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Al iniciarse la próxima semana los comunicadores colectivos estaremos celebrando el Primero de Marzo, día que en un gesto histórico y justiciero el gobierno del doctor René Schick Gutiérrez consagró al Periodismo Nacional. Ese hombre noble y probo,
con quien tuvimos el honor de trabajar, reconoció y elevó
a la categoría de Ley, el rol que los periodistas nicaragüense
juegan en el devenir y desarrollo de su propia Patria, que al igual que
otros muchos la deseamos cada día más grande, más
digna y más civilizada.
EL DIARIO DE NICARAGUA
Esta será la tarea del "Diario". Dispuesto a servir de órgano a toda idea honrada, por su medio podrán discutirse todos los grandes intereses sociales: de este modo, en todo asunto, será fácil depurar la verdad de los errores que la envuelvan y presentar al criterio público ideas claras sobre los asuntos que se discuten: de este modo logrará formarse verdadera opinión sobre todos los negocios que conciernen a la generalidad; y es bien sabido que en un país regido por instituciones libres, la opinión pública, siendo la expresión de la voluntad popular, ejerce la verdadera soberanía. Nada es, pues, tan natural como que esta soberanía tenga un órgano autorizado, un órgano digno, decoroso, enérgico cual cumple a los sagrados intereses que representa. Aspiramos a que nuestra publicación sea ese órgano, contando con que el pueblo nicaragüense, conocedor de sus verdaderos intereses, le brindará su apoyo. A pesar de que estamos acostumbrados a observar la oposición sistemática que se hace a todo lo nuevo, sea por un espíritu de rutina, sea por el carácter de personalidad de que se revisten los asuntos más impersonales, hemos visto con pena la guerra embozada o franca que se ha venido haciendo a la fundación del "Diario de Nicaragua"; desde que por primera vez sometimos la idea a la discusión pública. Consideramos hasta natural la oposición que hemos encontrado en muchos, nacida de la falta de fe en el buen éxito por la insuficiencia de nuestras fuerzas intelectuales, de los elementos tipográficos del país, de nuestro movimiento industrial y científico, y de la instrucción popular, que es indispensable para que haya el número suficiente de lectores que deben mantenerla y ensancharla; pero no nos explicamos la tendencia de algunos a impedir que se establezca en el país un adelanto que debe servir de estímulo y de apoyo a otros muchos, y ser por lo mismo uno de sus principales elementos de la prosperidad. A los primeros nos prometemos contestar satisfactoriamente con el hecho, esperando que en el curso de esta publicación se convencerán de que las fuerzas intelectuales se aumentan y desarrollan como las físicas, por la asimilación de otras fuerzas que sin el estímulo del "Diario" permanecerían inactivas, por otra parte, siendo el "Diario" vehículo de todos los nuevos conocimientos, de todas las necesidades públicas y de toda justa aspiración, despertará en el pueblo la curiosidad por saber lo que pasa en torno suyo, le ofrecerá un aliciente para que se consagre en la lectura, ocupación que producirá en las masas, como sucede en todos los países donde hay actividad en la prensa, un hábito, una segunda naturaleza, una necesidad imprescindible, que le será preciso satisfacer como cualquier otra de las imperiosas necesidades de la vida. A los segundos, les diremos que no es razonable su oposición, por sólo suponer que la empresa servirá a intereses que le son contrarios. Teniendo en mira el "Diario" impulsar en todo sentido la mejora del país, su deber es apoyarlo y contribuir a que llene sus importantes fines; puesto que, en la promoción de los intereses generales, encontrará cada cual impulsando el suyo propio. No hace mucho tiempo apareció en la ciudad de León una hoja excitando a aquel culto vecindario a que niegue su apoyo a esta publicación, bajo el especioso pretexto de que la proclamación de nuestro credo republicano, envuelve la idea de atacar las creencias religiosas del país. Sentimos que para sostener un error político, cual es impedir la difusión de la luz en las masas populares, se traiga a la candente arena de la discusión política lo que hay de más caro y respetable para un pueblo, su religión. El autor del escrito a que nos referimos sabe muy bien que el objeto del "Diario" es promover los intereses temporales de la nación, y que si alguna vez llegase a terciar en una controversia político-religiosa, sería precisamente para secundar las legítimas aspiraciones del país cuyos intereses se propone defender. Pero el escritor católico no tuvo la constancia necesaria para representar hasta el fin su papel religioso, y declara enfáticamente que debe hacérsele la guerra porque será órgano de los intereses de la agrupación política, que se complace en llamar con la denominación de Cacho. El "Diario" no será
órgano ciego de las aspiraciones mezquinas de ningún círculo:
será el centinela avanzado de los intereses del país, los
que defenderá contra toda tendencia a defraudarlos, cualquiera que
sea la fuente de donde proceda. Así es que con gusto dará
cabida en sus columnas a todas las opiniones honradas, aún cuando,
en concepto de la redacción, sean erróneas, con tal que lleven
un fin honesto o patriótico; hará justicia a todos los hombres
que hagan el bien y cumplan con sus deberes públicos, cualquiera
que sea el credo político que profesen, pues la mira principal de
esta publicación es hacer que concurran todas las inteligencias,
y todos los esfuerzos al bien común."
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