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Viernes 18 de Febrero 1999 Escuché que el Cardenal pedía tanto al presidente Arnoldo Alemán, como al Contralor Agustín Jarquín, que encontraran la forma de entenderse para que el país no luzca como luce: una nación tercermundista sofocada por el afán de lucro, con tremendo odio entre dirigentes y con estos enfrascados en pleitos callejeros sin el menor ápice de interés por el progreso del pueblo. Al Cardenal, al igual que al resto de compatriotas, le interesaría mostrar una Nicaragua unida ante la tragedia del Mitch, una Nicaragua interesada en avanzar, lograr la alegría de sus habitantes. Una nación en la cual lo más importante fuera el bienestar del nicaragüense. Pero tanto al Cardenal, como a mis compatriotas y como a mí, no nos hacen caso. Sobre todo el Presidente que recibió el voto de muchas personas que confiaban en él y en su capacidad de discernimiento. En una ocasión en momentos de la campaña, le pregunté a Alemán si él iba a tener, al igual que doña Violeta, una Presidencia para Todos los Nicaragüenses. Me dijo que sí y me quedé con la ilusión de que cumpliera. Porque, aunque yo no voté por Alemán, ahora es el Presidente de mi país y quiero que gobierne lo mejor posible para todos nosotros. !Es que estamos en sus manos! El estar en las manos de alguien significa que le hemos dado nuestro poder, la rienda de nuestro destino. A Alemán los nicaragüenses le entregaron con su voto, la herencia de nuestros descendientes, la alegría de nuestros hijos y nietos. Le entregaron no sólo lo de ellos, sus votantes. Le entregaron también lo mío, lo nuestro. Le entregaron el futuro del país, que es de todos. Esta confianza otorgada a Alemán por el pueblo de Nicaragua, merece respeto. Siempre pienso que Alemán
no tiene buenos asesores, si es cierto, como algunos dicen
que “es un buen muchacho de
gran corazón”. Si esto fuera así, es momento que recuerde
esa imagen dejada en la mente
de algunos de sus amigos de antes. Alemán tiene que
responder a esa confianza que
personas valiosas depositaron en él. Y
ni siquiera me estoy refiriendo a la historia del “capellán que
vende cera y no tiene colmenar,
o la saca de la oreja o la saca del altar”. Me estoy refiriendo simple
y
Por eso es que me entristece
que el presidente Alemán no entienda que el ser Presidente
conlleva la hermosa obligación
de entendernos, de buscar lo mejor para nosotros. No me gusta
darme cuenta que el Presidente de mi país no aprecia la delicada
misión que tiene en sus
manos. Porque claro que él sabe del poder que puede desplegar, pero
pareciera que trata de olvidar
las obligaciones que tiene con nosotros. Leía
hace unos años la importancia que tiene el vivir como uno quiere
que lo recuerden
Sergio Martínez no era pediatra, ni neurólogo, pero era a la primera persona que llamaba yo cuando Ximena Matamoros, mi hija, tenía sus ataques de migraña. No importando la hora que fuera, Sergio Martínez corría a auxiliarnos. Como siempre lo hizo con el poeta en sus crisis etílicas, o con un baleado que cayó del techo, o con un amigo que estaba indigesto, o con la amiga que estaba deprimida, o con la anciana cardíaca que sólo creía en él. A todos, Sergio nos cumplió. Pienso que es sumamente importante
que Sergio nos cumpliera a todos, porque todos tenemos
el recuerdo vivo de un hombre positivo, de un hombre que entregó
afecto, interés,
buen humor, alegría, inteligencia, compasión.
Es verdaderamente difícil
haber sido como fue Sergio Martínez. Porque a la par que
nos dio tanto a todos los que
lo rodeábamos, también nos dio lo mejor que estuvo a su
Cuando he tenido la suerte de haber visto años tras años a un cardiólogo que salía antes de las siete de la mañana para atender con interés a sus pacientes; cuando también recuerdo sus bromas con sus hijas, “las conchuditas”, o con Ivania, su “bola de hierro” que lo ubicaba en su lugar, muy serenamente; cuando tengo ante mí la transcendencia de la muerte, pesada, dura, raja-tabla, logro sopesar su ejemplo. El Conchudo Martínez, Sergio, nos deja ese legado de interés en nosotros, de afecto por nosotros, de alegría con nosotros. Un buen ejemplo de ciudadano, un buen ejemplo de humanista, un extraordinario vecino. Eso quisiera que nos diera el Presidente Alemán. Yo quisiera que Alemán
nos diera el ejemplo de ser El Mejor Ciudadano de Nicaragua,
quisiera que Alemán se
ocupara de nosotros los compatriotas suyos; quisiera que nos
respondiera con afecto, con
interés. Y si el doctor Sergio Martínez gozó la vida
y nos dió lo mejor de sí, sin que nosotros le diéramos
tanto, ¿por qué Alemán no intenta retribuír
en algo ese voto, esa llave del poder que los ciudadanos le dieron? ¿Por
qué Alemán no recuerda que prometió hacer una Presidencia
para Todos los Nicaragüenses? Presidente Alemán: Es agradable
ser importante, pero es más importante ser agradable. Deje ese odio
con los periodistas, con el Contralor. Ame para ser amado.
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