PENSANDO EN NICARAGUA
Ignacio Briones Torres  
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Viernes 30 de Abril de 1999

EL DIA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
(Ultimo de II partes)

Un congresista llamado Gabriel Edmonston logró que el Congreso aprobara una moción que a la letra decía: "La Federación de Sindicatos Organizados y Uniones Laborales de los Estados Unidos y Canadá ha resuelto que la duración de la jornada de trabajo, desde el Primero de Mayo de 1886, será de ocho horas, y recomendamos a las organizaciones sindicales de todo el país hacer respetar esta resolución a partir de la fecha convenida".

La resolución echó firmes raíces en el seno de la clase obrera norteamericana.
A medida que la fecha fijada se acercaba, las organizaciones sindicables trabajaban animosamente. El número de sus adherentes o afiliados se triplicó en esos meses. En Chicago, el Comité por las Ocho Horas puso en guardia contra las huelgas parciales o mal organizadas, que podrían tener como consecuencia lock-out y podían hacer abortar el movimiento.
 

PRIMERO DE MAYO DE 1866
Por fin, la fecha esperada llegó. La orden del día, uniforme para todo el movimiento sindical, era precisa: "A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de ocho horas por día. ¡Ocho horas de trabajo! ¡Ocho horas de reposo! !Ocho horas de recreación! Simultáneamente se declararon 5 mil huelgas y 340 mil huelguistas dejaron las fábricas para ganar las calles y allí vocear sus demandas.
En Chicago, los sucesos tomaron un giro particularmente conflictivo. Los trabajadores de esa ciudad vivían en peores condiciones que los de otros Estados. Muchos debían trabajar todavía 13 y 14 horas diarias; partían al trabajo a las 4 de la mañana y regresaban a las 7 u 8 de la noche, o incluso más tarde, de manera que "jamás veían a sus mujeres y sus hijos a la luz del día":

Unos se acostaban en corredores y desvanes, otros en inmundas construcciones semiderruídas donde se hacinaban numerosas familias. Muchos no tenían ni siquiera alojamiento. Por otra parte, la generalidad de los empleadores tenían o manifestaban tener una mentalidad de caníbales. Sus periódicos escribían que los trabajadores debía dejar de lado "su orgullo" y aceptar ser tratados como "máquinas humanas". El Chicago Tribune osó decir: "El plomo es la mejor alimentación para los huelguistas... La prisión y los trabajos forzados son la única solución posible a la cuestión social. Es de esperar que su uso se extienda".

No es de extrañar, señala un autor, que en ese cuadro Chicago fuese el centro más activo de la agitación obrera y cuartel general de movimiento anarquista de Estados Unidos.

Dos organizaciones dirigían la huelga: la Asociación de Trabajadores y Artesanos y la Unión Obrera Central. Sus periódicos respondían con la misma virulencia que hablaban aquellos que estaban al servicio de los patrones.

Uno de esos periódicos era escrito en Alemán, el Arbeiter Zeitung, que aparecía tres veces a la semana dirigido por August Spies, y otro The Alarm en inglés, dirigido por Albert Persons. Junto a ellos un nutrido grupo de periodistas agitadores y oradores de verbo encendido insuflaban el ímpetu que caracterizaba la lucha. La mayoría de ellos pasaría a la historia como Los Mártires de Chicago: Fielden, Schwab, Fischer, Engel, Lingg, Neebe.

Antes de que estos fueran ahorcados por la policía, sin embargo, se habían producido numerosos enfrentamientos, cada uno de los cuales cobrarían sus víctimas. En uno de esos mítines estalló una bomba de la que se dijo había matado varios policías. Estos, por su parte, disparaban indiscriminadamente contra los huelguistas. Y así pasaron varios días. Los sindicatos, los diarios obreros y los domicilios de los dirigentes fueron allanados, salvajemente golpeados ellos y sus familias, destruidas sus bibliotecas y enseres, encarnecidos. 

Y finalmente, acusados de ser ellos quienes habían confeccionado, transportando hasta la plaza de Haymarket y arrojado la bomba que desencadenó la feroz matanza. Ninguno de los cargos pudo ser probado, pero todo el poder policial y el económico de los patrones canibalescos, su prensa y su justicia, se conjuraron para aplicar una sanción ejemplar a quienes dirigían la agitación por la jornada de ocho horas.

Spies, Persons, Fielden, Fischer, Engel, Schwab, Ling y Neeve pagaron con sus vidas, o la cárcel, el crimen de poner un límite horario a la explotación de su trabajo humano.

A grandes rasgos consultando algunos de los muchos libros que se han escrito sobre los Mártires de Chicago y el Primero de Mayo, ofrecemos este resumen a nuestros lectores, dedicado especialmente a la joven estudiante de periodismo (cuarto año) que me dijo "ignorar absolutamente que es lo que se celebra en esta fecha").

En Nicaragua, la primera celebración del Día Internacional de los Trabajadores tuvo efecto en 1924 y en sus preparativos participaron activamente dos muchachas obreras olvidadas desde hace mucho tiempo: las hermanas Chepita y Herminia Solís, pioneras de la participación de nuestras mujeres en las luchas sociales de Nicaragua.

En su tesis de grado "Movimientos Obreros en Nicaragua/ Datos históricos y Jurisprudencia", publicado en 1947, el doctor Julio Miranda Cortés (QEPD) refiere que fue en 1871 que se incluyó por primera vez en el Derecho Civil nicaragüense los primeros principios relacionados con la actividad "Trabajo", perfeccionado después bajo la Administración del General José Santos Zelaya, (1893) durante cuya administración florecerían asimismo las organizaciones sindicales, que transitarían, desde entonces del mutualismo a conceptos más modernos del derecho de los trabajadores.
  


 
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