A MI MANERA 
Angela Saballos
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Viernes 12 de Febrero 1999 


El viernes 5 de febrero hubo una cita en el Olof Palme. Fuimos algunos que aún tenemos algún tipo de esperanza en la viabilidad de la Transparencia y la Integridad en Nicaragua. Pero mucha otra gente se quedó en sus trabajos y en sus casas. De los discursos del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo, del  Presidente y Vicepresidente, los ministros de Educación y Cooperación Externa, del presidente de la Asamblea Nacional, el de la Corte Suprema de Justicia, Contralor, representante de los Medios, y la iniciativa privada, llamó la atención éste último dictado por Lucía Salvo.  

Quizás porque los otros discursos ya se conocen, o porque Lucía fue directa, el caso es que interesó Lucía Salvo. Su posición tuvo aristas de importancia para aquellos que deseamos un cambio en la administración. Esta debe ser transparente e íntegra. Mientras tanto, me llamó la atención en todo momento que poco conocía a la gente que había llegado al evento. Estaban los miembros de otras organizaciones no gubernamentales interesadas en la transparencia, en la integridad, los colegas periodistas, ministros, diplomáticos, representantes de bancos, la mesa directiva, el equipo de  
Transparencia e Integridad, jefeado por Haydecita Acosta.   

En las comisiones para el debate supe que las caras que no conocía correspondían a doscientos maestros invitados por  el ministro Alvarado para concurrir al Olof y personarse en las distintas comisiones formadas para realizar las recomendaciones. No quiero decir que en alguna manera los maestros fueron inconvenientes, al contrario, entiendo que fueron interesantes sus preocupaciaones, pero el caso es que en la Comisión de Medios ví a los periodistas Lilí Soto, Roberto Sánchez, María Elena Artola -que por cierto fue ovacionada por la audiencia cuando al leer las puntuales conclusiones del grupo sobre medios de difusión, brindó la nota humana al mencionar el terrible caso de la madre  
matagalpina que por pobreza se suicidó tras asesinar a sus hijitos -otro más tomando notas, y allí nos detenemos. 

Regreso a este tema a pesar de que escribo una semana después, porque a pesar que parece que escribimos sobre papel mojado, es importante debatir sobre el mismo. Es necesario concientizarnos de la Transparencia y de la Integridad que deben existir en las diferentes instituciones estatales. Es importante que nosotros como ciudadanos nos comportemos como queremos que se comporten con nosotros: Integridad y  Transparencia. 

Si decíamos que la reunión del Vicepresidente en el Olof Palme era para reunir a la sociedad civil y escucharla; si los representantes solicitaron que todas sus propuestas no se echaran en saco roto; si sus propuestas eran un alarido de atención para que todos coincidamos en un esfuerzo de gobernabilidad, es necesario buscar ejemplos donde esto se ha logrado. Es necesario ponerse a trabajar en serio. 

Podría mencionar al Instituto de Cultura como ejemplo. Yo admiro como inteligente la política del Instituto de Cultura. Pienso que es un buen ejemplo de funcionalidad, de racionalismo, de patriotismo. 
Resulta que el licenciado Clemente Guido ha sido capaz de llamar a los dos anteriores ministros de Cultura, Ernesto Cardenal y Gladys Ramírez de Espinoza, para conversar con ellos sobre diferentes tópicos de interés mutuo. Están hablando del patrimonio nacional, están hablando de la cultura del país. 

Las obras iniciadas por Ernesto Cardenal y cuyo financiamiento logró a partir de ser él mismo, fueron continuadas por Doña Gladys en el gobierno de Doña Violeta y por el licenciado Guido en el Gobierno de Alemán.  Ninguno de los ministros ha destruído un proyecto sólo porque el titular anterior lo había empezado.  Al contrario, trabajos como el de la restauración del Convento de San Francisco en Granada, siguen recibiendo financiamiento exterior con la vigilancia del Ministro actual. 

Logros inmensos como la colección de artes plásticas donada por lo mejor de los artistas 
latinoamericanos al proyecto del Museo de Arte Latinoamericano de Nicaragua concebido por el Padre Cardenal, es alojada temporalmente por el Instituto de Cultura en el hermoso Palacio Nacional. Este fue restaurado cuando Doña Gladys. 

La valiosa colección, dañada en parte por falta de un espacio adecuado para colgarse, es realmente uno de los patrimonios culturales más importantes que tiene Nicaragua. Carmen Waugh, chilena, directora de Museos en América del Sur y en Europa, fue la encargada de  compilar este extraordinario conjunto de piezas -más de 500-, de un incalculable valor artístico y económico. Carmen es amiga personal de los más afamados artistas en el mundo. Para Carmen Waugh fue fundamental ver esta semana que los cuadros y esculturas están recibiendo el cuido del Instituto de Cultura.  Para ella es una responsabilidad nacional de Nicaragua y de ella misma con los artistas donantes, que éstos sepan que las obras que regalaron están alistándose para ser exhibidas perennemente por el Gobierno de Nicaragua. El pueblo tiene derecho a ver que tiene y obligación de vigilar su patrimonio cultural, el regalo que le dieron los artistas del mundo. 

Pero el Museo de Arte Latinoamericano aún no tiene un sitio propio. Y las paredes del Convento de San Francisco en Granada, están libres. ¿Por qué no colgarlas en esa joya histórica, también patrimonio nacional? Esto preguntaba Doña Gladys Ramírez. La respuesta actual está en manos del licenciado Clemente Guido.  Mientras tanto, ¿por qué no tratar de imitar este esfuerzo de comprensión del Instituto de Cultura entre exministros?  Me parece que éste es un inicio interesante de imitar. 
  
 

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