en contradicciones. Un grupo de ellos, capitaneados por abogados y periodistas de La Gironda -o Girondinos-, amigos de la grandilocuencia pero con posiciones moderadas, y el otro grupo más radical, los llamados jacobinos, que deseaban la abolición de la monarquía. En esas trazas la Asamblea aprobó dos leyes que castigaban con la perdida de sus bienes y otras medidas a llos nobles emigrados y a buena parte del clero. Luis XVI rodeado de ministros pusilánimes, cayó en esas trampa ahecha por los girondinos, y vetó por dos veces la disposición. Esto fue utilizado por los girondinos para asociar al monarca con los enemigos que asediaban a Francia y a la Revolución desde los países vecinos. El populacho enardecido por Dantón decidió asaltar el 20 de junio de 1792 el palacio de las Tullerías, pero el Rey con gran animo recibió a la multitud y aquello terminó en un acto fraterno en el cual el rey bebió a la salud de la Nación, se puso un gorro frigio yu blandió un sable amenazando a los enemigos de Francia. Los jacobinos entonces planearon un segundo golpe. En las Tullerías habían numerosas tropas decididas a vender caras sus vidas proyegiendo al rey y a su familia, pero los gritos de los conjurados desmoralizaron al Rey que prefirió no luchar y refugiarse junto con la reina y sus hijos en la propia Asamblea queestaba deliberando. El populacho invadio Las Tullerías y degollaron y martirizaron a guardias y servidores, tanto a los que se entregaban como a los que resistían. A estos actos siguió una degollina en las diferentes cárceles de Paris. Mientras tanto en la Asamblea
se discutía el destino del monarca
El hecho de ver a una Francia sin monarca obligaba a convocar a otra Convención para redactar otra Constitución que estuviera en armonía con los acotecimientos. Se convocó a las elecciones en toda Francia y los jacobinos ganaron casi todos los cargos. El mismo dia de su establecimiento la nueva Asamblea declaró por unanimidad que la monarquia quedaba abolida, esto alarmó a los girondinos que comenzaron a insinuar que Dantón y Robespierre aspiraban a la dictadura. La Convención, arrogándose derechos de Tribunal, comenzó un proceso contra el rey, que fue declarado traidor a la Patria al habersele encontrado correspondencia secreta con otros monarcas europeos que estaba interesados en su salvación. El cargo de traidor fue aprobado por unanimidad, en tanto la pena de muerte lo fue por apenas por una ínfima mayoría. Luis XVI fue guillotinado en la Plaza de la Revolución, la que hoy es Plaza de la Concordia, el 21 de enero de 1793. El proceso de la reina se efectuó medio año después, ya no la juzgó la Convención sino un tribunal. Mientras el rey fue conducido en carroza al cadalso, la reina fue llevada en una carreta, con las manos atadas y mirando hacia atrás. La vorágine revolucionaria
arrastro tras si con las cabeza de los girondinos y posteriormente con
la de los fiebres jacobinos... Pero la Revolución Francesa sigue
viviendo y sus principios constituyeron el paradigma del resto de revoluciones
sociales habidas en el mundo.
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