Viernes 26 de Febrero 1999 Desafortunadamente, los demagogos profesionales obtienen resultados inmerecidos en materia de clientela electoral, porque saben usar y abusar de las medias verdades y de las expresiones violentas a veces ingeniosas pero siempre destructivas. Y son destructivas no solo contra la persona, grupo o partido atacado, sino también contra la sociedad en general, a la cual, en cierto modo y muchas veces en forma muy significativa, se le envenena y se le frustra. Con el cuento de "reivindicaciones sociales" muchos demagogos le amargan la vida a muchas gente sin ofrecer ninguna fórmula positiva para solucionar el problema que se plantea, muchas veces exageradamente. Lanzan una acusación, incurren en una exigencia desproporcionada, debilitando cualquier propósito sano para mejorar las condiciones de vida de los pueblos. El engaño sistemático y la palabra apasionadamente encendida, con cierta sonoridad, aunque no tenga mucho sentido, alientan falsas esperanzas en algunos sectores del electorado, muchas veces en sectores mayoritarios, sin que esas esperanzas puedan ser convertidas en realidades ni siquiera cuando el demagogo alcanza el poder. Cuando el demagogo llega a asumir grandes responsabilidades en la administración pública, fracasa con respecto a todo lo que dijo en las campañas políticas, porque lo que prometió era incumplido aún cuando proclamaba su tesis con una gran vehemencia y ofrecía la imagen de una gran rectitud de conciencia y de un conocimiento supuestamente profundo acerca de lo que fue su tesis política, social y económica. Para protegerse de los efectos
negativos y perniciosos de los demagogos, es preciso una adecuada formación
cívica y politicamente doctrinaria, para que cada ciudadano --en
la medida de lo posible según sus circunstancias-- pueda analizar
cuidadosamente lo que dicen y proponen los políticos.
Si la actividad política
en sus más altas expresiones no se rodea de sensatez y de prestigio
moral, puede llegar a destruír las esencias de una sociedad que
quiere ser próspera, libre y civilizada.
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