PENSANDO EN NICARAGUA
Ignacio Briones Torres  
Lunes 1 de Marzo de 1999
EL PERIODISMO MAS ALLA DEL MITO
 
En su momento, marzo primero de 1964, la instauración oficial como Ley de la República del Día Nacional del Periodista, estuvo sustentada básicamente en el periodismo escrito, sustentación que rápidamente se superó considerando que ya para aquellas fechas se había desarrollado un impresionante periodismo radial más cuantitativo que cualitativo, dicho sea de paso. Si se lee el Decreto creador puede constatarse que en su redacción no se excluyen los colegas laborando en los medios electrónicos y con el paso del tiempo, han transcurrido 35 años desde entonces, la efemérides ha venido a convertirse en la única celebración que une a todo el gremio, aunque con la diversidad de organizaciones que han venido surgiendo, cada una se lance a conmemorarla por separado.

¿Este divisionismo significa que entre los periodistas nicaragüenses no existen afinidades comunes, ni reivindicaciones que atañan por igual a todos, ni responsabilidades sociales y objetivos de interés general que les permitan una unidad real? Por encima del criterio personal que nosotros podamos tener, la respuesta corresponde darla ahora a quienes tienen a su cargo la dirección de las respectivas asociaciones, cuatro en total a saber: UPN, APN, SNP Y APP o dicho con nombres propios Juan Alberto Henríquez, Guillermo Morales, Sergio Espinoza y Mario Mejía.

Pienso que la opinión pública merece que cada uno de ellos le explique por qué en lugar de trabajar unidos, lo hacen separadamente. 

Estos colegas son los que tienen la palabra y estoy seguro que aquí en la BOLSA serían acogidos y publicados sin restricción alguna sus puntos de vista. Asumo que tienen la obligación de hacerlo, de lo contrario los lectores, oyentes y televidentes tienen derecho a pensar -!y ojalá lo hagan!- que entre los informadores o comunicadores sociales, privan más otros intereses más profundos que los que a unos y otros impone la profesión en sí misma. Dicho de otra manera que el profesionalismo se supedita, de forma o se adapta, se manipula sería mejor decir, al deber supremo de informar con veracidad, objetividad, imparcialidad y oportunidad. ¿Cuáles podrían ser esos intereses que se colocan por encima de la responsabilidad profesional? Repito los colegas dirigentes tienen la palabra. Su silencio sería nefasto para la credibilidad gremial y profesional de ellos como personas y de la comunicación social en general.

Me estoy refiriendo a los colegas que ganan el sustento propio y el de sus familias por el único expediente de su fuerza de trabajo, pues en nuestra opinión otros -diferentes a los de los asalariados- son los intereses de los empresarios de la comunicación, los cuales seguramente tienen sus particulares concepciones del negocio, además de sus personales intereses.
II
No es de fecha reciente la necesidad de establecer las diferencias que la propia división del trabajo (y hasta el desarrollo de la sociedad capitalista) han impuesto entre los dueños de las empresas y sus subalternos asalariados. En el caso nicaragüense estas diferencias vendrían a ahondarse allá por los años 50, cuando la industria radial -o los industriales de la misma- establecieron sus plantas transmisoras con un estricto sentido comercial. 

Ninguno, creo que con la sola excepción de Radio Corporación, montó sus espacios noticiosos como parte de la empresa, sino que se dedicaron  a vender espacios a los pobres colegas que de esta manera pasaron a convertirse en clientes de la planta y micro-empresarios carentes de capitales del periodismo. Nuestra sociedad debe saber que hoy por hoy no existe en el país un gremio mas mal pagado que los periodistas. En muchos casos tienen que gestionar anuncios para pagarse sus ingresos. O sea que los periodistas nicaragüenses son los únicos trabajadores de este país que "pagan" por el trabajo que desempeñan. Y este es uno de los muchos vicios en que se desempeña obligadamente la profesión.

Por otra parte -aprovechando el júbilo que siempre nos trae nuestro Día- quisiera referirme a algo inaudito que se ha establecido como norma en el país. En periodismo -existe otros- un principio irrenunciable: la obligación que tiene un medio de cumplir el derecho de réplica. O sea que cuando un ciudadano se sienta o sea afectado de por una información pleno derecho tiene a usar la réplica, así como el medio tiene la obligación de publicarla, con los mismos caracteres y en el mismo lugar en que se publicó la noticia que afectó al ciudadano. Pues por si alguién no lo sabe, en la mayoría de nuestra prensa, ese derecho de réplica no se cumple y más bien se "vende" el espacio al rectificante, lo que significa no solo una aberración sino un chantaje. Por esta vía -consciente o inconscientemente- se afecta la reputación de alguien, pero para que éste "se defienda" se le cobra lo que constituye un vulgar negocio por no decir un chantaje aunque la expresión resulte dura.

Esta práctica se aplica con mayor asuidad a los organismos estatales o a funcionarios públicos, aunque de la misma no escapan empresas correspondientes al sector privado o sociedad civil como se acostumbra decirle ahora.

El periodismo ideal está pasando a la categoría de mito. El real es una industria. Y el tema lógicamente no se agota con lo poco que decimos aquí.

No obstante habrá que insistir en él, pues la reconstrucción y transformación que Nicaragua está demandando de cara al nuevo milenio y como un correctivo al mar de vicios que hemos vivido y sufrido en el pasado solo es posible superar con un periodismo verdaderamente patriótico, responsable y dispuesto a asumir las responsabilidades que le dieron origen.


 
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