COMENTARIOS DE LA HISTORIA
Por Cecilia Ruiz de Ríos
  Esta página se actualiza después que los suscriptores reciben su ejemplar
 

Viernes 12 de Febrero 1999

LOS AMORES MAS CONTRARIADOS DE LA HISTORIA
II entrega 

Cuando hice el cuento "La Hembra de Techulca", la protagonista afirma que el "matrimonio es un cheque a dos firmas que la transacción bancaria de la vida se encarga de declarar como sin fondo." Me gané las más agrias críticas, y aunque muchos matrimonios bien llevados echan por tierra esta frase, otras parejas a lo largo de la historia se han encargado de hacernos pensar que la relación amorosa solo produce jaqueca.

Uno de los hombres más desdichados en el amor fue el gran líder indígena norteamericano Caballo Loco. Siendo muy joven y ya dotado de su liderazgo, se enamoró de una mujer que acabó casándose con otro. Una vez matrimoniada, la mujer huyó con Caballo Loco abandonando a su esposo y este escándalo ocasionó que la imagen del líder indio sufriera grandes daños. Caballo Loco acabó librándose de su adorado tormento para casarse con otra señora, pero la sal siguió cayendo sobre él, y la hija que tuvo con su legítima esposa falleció cuando apenas contaba con 2 años.

En nuestro siglo, la historia de amor de la dulce morena italiana Clara Petacci con el aborrecido dictador Benito Mussolini ha sido ilustración de las nefastas consecuencias que puede tener para una joven el enamorarse de un hombre comprometido. Il Duce, un megalómano piojoso e imbañable que padecía de sífilis y delirio de persecusión, fue el objeto de amor de toda una vida para Clara, quien desde adolescente soñaba con él. Siendo Mussolini casado con la celosísima Rachele, Clara optó por casarse con el pretendiente insistente que ella tenía, pero el matrimonio resultó ser un fiasco. Ya libre de la presión de su familia, Clara se dedicó a seducir a Mussolini y vaya si lo logró. Al poco tiempo era su querida oficial y cuando Rachele se dio cuenta, fue a buscarla para pelear y gritarle que algún día iba a ir a parar a la Piazale Loretto, el refugio de las viejas y achacosas meretrices romanas. Clara no existía si no era en función de brindar amor a Mussolini. En una ocasión quedó encinta, pero el embarazo acabó mal y Clara casi se muere desangrada. 

Curiosamente, la amenaza de Rachele Mussolini se vio cumplida cuando Clara Petacci y su adorado fascista fueron en efecto a parar a la plaza en cuestión, una vez que los partisanos ajusticiaron al dictador. Clara pudo haber seguido viva, pero escogió morir fusilada con su hombre. Cuando soltaron las balas contra Mussolini un 28 de abril de 1945, ella se atravesó para protegerlo con su cuerpo. Los cadáveres del Duce y Clara fueron llevados por el populacho iracundo hacia la Piazale Loretto, donde mujeres enfurecidas se orinaban encima de ellos y hombres cegados por la ira les pateaban sin piedad. Los cadáveres de estos dos amantes fueron colgados patas arriba, pero las cartas que se cruzaron entre el dictador italiano y su joven querida hasta la vez inspiran a muchos amantes por su ternura, sinceridad y pasión. 

María Curie era una chelota aseada, sesuda como ella sola y muy buena mujer, pero ni su santa madre podría afirmar que era bella. Sin embargo logró desatar pasiones más que químicas en el científico francés Pedro Curie, quien la asedió con cartas para que accediera a ser su esposa. Como ama de casa, madre y compañera de trabajo, María fue la felicidad hecha a la medida de Pedro, y compartieron el Premio Nóbel. Sin embargo, la felicidad de estos científicos se vio truncada cuando Pedro murió atropellado, dejando a María sola con dos hijas que criar (una de ellas, Irene, estaba destinada a ganarse su propio Nóbel en compañía de su esposo de apellido Joliot). Pues un ex compañero de trabajo de Pedro Curie, el judío francés Paul Langevin, fue el hombre que volvió a encender la pasión explosiva de la erudita polaca. 

El pelo en la sopa era que Paul ya estaba casado y con hijos, pero eso no impidió que vivieran un affaire au trés pétit sérieux que acabó en escándalo cuando un periodista publicó los pormenores del asunto en Le Journal en 1911. Paul había abandonado a su mujer y cuatro hijos para alquilar un apartamento a diez minutos del laboratorio de María. La enfurecida esposa de Paul consiguió trozos de cartas de los amantes para exigir pensión y separación, y María se sintió tan sucia que no quiso seguir en su relación con su joven amante. María sentía que como viuda ensució el apellido de su difunto esposo y desde entonces fue hosca y seca en sus relaciones con los machos de la especie.

Uno de los hombres más desdichados en el amor fue sin duda el rey español Alfonso XII, hijo de Isabel II de Borbón y su amariconado marido. Alfonso XII era un hombre bello, agradable y muy inteligente cuando se prendó de Mademoiselle de Montpensier, Duquesa María Mercedes de Orléans. A pesar de que la mayor parte de los monarcas no se casan por amor sino por intereses políticos, Alfonso insistió en pedir la mano de la preciosa francesita y ese gesto enterneció a sus súbditos. El 23 de enero de 1878, Alfonso XII y María Mercedes de Orléans contraen matrimonio rebosantes de felicidad, pero esta dicha habría de ser breve pues resulta que la linda francesa está enferma de tisis. Un 18 de junio, poco menos de 6 meses después de haberse casado, María Mercedes sufre un ataque en el cual casi vomita los pulmones. Un 24 de junio cumplió en su lecho de enferma sus 18 años y 2 días después, expira mientras Alfonso XII llora dando aullidos como de lobo mal tirado. 

La tierna reina fue enterrada en el Panteón de Infantes de El Escorial, y la tristeza de Alfonso XII fue tan grande que se hicieron las célebres coplas que rezan, "Dónde vas, Alfonso XII, dónde vas, triste de tí, Voy en busca de Mercedes que ayer tarde no la vi." Alfonso XII después de mucho llanto y recuerdos imborrables, volverá a sus lides de hombre con una cantatriz llamada Elena Sanz (quien habría de darle varios bastardos) y posteriormente se casará para engendrar al desdichado Alfonso XIII con la archiduquesa austríaca Ma. Cristina de Habsburgo-Lorena. Por su parte su hijo Alfonso XIII protagonizará una triste historia de amor con Victoria Eugenia de Battenberg (la nieta de la reina Victoria quien introdujo la hemofilia a los genes de los Borbones y que por eso se vería repudiada por su marido). Pero poco antes de morir, el pobre Alfonso XII habrá de confesar entre tragos de jerez a un criado de confianza que "como a Merchita, jamás yo amé."
 

  
 VOLVER AL INICIO
 
EDICIONES ANTERIORES

 ]Bolsa Médica] [Suscríbase]
[Bolsa de Mujeres] [Grupoese[Mantenimiento]
1999. Derechos Reservados GRUPOESE
Directora General: Licenciada  María Elsa Suárez García
Sitio web a cargo de Paúl Suárez García
SUSCRIBASE A BOLSA DE NOTICIAS
Colonia Centroamérica L#852, Managua, Nicaragua.
Fax: (00 - 505) - 2-77-49-31
Teléfono: (00-505) - 2-70-05-46
Apartado Postal: Vf-90, Managua.