POLITICAS
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Lunes 22 de Marzo 1999 

SOMOZA Y DUVALIER
La caída de dos dinastías
VI parte

El diplomático pensó seriamente que ya le había llegado a él y a Honorina el fin de sus días, de una existencia feliz que fructificaba en el amor de un matrimonio ejemplar, en los hijos y los nietos, en la pasión por la literatura y en las vivencias del conocimiento de las culturas de otras partes del mundo, a las que la vida diplomática los tenía habituados. 

"-Pensé que era nuestro último segundo, que era el fin de Managua y de toda esa gente buena que habíamos conocido". 

La fuerza diabólica seguía incansable, furiosa, agitando las casas y sacudiendo a Managua hacia adelante y hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo. 

"-El pueblo de Managua estaba en las calles. Las mujeres, arrodilladas, pedían perdón por todos los pecados del mundo, suplicando al buen Dios que amainara la furia. De momento, el cielo de Managua se iluminó, como si el genio demoníaco del mal celebrara su triunfo con fuego". 

Lo que el sismo había perdonado, lo consumían ahora las llamas. Del fondo de sus ruinas energía el resplandor de los fuegos. 

Para los hombres y mujeres que entonces tenían más de 50 años, aquel momento debió recordarles los horrores que les dejó otro sismo en 1931, menos devastador y mortal que el que acababan de presenciar. 

Nadie atinaba a hacer nada, salvo que a huir. Muchos nicaragüenses, paralizados por el miedo o incapaces de mantener el equilibrio moviéndose entre escombros con la tierra temblándole debajo de sus pies, murieron aprisionados, sin escape. Otros quedaron agonizantes, atrapados para siempre debajo de losas de cemento y varillas, y allí rindieron sus último aliento de vida ante la impotencia de los socorristas. Los que pudieron escapar de la hecatombe no podían creer lo que tenían a la vista. 
Martha y Felipe mucho menos. 

Los siete años de la pequeña Marthita yacían para siempre en el suelo de su habitación aferrados al Santa que el día anterior le había comprado su mami en los almacenes ABC, para que pudiera mimarlo y pedirle cuantos regalos se le antojaran que le podía traer mañana -un mañana que nunca llegó-, cuando toda la familia estuviese reunida alrededor del arbolito para la cena de la Nochebuena. 
Su foto, abrazando a su muñeco, atrapado su cuerpecito entre un trozo de pared que apenas le dejaba ver el torax, recorrió el mundo mostrando una belleza de rostro que ni siquiera inerte parecía haber sido mancillado por la tragedia. Un inspirado periodista, al que le tocó hacer el pie de la fotografía para el diario Novedades, dijo que, en este caso, la catástrofe no pudo matar la ternura, aúnque sí truncar los sueños y las esperanzas de millares de nicaragüenses. Porque la historia de Marthita vino a ser también la historia de muchos niños y de los miles que corrieron su misma triste suerte. 

Los sucesivos temblores que siguieron al primer gran remezón de las 12:32 de la madrugada estremecieron a Managua toda la noche, desatando una furia misteriosa que no cesaba de descargar, aleve, toda su mortífera fuerza contra lo que aún pudiese quedar en pie o con vida. 

Un solo contraste, curioso por demás, que perpetuaría la estampa de una alegría navideña malograda, lo ofrecía la imponente Plaza de la República. Todavía permanecían enhiestos alrededor de ella los grandes árboles de la Navidad que iluminaban de noche millares de bombillitos multicolores y en cuyos entornos paseaban alegres, en las vísperas, los "managüenses" o "managuas" cuando salían de las misas que se oficiaban en la Catedral de enfrente en la espera de las fiestas de la Epifanía. Allí se había planeado, noche a noche, el espíritu festivo con que la ciudad se preparaba para su momento de mayor recogimiento y gozo religioso. 

Los círculos de fuego del infierno de Dante 
Las primeras noticias que el mundo conoció acerca de lo que estaba ocurriendo se difundieron a través de la red de radio-aficionados nicaragüenses y de otras partes que al momento de la tragedia se encontraban conectados en una red o tráfico, charlando entretenidamente sobre sus hobbies, las ocurrencias del día, las novedades que cada cual tenía que comunicar en relación a los nuevos equipos de trasmisión o sobre las bellezas de algún país desde el cual hablaba uno de los interlocutores. 

-"¡Atención!: En estos momentos estamos sitiendo un fuerte temblor, esto es bastante fuerte. Permanezcan en frecuencia". 
 

  
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