POLITICAS
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Lunes 15 de Marzo 1999
SOMOZA Y DUVALIER
La Caída de dos dinastías
I Parte
 

Me inicié en el periodismo hace ya 30 años.

Miguel Franjul

He sido testigo, en todo ese tiempo, de innumerables e interesantes episodios que al momento de ocurrir no parecían que iban a tener profundas repercusiones en la vida de nuestro país o en la de otros países.

Como la sociedad dominicana vivía una etapa convulsa, la mayor parte de esos acontecimientos estaban vinculados al estado de represión y asesinatos que caracterizaba el enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición y, dentro de esta última, de los izquierdistas radicales que querían otra revolución.

América Latina también atravesaba por semejantes experiencias. Se estaba produciendo un tránsito gradual de las dictaduras a las democracias, pero persistían en muchas naciones focos guerrilleros que pretendían crear réplicas del modelo cubano, o movimientos terroristas destinados a poner en jaque a los regímenes que se creían impuestos por los Estados Unidos para limitar la influencia de la revolución cubana en estas tierras.

Me tocó, pues, dar cobertura a muchos de los sucesos que ocurrieron dentro de ese contexto en la República Dominicana. Y también en otros países.

Y como siempre ocurre con nosotros los periodistas, tales acontecimientos nos parecían, en su momento, más noticiosos que históricos. Y talvez en esa dimensión nos acostumbramos a apreciarlos y a esperarlos, día a día, como las cosas más comunes y corrientes.

Es al cabo del tiempo cuando aparecen más claros los puntos de contacto, la relación de causa y efecto entre esos episodios y otros de mayor envergadura que llegan a constituir por su trascendencia y por sus consecuencias los grandes hechos que registra la historia de un país. Los periodistas, al escribir aquellos antecedentes, no siempre se dan cuenta de que, también, han escrito parte de la historia.

Alentado por las sorprendentes relaciones entre varios sucesos que cubrí con otros acontecimientos que parecían ser sus perfectos desenlaces, comencé a mirar retrospectivamente algunos de ellos de los cuales fui testigo y de ese ejercicio han salido los siguientes reportajes, que deseo ofrecer al público con la única pretensión de compartir la fascinante experiencia que ambos encerraron desde el principio hasta el final.

Se trata de una reconstrucción de los reportajes que hice acerca del terremoto que destruyó a Managua, capital de Nicaragua, en la navidad de 1972 y de la frustrada invasión que el exiliado Bernard Sansaricq llevó a cabo para desalojar del poder al presidente vitalicio de Haití, Jean Claude Duvalier, diez años después, en enero de 1982.

Me han servido mucho, para este trabajo, las propias reseñas que publiqué en el Listín Diario y mis columnas de opinión en el periódico HOY en las que frecuentemente examinaba la evolución de los acontecimientos políticos en esos dos países. Lo que he hecho, simplemente, es ordenar el relato de los episodios, agregar datos donde creo que eran imprescindibles y reflejar mi propia visión de los hechos, tal cual estaban expresadas en las columnas de opinión. Y, finalmente, hacer un ejercicio comparativo para llegar a comprender cómo uno y otro acontecimiento impactaron en la vida de esos países, años después de haber ocurrido.

Quiero, con ello, dar una señal alentadora a mis colegas periodistas que hoy cumplen dignamente sus oficios, para que traten en lo posible de llevar el registro más completo de sus propias experiencias, porque al final estas se convierten en elementos que dan las claves de los procesos históricos que influyen en la vida y en los cambios de los pueblos.

Debo confesar que, como no soy literato, sino apenas un redactor de noticias, no tengo la suficiente disciplina de los historiadores ni mucho menos de los escritores profesionales ni el rigor que impone la realización de un libro. Me he conformado con recrear los episodios que presencié para ofrecerlos, más que nada, como un testimonio de trabajo a todos los que son mis colegas o a los que me han dispensado siempre su atención al leer mis artículos.

Como he desarrollado mi carrera casi a la par con la de Ruddy González, hoy director de Ultima Hora, que querido poner bajo su responsabilidad la tarea de escribir el prólogo. El también ha sido testigo de muchos grandes acontecimientos nacionales e internacionales y ha compartido conmigo la cobertura de la mayor parte de ellos. Agradezco que haya tenido la cortesía de complacerme y, además, de abrir generosamente los archivos de su diario para verificar algunas de mis notas y obtener, en préstamo, algunas  fotografías. Igualmente agradezco la cooperación de los ejecutivos del periódico HOY y El Nacional de ¡Ahora¡ al facilitarme fotocopias de trabajos que había perdido de mis archivos.

Tratando de encontrar en un colega joven, de nuestro tiempo, una visión crítica que pudiera ayudarme a adecuar el relato a las inquietudes que pudieran suscitar estos reportajes reconstruidos entre los que no conocieron aquellos episodios, le solicité a Josefina Navarro, mi compañera en el programa de comentarios de la televisión, que leyera los textos y me señalara las lagunas que pudiesen impedir su comprensión. Así lo hizo y se lo agradezco sobremanera, porque con sus observaciones pude completar algunos aspectos que, en el original, a mí me parecían explícitos, y cuya omisión hubiese sido imperdonable.

Naturalmente, falta una gratitud importante: la que le debo a Nancy, por su cooperación al recordar algunos detalles olvidados del viaje a Haiti y su aliento para que escribiera estos reportajesy a mis hijos, que respetaron, sin perturbarme, el tiempo que dedique a escribirlos.
 

El Autor

(Continuará).
 

  
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