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Lunes 8 de Febrero de 1999 Una de las familias reales más dotadas para las artes fue la de los gobernantes de la antigua Aquitania. Guillermo, XI Conde de Aquitania, se registra en la historia como un hombre dulce, alegre, mujeriego y muy inspirado en sus cantos. Fue el primer trovador francés cuyas obras quedaran plasmadas en papel, y hasta la vez muchos galos enamoran a sus chicas con cantos amorosos y madrigales líricos de este guapo aunque regordete señor medieval. Y como la descendencia del tigre siempre sale rayada, la nieta de Guillermo desde chica exhibió una voz de alondra: Leonor de Aquitania, exquisita y sensual mujer que primero fue reina de Francia al casarse con Luis VII y luego reina de Inglaterra al desposar a Enrique II de Plantagenet. Hábil costurera, aceptable bordadora, buena pintora y gran ejecutante de varios instrumentos de cuerda, dejó varias obras escritas para voz y varios instrumentos. Sus poesías aún son recordadas por muchos, y es de ella aquella que reza, "Ay si mi cabeza no te recuerda, de memoria hicieron mis sentidos porque en ellos sí eres inolvidable". La hermosa Leonor además fue buenísima mecenas que protegió a artistas, trovadores y filósofos. Uno de los reyes más notables en las lides musicales indudablemente fue Alfonso X, rey de España que nació del matrimonio entre Fernando III y Beatriz de Suabia en 1221. Su obra musical se conserva en las famosísimas Cantigas en Loor de Sancta María, y favoreció con sus gestiones de mecenas a muchos artistas, actores, cantores y pintores. Muerto en 1282, Alfonso el Sabio aún está presente en los repertorios de los coros más prestigiosos del mundo. Pero el monarca que se las sabía todas a la hora de sacar un sonido transparente de su flauta traversa o componer marchas, sonatas y otras piezas, fue el multifacético Federico II de Prusia. Muchas obras suyas hasta la vez forman parte del gran rpertorio de la música de cámara más gustada. Enrique VIII, glotón, rubicundo y libidinoso, fue otro monarca que tuvo intenso affaire con el pentagrama. Desde chico, sus padres le pagaron tutores que le enseñaran a tañer el virginal, la mandolina y varios otros instrumentos. Cuando estaba recién casado con su primera esposa, Catalina de Aragón, Enrique le dedicó varias sonatas y libros de canciones de la más tierna inspiración. Todo este talento indudablemente fue heredado por la pelirroja y pragmática Isabel I de Inglaterra, quien como digna hija suya era una maravilla ante el teclado, cantaba con una voz de contraalto muy bella y protegió a muchos músicos. Entre los turcos, figuran varios sultanes que además de excelentes gobernantes eran estupendos poetas, artistas y hasta músicos. Del valiente y diplomático Saladino, el azote de los Cruzados en la Edad Media, se conservan no solo recetas de cocina sino también poesías y letras de canciones de su fértil e imaginativa pluma. Y ya entrando en la Casa de Osman, el linaje que forjó el Imperio Otomano-Bayaceto II dejó tras de sí varias colecciones de poemas de amor, y de su nieto Solimán el Magnífico se cuenta que cantaba con una voz ronca y melodiosa que deleitaba a todos. Entre los Césares de Roma, indudablemente que el muchas veces vilipendiado Nerón se lleva las palmas como actor y músico. Ejecutaba el laúd con cierta destreza, su voz era agradable y gozaba de una pasión galopante por el teatro. Lo malo es que como tirano de la Ciudad Eterna, no le reconocía mérito a nadie más y lograba ganar hasta certámenes en los cuales jamás se había inscrito. Como artista culinario, a él le debemos los primeros sorbetes, logrados cuando enviaba a veloces atletas a traer nieves de las montañas y luego en su cocina las aliñaba con miel y frutas. Entre los gobernantes y reyes de otras culturas, el hermosísimo unificador Zulú Shaka se destaca como ingenioso poeta, fabuloso humorista y gran compositor de música vernácula. El Gran Elefante Shaka Zulu (ése era su título nobiliario completo) pasó fascinado toda una semana con un violín que le regalaron unos ingleses, y logró llegar a ejecutar algunas piezas en él sin saber un ápice de solfeo. Las canciones que sobreviven escritas de su inspiración llegaron a nuestros días gracias a uno de los colonizadores ingleses que las anotaron mientras el bello negro cantaba inspirado. Toro Sentado, máximo símbolo de la resistencia de los indios Sioux en contra del glotón hombre blanco, fue otro gran líder indígena que se destacó como bailarín y compositor de lindas canciones. Después de derrotar al sanguinario George Armstrong Custer en la Batalla de Little Big Horn en 1876, se fue huyendo al Canadá pero una vez que se rindió ante las autoridades gringas, decidió dedicarle tiempo al arte y el show business, integrándose al Wild West Show de Buffalo Bill en calidad de cantante y danzarín. Fue asesinado por los norteamericanos en 1890. Otro mandatario que fue gran artista fue Luis II de Baviera, apodado el Loco Luis. Este homosexual y guapo rey alemán del siglo XIX no solo protegió a grandes artistas como Ricardo Wagner (quien fue su amante) sino que le gustaba actuar y ejecutar el piano y el violín. Margarita de Navarra, hermana del rey galo Francisco I, fue una brillante y exquisita mujer que nos legó una serie de escritos llamados Heptamerón, y muchos opinan que están a la altura del Decamerón de Bocacccio. Margot de Valois, hija menor del rey galo Enrique II y primera esposa del rey Enrique IV, fue otra mujer que cantaba como jilguero y escribió encendidos poemas de amor pasional. Luis XIV por su parte compuso
algunos números de ballet y fue estupendo actor cómico, llegando
a ser elogiado en sus lides teatrales por su mismo protegido, Moliére.
Felipe de Orléans, quien estuvo de regente tras la muerte del Rey
Sol para mientras Luis XV agarraba las riendas del poder, pintaba muy bien,
cantaba como tenor y hasta compuso varias óperas que hasta la vez
se ejecutan a menudo. La reina María de Rumanía también
fue destacada escritora bajo el seudónimo de Carmen Sylva, Sissy
Emperatriz escribía sonetos y entre nuestros mandatarios contemporáneos,
nadie olvida al erudito Sir Winston Churchill escribiendo y pintando, a
Jan Ignaz Paderewski dejando el teclado por la política y hasta
el rubio Ataturk escribiendo sonetos eróticos.
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